jueves, 18 de abril de 2019
lunes, 25 de marzo de 2019
65 AÑOS DEL HUNDIMIENTO DEL DRAGAMINAS 'GUADALETE'
Ocurrió el 25 de marzo de
1954. Los ceutíes, que aún recordaba la tragedia registrada cinco años antes
con el hundimiento de tres pesqueros que se saldó con 64 víctimas mortales,
volvían a conmocionarse con un nuevo episodio en el que la bravura del mar provocaba
que Ceuta volviese a teñirse de luto. El dragaminas ‘Guadelete’ se hundía en el Estrecho de Gibraltar (a 19 millas del puerto de Ceuta y 30 al sur de Marbella). En esta ocasión, el enfurecido mar acababa
con la vida de 34 de los 78 marineros que componían la tripulación. Sólo se pudieron rescatar 12 cuerpos. Hubo 44 supervivientes. Pese al temporal, el
buque –impulsado a vapor- zarpó del puerto ceutí, donde tenía su base, rumbo a
Melilla. Entre sus escalas figuraban Larache o las islas Chafarinas, destinos
que formaban parte de las labores de supervisión. Una travesía de 120 millas,
que nunca llegó a cubrir. Eran tareas rutinarias. Por eso, pocos entendieron
que el dragaminas de la Armada se arriesgase a navegar en las condiciones en
las que se encontraba el mar. El naufragio se produjo poco después de las seis
de la tarde. 20 horas después de partir del puerto ceutí. El hundimiento del
‘Guadalete’ supuso una importante tragedia, pero el régimen franquista evitó
que tuviera una importante difusión. No se ocultó, pero no tuvo el eco que la
noticia y las víctimas se merecían. De hecho, el diario ABC no incluyó en su
portada este suceso. La información se publicó en páginas interiores.
Informe
Días después del suceso, el
teniente de navío José María González de Aldama, quien aquella trágica noche
estaba al mando del ‘Guadalete’, elaboró un informe dirigido al Ministerio de
Marina en el que exponía lo ocurrido. El citado documento fue rescatado hace
algunos años por el capitán de fragata Luis Mollá Ayuso. En el mismo, José
María González de Aldama refleja que el dragaminas partió del puerto de Ceuta a
las 22,00 horas del 24 de marzo de 1954. Cuando lo hizo, el estado del mar era
de “marejadilla” y soplaba “viento fresco del este”. Tras superar la zona de
Punta Almina, el buque ya comenzó a sufrir seriamente las consecuencias del
temporal. Pasada la medianoche, el comandante del ‘Guadalete’ –según el
informe- se vio obligado a variar el rumbo ante el estado e intensidad del mar.
A las 03,10 horas el jefe de máquinas ya comunicó al comandante que el carbón
era “todo tierra”. Esa mala calidad impedía que el buque pudiera
mantener una potencia mínima para hacer frente a las olas sin perder el
control. No le faltaba razón porque el dragaminas quedó varias veces
“atravesado”.
Sobre las cinco de la madrugada,
según el informe remitido al Ministerio de Marina, el buque cambió su rumbo
dirigiéndose al cabo de Tres Forcas para fondear en Cala Tramontana. En ese
momento, las olas superaban los diez metros de altura y el viento soplaba entre
los 70 y 80 nudos.
Tras una madrugada
infernal, González de Aldama reconoce que se planteó la posibilidad de
regresar. El informe indica que el barco quedó hasta en tres ocasiones
“atravesado”. La primera, a las siete y media de la mañana, cuando se intentó
virar 180º. A media mañana, la situación era insostenible. El temporal seguía
causando estragos en el barco que ya padecía la entrada de agua por diferentes
puntos.
Según explicó José María
González de Aldama, a las 13,10 horas se avistó a lo lejos una corbeta. Posiblemente,
a tenor de lo escrito en el cuaderno de bitácora, se trataba de un buque con
bandera “inglesa” que emitió señales luminosas. Desde el ‘Guadalete’ le
comunicaron que se encontraban en una “situación apurada” requiriendo la
necesidad de ser remolcado. No hubo respuesta. Tampoco por parte de un mercante
que, horas después, navegaba por la zona.
Pasada las tres y media de
la tarde, las máquinas dejaron de funcionar, lo que hizo que el ‘Guadalete’ se
quedara sin control y a merced del mar: “A las 15.35 horas se pararon las
máquinas de nuevo por falta de presión, esta vez definitivamente. El 2º me
comunicó que los marineros que achicaban la caldera de proa no daban de sí lo
suficiente para disminuir el nivel del agua. Teníamos en cubierta toneladas de
agua, quedando solamente en marcha el grupo emergencia diésel, que era el que
suministraba fuerza a la radio y luz al barco”.
El transbordador Virgen de
África zarpó de Algeciras en su búsqueda, pero se vio obligado a regresar ante el
riesgo existente. Tras horas de intensa lucha contra las olas y la bravura del
mar, el comandante González de Aldama ya comenzaba a asumir la dificultad que
entrañaría llegar a tierra. Todo “estaba perdido” -reflejó en el informe- por
lo que comunicó a sus hombres que se refugiaran en cubierta. El naufragio
parecía inevitable: “El buque escoraba ya unos 30 grados. Le ordené (al
contramaestre) preparar las balsas para poderlas echar al agua cuando el barco
se hundiese. Le ordené también que
rompiese con hachas todo lo que quedase a bordo de madera y lo preparase para
lanzarlo al agua. Lo hizo, poniendo al lado de la chimenea todos los
enjaretados de duchas y retretes, todos los tableros del puente y todas las
sillas y maderas”.
La tripulación se vio
obligada a abandonar el barco. Y así lo ordenó el comandante José María
González de Aldama: “Estábamos dentro del puente el almirante Miranda, el
segundo y yo completamente solos. Ambos me dijeron que ellos no se tirarían al
agua si yo no lo hacía y que por favor no intentase ninguna tontería”.
Pocos minutos después de
lanzarse la tripulación al mar, el ‘Guadalete’ se hundió: “No hacía ni unos
minutos que habíamos abandonado el buque cuando lo vimos irse a pique. La mar
nos había separado de él unos 50 metros y se deslizó de popa escorado 90 grados
a estribor, y desapareciendo en muy pocos instantes”, reflejó González de
Aldama en el informe.
Rescate
Los tripulantes que
sobrevivieron al naufragio tuvieron que luchar contras las inmensas olas y el
frío. Tras más de dos horas en el mar, recobraron la esperanza gracias a la presencia de un mercante
de bandera italiana, el ‘Podestá’, que permaneció en la zona mientras los
marineros, dispersos en el agua, lograban con muchas dificultades alcanzar el
buque. Desde el barco se lanzaron las denominadas escaleras de gato por babor y
estribor. 44 marineros lograron salvar sus vidas. Al día siguiente, el
destructor ‘Císcar’ rescató seis cadáves, mientras que otros cinco cuerpos fueron
encontrados en el Mediterráneo, de los que sólo cuatro pudieron ser identificados
antes de ser enterrados en mayo de 1954 en el cementerio de Santa Catalina (Ceuta).
El hundimiento del ‘Guadalete’ se saldó con 23 desaparecidos y 11 fallecidos.
Testimonio
Eumenio Fernández Prieto
fue uno de los cuarenta y cuatro que lograron salvar su vida tras el
hundimiento del ‘Guadalete’. Tenía 21 años cuando sucedió aquella tragedia. Formaba
parte de la tripulación como marinero especialista. Nacido en Ceuta, narraba en Radio Ceuta (Cadena SER) su vivencia: “Entré de guardia a las
doce de la noche, y recuerdo que nada más pasar los isleos de Santa
Catalina, el temporal ya nos estaba dando la paliza. De los golpes de mar, el
agua entraba por todas partes”.
El barco se hundió muy
rápido. Tenía tanta agua dentro que se fue al fondo como una piedra. Menos mal
que no chupó y nos arrastró hasta el fondo”.
Horas antes del naufragio,
los tripulantes tenían claro que tarde o temprano el ‘Guadalete’ acabaría
hundiéndose: “A las siete de la mañana el barco estaba casi sin gobierno. Desde
hacía horas el agua entraba y se quedaba retenido en el interior del barco, que
debido a los golpes de mar había perdido varios botes. Sólo quedó una balsa que
permitió que se salvaran varias personas. Antes de que se hundiera, ya llevábamos
dos horas esperando en el puente a que en cualquier momento tuviéramos que lanzarnos al agua.
Aguantamos todo lo que pudimos. No teníamos otra opción, salvo permanecer en el
barco todo lo que pudiéramos”.
Eumenio no se tiró al agua,
sino que “me caí”. Allí permaneció “más de tres horas” hasta que “llegué al mercante italiano que no podía
acercarse hasta nosotros. No podía maniobrar ni echar botes, por lo que éramos nosotros quienes teníamos que llegar al barco, como pudiéramos”.
No fue fácil. “Estaba
lloviendo y hacía un frío intenso”, explica Eumenio Fernández, quien recuerda
que junto a un compañero “me agarré a un enjaretado de madera”. “Él iba –continúa-
en camiseta y yo en pantalones cortos”. Ambos, sin soltarse, luchaban contra
las olas: “Subíamos y bajábamos. Cuando estábamos arriba aprovechábamos para
mirar, y a lo lejos vimos un barco”.
En plena lucha por la
supervivencia, alcanzaron la proa del mercante: “Algunos subieron por la
escalera de gato, pero nosotros llegamos justamente a la altura del ancla”, rememora
Eumenio Fernández, a quien no le fue
sencillo subir a bordo del barco: “Me echaron un cabo, pero entre el principio
de hipotermia que sufría y que tenía los dedos agarrotados de estar enganchado
a la madera, cuando me empezaron a subir y saqué parte del cuerpo del agua, me
volví a caer. A mi compañero le echaron un cabo con un salvavidas circular, y
pudieron subirlo. Después me lo echaron a mí, conseguí meter los brazos y me
subieron. Cuando llegué a la cubierta, me di por salvado”
Ya a bordo del ‘Podestá’,
lo primero que hizo Emenio fue buscar calor: “Estaba temblando y me situé en
las inmediaciones de la caldera. Allí estuve un tiempo hasta que noté que el
barco estaba navegando y me reencontré en un salón con mis compañeros a los que
abracé”. Y no pudo evitar llorar.
El mercante puso rumbo al
puerto de Gibraltar. Después, los supervivientes fueron traslados a Algeciras.
Algunos fueron ingresados en el hospital y otros permanecieron en un hotel
hasta que “un barco de guerra nos llevó a San Fernando”.
Se les dio opción de elegir destino, pero sin embargo, en el caso de Eumenio Fernández, la Armada desestimó su petición y le asignaron otro dragaminas con base en Ceuta.
Se les dio opción de elegir destino, pero sin embargo, en el caso de Eumenio Fernández, la Armada desestimó su petición y le asignaron otro dragaminas con base en Ceuta.
A la hora de analizar qué
ocurrió aquel trágico día, Eumenio Fernández considera que fueron muchos los
motivos que provocaron el hundimiento del ‘Guadalete’. El primero, el “haber
salido a navegar aquel día con el temporal”. Además, “íbamos con más dotación
de la cuenta, ya que íbamos a trasladar a Melilla a varios soldados que se
habían licenciado”. Y otro de los motivos que pudieron influir fue “el mal estado
del barco”.
“Nos
prohibieron hablar”
Tras el hundimiento del ‘Guadalete’,
la Armada prohibió que la tripulación hiciera cualquier declaración pública
sobre lo sucedido: “Nos dijeron que no habláramos con la prensa y en aquel
tiempo no se podía hablar. Lo que decían había que cumplirlo, y más si éramos
militares”, afirma resignado Eumenio Fernández que durante décadas guardó un
respetuoso silencio.
El mismo tiempo que tardó
la Armada en reconocer a los supervivientes del dragaminas. Quizás llegó
demasiado tarde. Sobre todo, porque muchos de los que lograron salvar su vida
aquel 25 de marzo de 1954 no pudieron disfrutar de ese merecido homenaje. 65 años después de aquel trágico naufragio, la
Comandancia Naval de Ceuta ha vuelto a recordar a las víctimas mortales y destacar la lucha contra la ferocidad y
crueldad del mar por parte de los héroes anónimo que conformaban la tripulación
del ‘Guadalete’.
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sábado, 23 de febrero de 2019
DOS CEUTÍES, TESTIGOS DEL HISTÓRICO 23 F
Fueron una horas de mucha
incertidumbre. Aquel 23 de febrero de 1981, los ceutíes, al igual que el resto
de españoles, estuvieron muy atentos a lo que ocurría en el interior del
Congreso de los Diputados. A las 18,00 horas, se inició la segunda votación para la investidura de
Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno en el Congreso de los
Diputados, después de que dos días antes no obtuviera la mayoría suficiente. En
plena votación, un grupo de doscientos guardias civiles (algunos armados) irrumpió
en el hemiciclo. Al frente estaba el teniente coronel Antonio Tejero, que arma
en mano y gritando “¡Quieto todo el mundo!", ordenaba que todos se tiraran
al suelo. Así comenzaba este intento de golpe de Estado que resultó fallido.
Dos ceutíes fueron testigos
directos de aquel histórico episodio. Francisco Olivencia Ruiz, diputado por
Ceuta (UCD) y Manuel Chaves González, diputado por la circunscripción de Cádiz (PSOE),
vivieron, desde sus respectivos escaños, aquel inquietante 23 F.
Francisco
Olivencia: “No olvidaré que aquel día tuve que ir al servicio con una
metralleta en la espalda”
Francisco Olivencia
(1934-2019) reconocía hace algunos años en Radio Ceuta (Cadena SER) que “lo
viví y no lo olvidaré”. “Era un lunes –rememoraba-, caso absolutamente
inusitado porque las sesiones del Congreso empezaban los martes, pero la semana
anterior, Calvo Sotelo no sacó la mayoría suficiente y se convocó una sesión
cuarenta y ocho después”.
“Estábamos votando –exponía
Olivencia- la investidura de Calvo Sotelo como presidente del Gobierno, y en un
momento dado, yo estaba próximo a votar, se oyó un ruido en el pasillo. Como
había obras, yo pensé que sería un tablón que se había caído, pero por lo que
se ve fue un disparo”.
La entrada de Antonio
Tejero al hemiciclo, arma en mano, fue “un momento difícil”. Francisco
Olivencia le reconoció “enseguida” porque “había estado implicado anteriormente
en un esbozo de golpe de Estado”. Aunque podía haber cierta confusión, los
parlamentarios no tardaron en darse cuenta de lo que realmente ocurría: “A mi
lado había un diputado de Ciudad Real, Pedro Menchero, que ante la exclamación
de otro diputado cercano que dijo ¡Pero esto qué es! Con una voz serena contestó:
pues no lo ves, un golpe de Estado”, recordaba Olivencia, quien asegura que esa
calma con la que respondió “me sorprendió”.
Tras el famoso e histórico
grito de Antonio Tejero de “todos al suelo” los diputados “nos lanzamos al
suelo cuando empezaron los tiros”, explicaba Francisco Olivencia, varias
décadas después del 23 F, tenía una mezcla de sensaciones sobre aquel suceso
vivido en el Congreso de los Diputados: “Tuvo su parte jocosa, pero fue
desagradable en ese momento”.
Sin duda, el momento más
tenso fue cuando comenzaron los disparos. Algunos diputados pensaron que sus
vidas corrían peligro: “Un compañero de escaño me dijo que estaban disparando
por filas, y le contesté que no podían matarnos porque eran Guardias Civiles”.
¿Qué se le pasó por la
Cabeza a Francisco Olivencia cuando se confirmó que se trata de un golpe de
Estado?: “Pensé muchas cosas. Me preguntaba qué iba a pasar con el futuro de
España, qué estaría ocurriendo fuera porque Tejero decía que tenía el apoyo de
diferentes Regiones militares. Después supimos que no era cierto, pero en ese
momento me planteaba muchas preguntas”.
Horas después, gracias a
“un pequeño transistor que había conseguido Abril Martorell (UCD), íbamos
teniendo algunas noticias”. Entre ellas que “el rey había hablado por televisión
y que se estaba negociando”.
Fueron dieciocho horas de
mucha tensión. Francisco Olivencia reconocía que se “nos hizo muy largo”.
Inquietud que, sin embargo –confesaba- no le impidió dormir “tres o cuatro
horas tranquilamente”.
Uno de los inconvenientes
con el que se encontraron los diputados durante el tiempo que permanecieron en
el Congreso fue la falta de tabaco: “Por aquel entonces su fumaba en el
hemiciclo. La abstinencia sumada a la intranquilidad por lo que estaba pasando,
nos tenían algo nerviosos. Nos trajeron unos cartones de tabaco ruso que tenía
el Grupo Comunista en su secretaría. Me hice con un paquete y me tranquilicé”.
Entre los muchos momentos
vividos aquel 23 F, hay uno que -según reconocía Francisco Olivencia en la
Cadena SER- no había olvidado: La de ir al servicio “con una metralleta a la
espalda”.
Poco antes del mediodía
(11:50 horas) del 24 de febrero de 1981, los diputados y los periodistas que
permanecían encerrados desde el día anterior, comenzaron a abandonar el
Congreso. Lo primero que hizo Francisco Olivencia fue “ir a buscar a mi mujer”.
“Teníamos –añadía- un pequeño apartamento muy cerca del Congreso, pero allí no
estaba. Cuando la encontré, ya me contó cómo se había vivido desde fuera”.
Para Francisco Olivencia,
el hecho de que el intento de golpe de Estado se llevara a cabo el 23F, le hizo
pensar que “era imposible que estuviera preparada mucho antes porque era
imprevisible que aquel día hubiera sesión en el Congreso”. Por ello, pensaba
que “fue repentinamente preparado por Antonio Tejero”.
En cuanto a si se ha
contado toda la verdad sobre el 23 F, Francisco Olivencia creía que “no”. “De
aquella trama y sobre su trasfondo, seguro que queda algo en el aire”,
afirmaba, aunque se mostraba partidario
de recordar, pero también decir que ya pasó”.
Años después del 23 F,
Francisco Olivencia vivió una curiosa anécdota relativa a aquel histórico hecho:
“Durante la celebración de una comunión, en el Casino Militar, se me acercó una
persona y me dijo que era uno de los Guardias Civiles que estuvieron el Congreso. Estuvimos charlando y curiosamente,
los que aquel día estábamos en un bando y otro, nos dimos la mano”.
Manuel
Chaves: “Pensé que los golpistas estaban dispuestos a todo para lograr sus
propósitos”
El que fuera presidente de
la Junta de Andalucía, Manuel Chaves (1945), según publicaba la web
ecodiario.eleconomista.es, reconoce que pensó en su familia, en su mujer y en
sus hijos, que estaban en esos momentos en Cádiz. Cuando se llevaron a Adolfo
Suárez, a Gutiérrez Mellado y a Felipe González, el parlamentario socialista
creyó que "los golpistas estaban dispuestos a todo para lograr sus
propósitos".
El paso del tiempo, y sobre
todo que la “autoridad militar" de la que presumía Tejero en el Congreso no
llegaba, hizo que Manuel Chaves comenzara a sospechar que "algo no estaba saliendo como los
golpistas habían pensado”.
El 24 de febrero, cuando
los diputados abandonaban el Congreso, Manuel Chaves lo hizo con la sensación
de que la democracia española "había superado una de sus pruebas más
duras". Por ello, aquel 23 F supuso una “lección de fortaleza para una
democracia muy joven después de 40 años de férrea dictadura franquista”.
Anécdota
Quizás llevado por la
intuición, en diciembre de 1980, Francisco Olivencia protagonizó una curiosa
anécdota que recordaba en la Cadena SER: “Estábamos en una reunión del Grupo
Centrista y alguien preguntó si al año siguiente habría elecciones generales
anticipadas, y yo contesté que elecciones generales no sé, pero generales sin
elecciones seguro”. Sin saberlo, vaticinó un hecho que pasó a la historia y que
pudo marcar el futuro de España.
sábado, 19 de enero de 2019
EL ÚLTIMO SASTRE
Hay profesiones que con el paso del tiempo van desapareciendo. Una de ellas es la de sastre. Muy pronto, ’El Dique’ la única sastrería que existe en Ceuta, cerrará sus puertas. Su propietario, Julio García, lleva a más de sesenta años dedicado al mundo textil. La gran mayoría como camisero. A sus 89 años, aunque ya no ejerce, no puede evitar situarse todos los días detrás del mostrador. Lo hace por placer, mientras se produce el cierre definitivo del negocio. Sastrería ‘El Dique’, situada en la calle Jáudenes, dejará de existir en el momento en el que sea vendido el edificio en el que se encuentra ubicada. Atrás quedarán más de seis décadas de historia. Desde su apertura en el año 1956, tras la finalización del protectorado Español en Marruecos, Julio García ha estado ligado a ‘El Dique’. Primero como empleado, y posteriormente como dueño. Pero sus comienzos, como aprendiz, fueron cuando apenas tenía 14 años: “Aún estaba en el colegio, y un día, tras salir de clase, una vecina me propuso entregar los trajes. Me dijo que me pagarían 14 pesetas a la semana, más las propinas que me dieran”, explica Julio García, quien recuerda que en “los primeros días conseguí 21 pesetas de propina porque era un gran sastre y tenía que entregar muchos trajes”. Poco después los dueños de la sastrería le encomendaron nuevas tareas: “Me preguntaron si quería ser sastre y empecé a trabajar como aprendiz. A mí me gustaba el contacto con el público y me encantaba mi trabajo. Me enseñó a cortar camisas, después me fui a Barcelona para perfeccionarme en una academia. Me hice camisero y regresé a Tetuán donde estuve trabajando algún tiempo”.
En el año 1956, coincidiendo
con la independencia de Marruecos, los antiguos propietarios de la sastrería
decidieron cerrar el negocio en Tetuán y abrir un nuevo negocio en Ceuta. Ahí
comienza la historia de ‘El Dique’: “Buscamos un local donde montar la
sastrería y encontramos uno en la calle Jáudenes. Era un garaje, pero había que
adquirir todo el edificio. Compraron la casa y me pusieron al frente de la
tienda”.
Pese al número de
sastrerías que existían en la ciudad, ‘El Dique’ –quizás avalado por el
prestigio alcanzado en Tetuán- se convirtió en un lugar de referencia dentro
del comercio textil. Además, el antiguo propietario solía innovar o seguir las
tendencias de la época. Y para mostrarlo al público solía utilizar una técnica
muy original y que no olvida Julio García: “Si por ejemplo se llevaban los
trajes con abertura atrás, Don José me hacía un traje a medida con todas las
novedades. Yo medía 1’81 metros, estaba delgado y tenía buena planta. Me decía
que me pusiera el traje y que fuera hasta la Plaza Azcárate y volviese. Por el
camino, a la gente le llamaba la atención el traje e iba haciendo propaganda de
la tienda. Después se acercaban a la sastrería para encargarlo”.
Los propietarios de
sastrería ‘El Dique’, al no tener herederos, decidieron en el año 1975 ceder el
negocio a Julio García, quien desde entonces lo ha venido regentando. Ya como
dueño, Julio García vivió una buena época en la que “vendía seis camisas
diarias. Tenía un taller muy organizado que llevaba mi mujer. Contábamos con
cuatro camiseras en la calle y, en mi casa, mi mujer y mis cuñadas hacían dos
camisas al día”. Una de las principales características de ‘El Dique’ era la
materia prima con la que se elaboraban las camisas: “Compraba seda italiana o
popelín inglés”. Además de la calidad de las telas, Julio García también
apostaba por ofrecer modelos de camisas distintos a lo habitual: “Era una época
en la que todas las camisas eran iguales, por lo que las hacía con cuello
cerrado, abierto; o un cuello con las puntas redondas o de punta larga. Iba
variando y a la clientela, que era muy buena, les gustaba y me iba pidiendo
esas camisas más modernas”.
Entre sus ilustres clientes
-asegura Julio García- figuraban el torero Antonio Bienvenida o los periodistas
José María Pemán y Matías Prats (padre). Éste último, durante una visita a
Ceuta con motivo de un aniversario de la Legión le encargó “doce trajes”. “Me
dijo –expone- para mí y mi hijo”. También visitó sastrería ‘El Dique’ el
director, guionista y productor cinematográfico Rafael Gil. Precisamente, uno
de los trajes que adquirió provocó que le llamara el mismísimo ministro de Asuntos Exteriores: “Un día suena el teléfono
y me dicen que llamaban del Ministerio de Asuntos Exteriores. Yo les dije que
se habían equivocado y me respondieron que preguntaban por Don Julio García. Me
pasaron al ministro y me encargó que le hiciera dos trajes de tela inglesa,
como el que le hicimos a Rafael Gil. Pidió uno en color gris y otro azul
marino. No quiso que le enviara una muestra. Cuando ya los había terminado, le
envié por Correos los dos trajes y poco después me ingresaron el giro”, cuenta
orgulloso Julio García, quien pasará a la historia por ser el último sastre de
Ceuta.
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domingo, 23 de diciembre de 2018
domingo, 25 de noviembre de 2018
'PEREJIL': LA ISLA DE LOS CONFLICTOS (y II)
'Perejil': La isla de los conflictos (I)
Entre los países que también intentaron hacerse con el control de la isla ‘Perejil’ figuran Estados Unidos. Según refleja el estudio titulado ‘La isla perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’ (Javier Gil y Óscar Garrido) el 13 de febrero de 1836, el cónsul español en Marruecos, Antonio Beramendi informaba al secretario de Estado de la Regencia de María Cristina, Juan Álvarez Mendizábal sobre la presencia de un representante del gobierno americano que supuestamente iba a solicitar al sultán que “que ceda o venda a Estados Unidos la Isla Perejil”. Días más tarde, en un nuevo escrito, el cónsul español exponía que Estados Unidos había efectuado una serie de peticiones, pero se encontró con la negativa –no de forma rotunda- de Marruecos: “[…] Que el Emperador no podrá acceder a las solicitudes que sus antepasados hayan negado, pero que en el favor de Dios, y cuando se presentara el cónsul en Fez con su embajador, todo se arreglará con la mejor buena armonía”.
Entre los países que también intentaron hacerse con el control de la isla ‘Perejil’ figuran Estados Unidos. Según refleja el estudio titulado ‘La isla perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’ (Javier Gil y Óscar Garrido) el 13 de febrero de 1836, el cónsul español en Marruecos, Antonio Beramendi informaba al secretario de Estado de la Regencia de María Cristina, Juan Álvarez Mendizábal sobre la presencia de un representante del gobierno americano que supuestamente iba a solicitar al sultán que “que ceda o venda a Estados Unidos la Isla Perejil”. Días más tarde, en un nuevo escrito, el cónsul español exponía que Estados Unidos había efectuado una serie de peticiones, pero se encontró con la negativa –no de forma rotunda- de Marruecos: “[…] Que el Emperador no podrá acceder a las solicitudes que sus antepasados hayan negado, pero que en el favor de Dios, y cuando se presentara el cónsul en Fez con su embajador, todo se arreglará con la mejor buena armonía”.
La
respuesta por parte de Marruecos dejaba cierta esperanza a Estados Unidos, lo
que provocó la reacción de Francia e Inglaterra. Ambos países se pusieron en
alerta ante cualquier posible intento de los americanos de establecerse en el
islote. En un informe posterior, la Secretaría de Estado concluye que “se logró
neutralizar el intento de Estados Unidos de hacerse con Perejil gracias a las
reclamaciones que dirigieron al sultán los gobiernos español, francés e
inglés”.
En
relación al interés de Estados Unidos por hacerse con la ansiada isla, Javier
Gil, uno de los autores del estudio ‘La isla perejil, la perla decimonónica del
Mediterráneo’ explica a ‘CEUTA REPORTAJES’ que “los americanos buscaban tener
posición en la zona, lo cual tiene su lógica porque tener territorio en este lugar
le daba muchas ventajas”, pero reconoce que “el interés no fue muy importante
porque la lejanía territorial era un gran impedimento”.
El
interés de Reino Unido por obtener la cesión de la isla ‘Perejil’ provocó que a
mediados de 1842 volviera a intentarlo. Y lo hizo –según recoge un informe
oficial del cónsul general de España al secretario de Estado de la Regencia-
“bajo el pretexto de proveer por tal posición de armamento a Marruecos, para
sostener la lucha que de un día a otro puede suscitarse entre Francia y el
sultán, ya que los franceses recelan de los socorros que presta el monarca
marroquí a su correligionario argelino”. Se refería a la progresiva conquista
de Argelia por parte de Francia. Esa ‘preocupación’ de los ingleses por
Marruecos, provocó que Francia, ante una posible ocupación del islote, enviara
una división naval a la bahía de Tánger. Al igual que en anteriores ocasiones,
el intento británico no obtuvo resultados.
Los
años pasaban y el interés de Francia o Inglaterra no cesaba. Ambos países lo
volvieron a intentar en la década de los 60 del siglo XIX encontrándose con la
oposición de otras potencias mundiales. Incluso Estados Unidos o Italia
mostraron su desacuerdo advirtiendo que intentarían “tomar una porción de
territorio en la costa africana”. Por ello, en sendos casos, la situación no pasó de supuestas peticiones
para ocupar el islote.
Ocupación de la isla por parte de
España y la intención de construir un faro
Tras
numerosos intentos fallidos por parte de otros países, en el año 1887, es España
la que llega a ocupar la isla. Los autores del estudio ‘La isla perejil, la
perla decimonónica del Mediterráneo’ localizaban una copia de un informe
elaborado por la Dirección General de Ingenieros del Ministerio de la Guerra titulado ‘Disposiciones para la ocupación de
esta isla con motivo del conflicto europeo”. En el mismo se incluye un minucioso
estudio sobre las características físicas de la Isla Perejil y las ventajas e
inconvenientes de una posible ocupación. El informe aporta numerosos detalles
sobre la isla (dimensión, tipo de roca, forma, altura, etc…) y destaca que “su
perímetro es escarbado e inaccesible excepto por cuatro calas; está separada de
la costa por un canal de trescientos metros de ancho con una profundidad mínima
de dieciocho metros; se hallan restos de fortificaciones empezadas y no concluidas
del siglo XVIII”. Tras
el exhaustivo reconocimiento, el informe recoge, a modo de conclusión, lo
siguiente:
1.- No es fácil hacer de la posición de la isla una buena estación naval.
2.- Para la defensa del Estrecho con baterías únicamente no tiene gran importancia.
3.- Ofrece una buena posición como emboscada marítima para corsarios y torpederos.
4.- En poder de otra nación tendría gran importancia para la defensa del Estrecho y de la plaza de Ceuta por ser la llave de acceso al boquete de Anggera.
5.- La defensa material de la isla es fácil y poco costosa.
Además,
el comandante exento de Ceuta opinaba que “en previsión de complicaciones
exteriores, no conviene que la Isla Perejil siga abandonada como hasta el
presente lo ha estado porque el derecho de España a su posesión no sería
suficiente para que deje de ocuparla cualquier otra nación cuyos intereses en
el Mediterráneo la indujeran a utilizarla”. Incluso da las claves para una
rápida ocupación. Aboga por “construir un faro en la punta Norte y desembarazar
los caminos abriendo trincheras, facilitar el acceso por las calas de Levante y
Poniente y dificultar los otros dos accesos”.
Desde
la Dirección General de Ingenieros del Ministerio de la Guerra recomiendan “actuar con gran reserva al
iniciar los trabajos que por el Ministerio de Fomento hayan de hacerse para
construir un faro”.
Meses
después, el Ministerio de la Marina comunica al Ministerio de Estado que
algunas informaciones apuntan a que “la Isla Perejil es frecuentemente visitada
por cañoneros ingleses” y se sospecha que “dichas visitas tienen relación con
el contrabando que desde la plaza de Gibraltar sale para las costas de la
península”. La respuesta no se hace esperar y se decreta una Real orden por la
cual se ordena que buques de la División de Guardacostas de Algeciras se
dirijan al islote y que “con la urgencia posible, se estudie la conveniencia de
establecer alguna luz en la Isla Perejil” y facilitara el acercamiento de los
guardacostas y pescadores españoles de la zona. Los comandantes de Marina de
Cádiz y Algeciras y el comandante de la División de Guardacostas de Algeciras
efectuaron un reconocimiento de la isla. El comandante de uno de los cañoneros
desplazados elaboraba una memoria (27 de julio de 1887) en la que negaba la
supuesta utilización de la isla por parte de los contrabandistas. ¿Los motivos
de tal aseveración? Porque -según el informe- “es completamente inabordable
excepto por dos puntos en los que la subida es de bastante pendiente”, aunque
matizaba que “es posible que algunos barcos contrabandistas la utilicen para
colocarse detrás de la isla ya que de esta manera permanecen invisibles para
todo buque que pase por la costa”. La conclusión final de esta memoria es que
“la isla es inhabitable y su posesión casi inútil”.
El
17 de noviembre de 1887, el diario ‘El Imparcial’ publicaba una información en
la que defendía la supuesta intención de instalar un faro en el islote por
parte de España, a la que atribuía la soberanía de la isla. Esta noticia
coincidía con el enfado del ministro Plenipotenciario de España en Marruecos,
José Diosdado y Castillo que reprochaba al ministro de Estado, Segismundo Moret
y Predersgat que no se informara sobre “los planes de ocupación de Perejil” y
la construcción de un faro. El citado ministro reconocía que “lo único que ha
hecho el gobierno español ha sido enviar empleados del Ministerio de Fomento a
Perejil para estudiar la posibilidad de instalar un faro en dicha isla, pero
sin resolver la instalación hasta después de conocer la opinión facultativa”
El
artículo de ‘El Imparcial’ explicaba que “Isla Perejil es propiedad de España
desde la guerra de África”. La información abrió un importante debate sobre la
pertenencia del islote. Reino Unido, según una publicación de ‘El Liberal’ (20
de noviembre de 1887) presionó para que Marruecos no aceptara la construcción
de un faro porque “constituye una usurpación de dominio, una invasión de
territorio y una amenaza a la seguridad de la plaza de Tánger”.
Según
el estudio ‘La isla perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’,
finalmente no se construyó el faro. El gobierno español desistió, y al igual
que en anteriores ocasiones, el islote no fue ocupado.
Extracción de piedra de la Isla Perejil
El
periódico semanal ‘El África’ alertaba en el año 1896 (6 de junio) que
Marruecos había autorizado a Reino Unido la extracción de piedra del islote
“para la construcción del puerto y dique de Gibraltar”. Poco más se sabe de esa
supuesta autorización, pero sí generó –coincidencia o no en el tiempo- un
intenso debate en el Congreso sobre la soberanía de la isla. Otras fuentes
apuntan a que la petición de Gran Bretaña fue la de extracción de piedra, pero
no de la isla sino de la montaña ‘Yebel Musa’ o ‘Mujer muerta’. En este último
aspecto coinciden las noticias publicadas por varios rotativos de la época.
Último conflicto
A
pesar de la multitud de disputas bilaterales, el conflicto generado en 2002 fue
uno de los más destacados en la historia de la Isla ‘Perejil’. El 11 de julio
del citado año, una patrullera de la Guardia Civil que realizaba labores de
vigilancia contra el narcotráfico o inmigración ilegal en las inmediaciones del
islote, observó que un grupo de personas se encontraban en la isla y habían
colocado dos banderas de Marruecos. Poco después se supo que se trataba de
gendarmes del país vecino. Desde Rabat se defendía la soberanía de `Perejil’ y justificaba
la ocupación de la isla enmarcándola en “la lucha contra la inmigración
clandestina y el terrorismo”. La acción provocó un enfrentamiento diplomático
entre España y Marruecos. Al día siguiente, numerosos medios de comunicación de
ámbito nacional e internacional se desplazaban a Ceuta para informar sobre un
conflicto que tardó varios días en resolverse.
Nada
más conocerse la ocupación por parte de Marruecos, se envió a las cercanías del
islote una patrullera de la Armada para obtener más información, incorporándose
horas después una fragata y dos patrulleros más. La Armada marroquí también
situó cerca de la isla una patrullera. Tras varios días de negociación entre
ambos países, el día 17 de julio a las 06,17 horas se llevaba a cabo el
desalojo y recuperación de ‘Perejil’. Un Comando de Operaciones Especiales del
Ejército de Tierra, a bordo de dos helicópteros, aterrizó en el islote y detuvo
a los militares marroquíes que fueron entregados a las autoridades marroquíes. La
operación militar bautizada como ‘Romeo Sierra’ se llevó a cabo “al alba y con
viento de levante de 25 nudos”, tal y como relataba posteriormente en el
Congreso de los Diputados el, por aquel entonces, ministro de Defensa, Federico
Trillo.
El
que fuera comandante General de Ceuta en el año 2002, Fernando López de Olmedo
desvelaba en el libro titulado ‘Ceuta y el conflicto de Perejil’ que el mismo
día en el que produjo la ocupación de la isla “se preparó una operación, con la
finalidad de recuperarla, y con la intención de que fueran las Unidades de la
Comandancia General quienes lo hicieran”. La operación se denominaría ‘Pavana’
y era “muy parecida, en todos sus aspectos” a la que se realizó el día 17 de
julio. En este caso sería la Legión la que “según lo previsto en la Orden,
entraría utilizando helicópteros, que era la única forma de acción aconsejable,
por el terreno, la sorpresa y la eficacia; con apoyo a sus vez de helicópteros
armados, de ataque”. Finalmente se optó
por retrasar el desalojo del islote y que el mismo lo llevara a cabo una Unidad
de Operaciones Especiales. La Comandancia General de Ceuta jugó un papel
fundamental en la preparación de la operación, aunque “no se tenía la seguridad
de que fuera a realizarse definitivamente y por lo tanto no se conocían el día
de su ejecución ni la hora”, explica Fernando López de Olmedo, quien reconoce
que “para conseguir el mantenimiento del secreto, era preciso no emitir ninguna
orden fuera del Cuartel General hasta el momento más próximo posible al inicio
de la acción”.
Según
expone el que fuera Comandante General de Ceuta, Marruecos había invitado a los
medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros, a visitar ‘Perejil’
el 17 de julio de 2002. Quizás este hecho –al menos así se puede interpretar a
tenor de lo reflejado por Fernando López de Olmedo- pudo provocar el adelanto
de la puesta en marcha de la Operación ‘Romeo Sierra’: “La invitación les llegó
ese mismo día 16, con la idea de concentrarles previamente en Tetuán, para allí
dirigirse a la isla, volviendo, una vez visitada, de nuevo a esa ciudad, donde
se les invitaría a un almuerzo. Este hecho creaba una situación nueva muy
delicada, que de realizarse, habría dificultado muchísimo nuestra acción, es
más consideramos que la habría hecho casi imposible”.
Fernando
López de Olmedo afirma que es en la noche del día 16 de julio cuando tiene
conocimiento que la operación se llevaría a cabo al amanecer. Y así ocurre.
Poco antes de las 06,00 horas se informa del despegue de los helicópteros con
la Unidad de Operaciones Especiales. La acción se desarrolla sin problemas, y
detuvieron a seis gendarmes que, sin oponer resistencia, se entregaron. Se izó
la bandera española y a las 08,00 horas una Unidad de la Legión emprendió viaje
hacia la isla en cuatro helicópteros, produciéndose el relevo apenas quince
minutos después.
Tras
la recuperación del islote –explica Fernando López de Olmedo en ‘Ceuta y el
conflicto de Perejil’- había que seguir alerta a una posible respuesta militar
de Marruecos: “No sabíamos aún si habría reacción contraria, debiéndonos poner
en la peor de las hipótesis para de ninguna manera ser sorprendidos”.
Los
militares marroquíes que había protagonizado la ocupación del islote fueron
traslados a Ceuta. Se trataba de “infantes de marina, al mando de un
suboficial. La Unidad que los recibe –narra el que fuera comandante general en
2002- cumple perfectamente las órdenes recibidas de tratarles como compañeros,
ofreciéndoles un desayuno y se les practica un reconocimiento médico por un
equipo que ya teníamos preparado”. Posteriormente agentes de la Guardia Civil
les llevaba a la frontera del Tarajal, dejándoles en libertad.
Los
legionarios permanecieron en la isla hasta el día de 20 julio, fecha en las que
España y Marruecos alcanzaron un acuerdo por el cual se volvía al ‘statu quo’
anterior a la disputa diplomática.
A
las 21,55 horas fue retirada la bandera nacional de la isla “con la mayor
solemnidad y respeto, por un capitán, un suboficial y un legionario”, reflejaba
Fernando López de Olmedo.
Dos
días después del acuerdo alcanzado entre España y Marruecos, la que fuera
ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio visitaba el país vecino,
escenificando la reconciliación diplomática. El conflicto bilateral quedaba
zanjado el 30 de enero de 2003 cuando ambos países aprobaron el regreso de sus
respectivo embajadores.
¿A quién pertenece la soberanía de la
Isla Perejil?
Tras
siglos de conflictos y debates, la pregunta sobre a quién corresponde realmente
la soberanía de la Isla Perejil es muy difícil de responder. Algunos estudios
argumentan que es propiedad de España, pero sin embargo otros muchos no se la otorgan
tal propiedad. El diario ‘El País’ se planteaba esta interrogante en un
artículo publicado el 17 de julio de 2002. El mismo, titulado ‘El falso
contencioso de la isla del Perejil’ y firmado por María Rosa Madariaga hacía
referencia a los tratados entre España y Marruecos o entre otras potencias en relación
con Marruecos y aseguraba que en ninguno de ellos existe “la menor alusión al
islote”. “Cabe deducir –continúa la publicación- que España no llegó nunca a
ejercer sobre el mismo derechos de soberanía, y que, aunque no se le menciona,
formaba parte de lo que constituía a partir de 1912 la zona del Protectorado
español”.
Javier
Gil, coautor del estudio titulado ‘La isla perejil, la perla decimonónica del
Mediterráneo’ también reconoce que “es muy complicado decir que pertenece a
España o Marruecos, que son los países que tienen más o menos razones para
reclamar su soberanía”. Tras el conflicto de 2002, considera que “lo mejor es
que se mantenga ese punto de no confrontación porque España no tuvo un apoyo de
la Unión Europea. Fue bastante frío y el único país que medió fue Estados
Unidos y lo hizo para imponer la situación actual”.
Actualmente,
el islote permanece deshabitado y el ‘statu quo’ que se impuso en el año 2002
deja en evidencia la falta de respuesta oficial de a quién pertenece la
soberanía de ‘Perejil’, isla que por los hechos históricos narrados en este
reportaje bien podría denominarse la isla de los conflictos.
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martes, 23 de octubre de 2018
'PEREJIL': LA ISLA DE LOS CONFLICTOS (I)
Aunque el más conocido fue
el del año 2002, la isla de Perejil (situada a seis millas de Ceuta) ha sido
motivo de discusión y enfrentamientos diplomáticos en varias ocasiones. Así lo
recoge el estudio ‘La isla Perejil, la
perla decimonónica del Mediterráneo’, un trabajo de investigación publicado en
el año 2014. Sus autores, Javier Gil y Óscar Garrido, basándose en
documentación oficial, recopilan los diferentes conflictos que ha tenido como
protagonista al pequeño islote durante el siglo XIX.
La isla del perejil es y ha
sido considerada un punto estratégico en el control del Mediterráneo, por tanto,
muy codiciada; y prueba de ello, han sido los distintos conflictos
internacionales registrados a lo largo de los años con países como Francia,
España, Reino Unido, Marruecos o incluso Estados Unidos como protagonista. Y el
motivo, el mismo: hacerse con el control del pequeño, pero ansiado islote.
Según explica Javier Gil,
uno de los autores del citado trabajo de investigación, la zona geográfica del
Mediterráneo y la frontera marítima entre Europa y África “siempre ha contado con varios puntos con un
interés estratégico muy importantes. Uno de ellos ha sido la isla del Perejil y
especialmente para España y Reino Unido, puesto que les hubiese permitido tener
todo el control del Mediterráneo”.
Primer conflicto del siglo XIX
El primero de los
incidentes por la posesión del islote se producía en 1808. El 5 de abril del
citado año, refleja el estudio ‘La isla Perejil, la perla decimonónica del
Mediterráneo’, el gobernador de Ceuta, Ramón Carvajal comunicaba por escrito a
Pedro Cevallos, secretario de Estado de Fernando VII que “el capitán Juan
Alcuña, del corsario español bote número 47 había visto fondear en las
inmediaciones de la Isla Perejil a dos místicos ingleses, una cañonera y dos
bergantines a la vela, que posteriormente han entrado en la isla con gente y
tropa”. En esa misma nota se informaba que se “envió una barquilla pescadora a
Perejil para ver lo que estaba ocurriendo y que vieron a doscientos hombres de
tropa trabajando”.
Dos semanas después, el
cónsul general de España en Marruecos, Antonio González Salmón remite un
despacho al secretario de Estado de Fernando VII informando de la “ocupación de
los ingleses” y advirtiendo que Reino Unido pretendía “dañar a España e
interceptar los socorros a Ceuta”. El cónsul general de España en Marruecos también
escribió al sultán marroquí, Mulay Sulaymán explicando las -a su juicio-
consecuencias de la presencia británica en el islote: “[…] Se están
fortificando para tener un paso franco e imponer un yugo por el cual venga a
ser este reino (Marruecos) dependiente del de Inglaterra y dañar a cuantas
embarcaciones quieran incomodar el paso único por donde se comunican Océano y
el Mediterráneo, pues agregada a la posesión de Gibraltar la de dicha isla,
quedan dueños absolutos del Estrecho”. En este documento, González Salmón
también asegura que cuenta “con la información de que los ingleses ofrecen
retirarse siempre que los marroquíes ocupen dicha isla” y sospecha que “los
ingleses han ocupado la isla con la excusa de que quieren evitar de esta manera
que España y Francia hagan lo propio”.
Días más tarde, el cónsul
general de España en Marruecos informa que su homólogo francés “ha hecho causa
común con España contra la ocupación inglesa de Perejil”. De hecho, ambos
países –según se refleja en el estudio ‘La isla Perejil, la perla decimonónica
del Mediterráneo’- se plantearon expulsar de forma conjunta a los ingleses del
islote. Marruecos no les obligaría a irse, pero tampoco se opondría a que
España y Francia “arrojasen a los ingleses a la fuerza”. El 26 de abril de
1808, Antonio Pascual de Borbón y Sajonia (infante de España e hijo de Carlos
III) analizaba con el secretario de Estado la posibilidad de enviar una
expedición “para desalojar a los ingleses” de la isla. En un escrito fechado el
5 de mayo, Ben-Ábd-delSelahui, ministro bajá de Tetuán y Tánger responde al
vicecónsul español que Reino Unido “ha ocupado la isla sin la anuencia marroquí
y que el sultán no tiene intención en este momento de ocupar Perejil”. Sólo
condicionaba la expulsión de los ingleses a que “esta ocupación supusiera algún
perjuicio para sus vasallos”.
Según explica Javier Gil,
uno de los autores de ‘La isla Perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’
a ‘CEUTA REPORTAJES’, Reino Unido terminó abandonando el islote. Los escasos
documentos de aquella época –lo achacan a las sustracciones efectuadas por los
franceses durante la guerra de la Independencia- impiden conocer más detalles
del por qué los ingleses ocuparon la isla, aunque en un informe fechado en 1831
(casi veinticinco años después) el que fuera cónsul general español en
Marruecos durante el conflicto, explica que “la entrada del ejército francés en
España a principios de 1808 fue la oportunidad que esperaban los ingleses desde
hacía tiempo para conseguir un enclave en el Norte de África”. Una especie de
justificación que también, a tenor de lo recogido en ese documento, pretendía
contar con Marruecos como aliado, ya que Reino Unido expuso al sultán Mulay Sulaymán
que “la ambición de conquista del emperador francés le llevaría a, después de
apoderarse de España, intentar tomar la plaza de Gibraltar y que para ello los
galos ocuparían los puntos de la costa africana que considerasen más adecuados
para conseguir Gibraltar y bloquear la entrada de víveres y armas en enclave
inglés”. Ante esa supuesta invasión del peñón, los británicos “consiguieron
atraerse la voluntad del primer ministro del sultán, Sid Mohammed El Selagui,
al que reglaron doce mil duros para que convenciera al rey de Marruecos de la
cesión de la isla del Perejil a manos británicas. Según este documento fechado
en 1931, “de esta manera consiguieron que el sultán les concediese
sigilosamente la isla, de la cual tomaron posesión”, aunque posteriormente el
rey de Marruecos, tras “convencerle el cónsul general español en Marruecos,
dándose cuenta del peligro al que se exponía” dio marcha atrás en la cesión de
Perejil a Reino Unido.
Para Javier Gil, los
ingleses ocuparon la isla persiguiendo varios objetivos: “El primero, que en
caso de guerra con España o con Francia, tuviese el control del tráfico
marítimo del Mediterráneo, lo que suponía dar un golpe en la mesa; y el
segundo, atacar las posiciones de España en África incluida Ceuta”.
Diferentes fuentes también
coinciden en que la Junta de Cádiz estableció en el islote una guarnición con
el objetivo de vigilar el paso de las naves napoleónicas por el Estrecho e
incluso apuntan a que poco tiempo después, arribaban a la isla soldados
ingleses de Gibraltar “para reforzar a las fuerzas españolas”. España llegó a artillar (armar de artillería)
y efectuar algunos trabajos de defensa en el pequeño islote.
En 1813, Fernando VII dio la orden de “evacuar
la isla por razones económicas”.
Nuevo
intento por parte de Reino Unido
El 13 de febrero de 1824,
el cónsul de España en Marruecos, Alejandro Briarly remitía un despacho al, por
aquel entonces secretario de Estado de Fernando VII en el que informaba que el
cónsul británico en Marruecos se había trasladado a la Corte de Fez para
solicitar al sultán, Mulay Abderraman la “adquisición” de la isla Perejil.
Aunque no contaba con mucha más
información, aseguraba que “la respuesta marroquí ha sido favorable”.
El conde de Ofalia (secretario
de Estado de Fernando VII) respondía al cónsul español el 4 de marzo, “dándole
órdenes, de parte del rey, de ponerse de acuerdo con cónsul de Francia en
Marruecos para conjuntamente impedir que tenga lugar la expresada concesión”.
Siguiendo las directrices
dadas en ese último escrito, el cónsul español mantiene una reunión con su
homólogo francés, y “éste le ha comunicado que ya ha pedido explicaciones al
sultán”.
El diálogo bilateral entre
España y Francia continuó en días sucesivos. El 20 de marzo el conde Ofalia
remite al duque de San Carlos, embajador español en Francia con la intención de
que “presione desde París para que el gobierno francés incremente sus esfuerzos
y no llegue a producirse la cesión de Perejil a los ingleses”. La respuesta de
Francia es que su “el ministro de Asuntos Exteriores, el vizconde de
Chateaubriand también ha tenido noticias sobre la cuestión de Perejil y se
propone escribir al embajador de Francia en Gran Bretaña, el príncipe de
Polignac para que pida en Londres una explicación”.
El sultán marroquí envía
una carta en la que reconoce “la importancia de esta isla”, pero zanja la
polémica afirmando que no se cederá a ninguna potencia “aún, cuando nos diesen
los tesoros que serían necesarios para cubrir el espacio que hallo en el globo
mirado de Levante a Poniente”.
Pese a esta declaración, el
cónsul español duda de las intenciones de Marruecos y afirma en un despacho
“tener el convencimiento, apoyado en los movimientos militares de los ingleses
en la zona, que la isla ha sido cedida secretamente a Inglaterra”. El
Ministerio de la Guerra decide, en previsión de posibles acontecimientos,
“reforzar la guarnición de Ceuta y proporcionarle los auxilios que pueda
necesitar”. Finalmente, destaca el estudio ‘La isla Perejil, la perla
decimonónica del Mediterráneo’, que los ingleses no ocuparon el islote.
Javier Gil, entre sus
conclusiones afirma a ‘CEUTA REPORTAJES’ que “la determinación inglesa, supuso
que España se pusiera las pilas y consiguiera que el islote no fuera ocupado”.
Insistencia
inglesa
La insistencia por parte de
Reino Unido de ocupar la isla del Perejil no cesó, y volvió a intentarlo tanto
en 1831 como en 1833. Es precisamente este año cuando el gobernador de Ceuta,
Francisco de Haro asegura en un documento oficial que “el gobierno inglés ha
vuelto a solicitar al sultán la cesión de la isla Perejil prometiendo en
recompensa fortificar los puntos de la costa que más lo necesiten para su
defensa”. Según este mismo escrito, el
sultán “se negó a aceptar la proposición inglesa”.
El gobernador de Ceuta ante
la presión inglesa decide acercarse a la isla, aunque sin desembarcar en ella,
y certificar su posición estratégica. Así lo narra en un despacho remitido al
ministro de la Guerra: “Con las precauciones debidas, para evitar toda sospecha
a los moros vecinos, me embarqué en una de las falúas del servicio de sanidad
en este puerto. Sin desembarcar en dicho punto tuve ocasión de cerciorarme de
la ventajosa situación topográfica que ocupa, no quedando duda que una vez
dueños los ingleses de dicha isla, lo serían de todo el mar del Estrecho,
puesto que los buques que van y vienen por el mismo tienen por necesidad que
pasar muy inmediatos y casi todos bajo del tiro de cañón”.
En ambos casos, las
gestiones por parte de Reino Unido no pasaron de ser meros intentos por hacerse
con el control de ‘Perejil’.
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