lunes, 26 de agosto de 2019

ALFONSO MURUBE: EL ‘DESCONOCIDO’ FUTBOLISTA Y MILITAR QUE DA NOMBRE AL ESTADIO



Aunque da nombre al estadio ceutí desde hace más de 75 años, Alfonso Murube Yáñez- Barnuevo y Miura es una figura desconocida (o al menos poco conocida) para la gran mayoría de la de los ceutíes. Salvo algunos datos aportados por el investigador Francisco Sánchez Montoya, poco más  se conocía del jugador nacido en Utrera (Sevilla).
Precisamente, un historiador de su localidad natal, motivado por la curiosidad, ha indagado sobre el pasado de Alfonso Murube. Por casualidad, supo que había nacido en Utrera, pero sin embargo no era un personaje conocido en la población sevillana; por lo que comenzó a investigar sobre su figura: “Se me despertó la curiosidad –expone Antonio Boje- porque además de historiador soy aficionado al CD Utrera. Hace dos o tres años me llamó la atención el nombre del estadio del Ceuta porque Murube es un apellido destacado, ya que fue una ganadería de toros bravos; y me pregunté si podría ser utrerano”.  Su intuición no le falló, y descubrió que “ciertamente” nació en Utrera en el año 1913.

Trayectoria deportiva

Según el historiador Antonio Boje, Alfonso Murube Yáñez-Barnuevo inició su etapa futbolística en el Utrera Balompié, equipo que afirma “nada tiene que ver con el actual club”. Posteriormente, militó en dos equipos extremeños: Deportivo Extremeño (Badajoz) y Deportivo Balompié Don Benito. En 1928, con tan sólo 15 años, fichó por el Real Valladolid. Fue el año de la fundación del equipo pucelano. Pese a su corta edad -explica Antonio Boje- le hicieron ficha profesional. Tras su paso por el club blanquivioleta, llegó a Ceuta. Primero jugó en el Ceuta Cultura Sport Ceutí, donde permaneció dos temporadas. Ya en 1932 recaló en el Ceuta Sport (club surgido de la fusión del Ceuta FC y el Cultura Sport Ceutí). Allí “jugó cuatro temporadas y la quinta no la llegó a empezar porque estalló la Guerra Civil”, expone el historiador Antonio Boje, quien le define como “un centrocampista de gran técnica, que era muy fino jugando”.

Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta

Como consecuencia del inicio de la Guerra Civil, Alfonso Murube se vio obligado a abandonar el fútbol: “El comienzo de la contienda le pilla en Ceuta y pasó de ser futbolista a militar, ingresando en el bando nacional”. Podría haber pertenecido a la Falange (sección de Ceuta), aunque no hay documentación que lo acredite. Otra hipótesis –tampoco confirmada- es que se viera obligado a combatir por miedo a ser arrestado. Alfonso Murube formó parte de las Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta, llegando a alcanzar la graduación de Teniente. El futbolista utrerano participó de forma activa en el conflicto bélico. Su muerte, el 16 de abril de 1938, se produce en el frente de Aranjuez, aunque otras fuentes le sitúan en el de Guadalajara.


Estadio ‘Alfonso Murube’

Cuatro años después de su muerte, la directiva de la SD Ceuta (anteriormente Ceuta Sport) solicitó al Ayuntamiento que el estadio de fútbol construido en 1933 bajo el nombre de ‘Campo Municipal de Deportes’ (también era conocido como ‘Docker’ por un campamento militar sanitario ubicado en la zona) pasara a denominarse ‘Alfonso Murube’ en honor al futbolista y militar nacido en Utrera. Desde la corporación se accedió a la petición otorgando su nombre a unas instalaciones deportivas que curiosamente habían sido inaugurados bajo el mandato del alcalde socialista David Valverde Soriano, quien fuera fusilado el 20 de enero de 1937 tras un bombardeo por parte de la aviación republicana sobre Ceuta. El 27 de septiembre de 1942 se jugó el primer encuentro oficial bajo la denominación de ‘Alfonso Murube’ coincidiendo con el inicio de la temporada 1942-1943. La SD Ceuta se enfrentó al CD Málaga. Curiosamente el cambio de nombre pasó prácticamente desapercibido para la prensa de la época que no hizo referencia al mismo. Sólo en un artículo en el que se enumeraba a los equipos que conformaban la categoría en la que militaba el equipo ceutí, figuraba el nombre del estadio. 


Para Antonio Boje el hecho de luchar en el bando franquista fue lo que provocó que se propusiera su nombre al Ayuntamiento, por lo que sostiene que “más que por méritos deportivos fue por sus méritos como militar en el lado nacional”.


“Eran principios de los años 40 –añade- y el franquismos se estaba involucrando en todos los aspectos de la sociedad y no podía dejar el fútbol, por lo que tener un estadio con el nombre de un militar franquista, que había fallecido defendiendo la patria y que también fuera futbolista, era una gran oportunidad”, reflexiona el historiador sevillano, quien entiende que “lo lógico es que si hubiesen tenido que elegir el nombre de un futbolista para el estadio, fuese el de un ceutí y no uno de alguien que viniera de fuera y que apenas estuviera jugando cuatro o cinco años en Ceuta”.  
De ser cierta la teoría de Antonio Boje , el historiador no duda en afirmar que se estaría incumpliendo la Ley de la Memoria Histórica (52/2007 de 26 de Diciembre).
En el año 2015, a instancias de Coalición Caballas se debatió en sesión plenaria el cambio de denominación del estadio ceutí. La formación localista reflejaba en su propuesta que “resulta sorprendente que el estadio de fútbol más importante de la ciudad, de titularidad municipal, lleve el nombre (Alfonso Murube) de una persona cuyo único mérito reconocido sea haberse alistado a las fuerzas falangistas para participar activamente en el golpe de estado contra el régimen republicano constitucional, siendo futbolista del equipo local”. Desde Caballas se propuso el nombre de Mohamed Alí Amar ‘Nayim’. La iniciativa parlamentaria fue rechazada (12 votos a favor y 13 en contra) por lo que la propuesta no salió adelante.


Meses después, Caballas insistía en el asunto, registrando una interpelación en la que afirmaba que se estaba incumpliendo la Ley de Memoria Histórica. El Gobierno presentaba un informe técnico en el que se recogía que “Alfonso Murube fue un jugador muy querido en Ceuta”. El presidente de la Ciudad, Juan Vivas respondía a Caballas asegurando que  "no podemos estar constantemente abriendo las tumbas de la Guerra Civil". El jefe del Ejecutivo autonómico afirmaba también que la mayoría de los ceutíes no relacionan el 'Alfonso Murube' con la Guerra Civil, y desmentía que se estuviese infringiendo la Ley de Memoria histórica, argumentando que la citada ley “recoge en su art.15.2. que se excluyen de ella, al tratarse de un recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados”.

Utrera

La figura de Alfonso Murube Yáñez- Barnuevo tampoco es ni conocida ni reconocida en su ciudad natal: “Ni siquiera en los ámbitos futbolísticos”, reconoce Antonio Boje, quien afirma que incluso “la gran mayoría desconoce que el estadio de Ceuta lleva el nombre de un paisano nuestro”.

El nombre de Alfonso Murube, independientemente de si reuniera méritos o no; o de si se le relaciona o no con la época de la dictadura franquista, está vinculado al fútbol de nuestra ciudad por el simple hecho de que el estadio lleva su nombre desde hace casi 80 años.  

miércoles, 22 de mayo de 2019

EL ARTE DE MEZCLAR ESPECIAS

Por su colorido y por la combinación de aromas que desprenden las especias, es uno de los puestos más llamativos del mercado central. A todo ello, hay que unir la experiencia adquirida a lo largo de décadas. De hecho, son ya tres generaciones las que han regentado ‘Especias Musa’, esta pequeña tienda dedicada desde sus inicios a la venta (y tratamiento) de condimentos naturales. Actualmente, Mustafa Ahmed está al frente del negocio. Antes lo estuvieron su bisabuelo y durante muchos años, su padre, Musa Moisés (por él, el nombre del puesto), quien empezó poco después de la conclusión de la Guerra Civil. Primero estuvo ubicado en los bajos del mercado, y después fue trasladado a la primera planta. Allí permanece desde entonces. Musa Moisés ya se jubiló, pero continúa yendo cada día a visitar a su hijo. Desde una silla colocada cerca de la pequeña tienda, sigue la evolución de un negocio al que ha estado dedicado prácticamente toda su vida. Su hijo, Mustafa Ahmed también: “Empecé viniendo al puesto con mi padre cuando tenía 9 años”, cuenta Mustafa, quien presume de que los conocimientos sobre el tratamiento de las especias lo ha ido adquiriendo con el paso del tiempo. Ha sido un aprendizaje heredado de su padre, gracias a que “siempre nos hemos dedicado a este negocio”. Reconoce que “ha habido momentos muy difíciles en los que las ventas bajaban mucho”, pero “hemos aguantado”, expone satisfecho.  
Las características más importantes de las especias deben ser “el sabor, el olor y la textura”, explica Mustafa Ahmed, quien destaca la “excelente y buenísima calidad” de sus productos. Una de las claves puede estar en la forma de moler los granos. Lo hacen de forma artesanal. Como antaño. “Los molemos nosotros, ya que tenemos un método propio de picadura. Hay que hacerlo en pocas cantidades y en frío, para sacarle el mayor provecho”. Un proceso, que asegura Mustafa, influye en el sabor. Pero también, la conservación: “El grano debe estar bien mantenido y cuidado, si no pierde calidad”.
Entre las especies más utilizadas o demandadas están “la pimienta, el comino, el jengibre, el pimentón y la cúrcuma”.

Fórmula secreta

Las especias por sí solas, aportan sabor. Y la mezcla de varias de ellas, mucho más. Ahí es donde es esencial el conocimiento y la experiencia de quien realiza la combinación. Es todo un arte. La medida o el peso exacto de los distintos condimentos crean un conjunto de sabores que se transforman en uno sólo, y que es fundamental para el resultado final del plato. Es cuestión de encontrar el sabor perfecto. 
Un claro ejemplo es la mezcla que se suele utilizar para aliñar los pinchitos morunos. No todas tienen el mismo sabor, e incluso olor. Depende de la forma en la que se haga la combinación. Y no sólo es cuestión de cantidades, sino también de la elección de las especias, porque se suele elaborar de varias maneras. Aunque hay una serie de condimentos que forman la base, cada uno suele aportar su experiencia. En el caso de Mustafa Ahmed, la sigue preparando como “toda la vida”. Los ingredientes básicos son “pimienta, comino, jengibre, cúrcuma, pimentón (uno especial para esta mezcla) y el picante”. La cantidad de este último condimento varía “según el punto que el quiera el cliente”, explica Mustafa que reconoce que añade dos especias más, pero que prefiere no desvelar. Y es que la fórmula es un “secreto”. Por ello, “nunca damos a conocer ni la totalidad de los ingredientes ni la dosificación de cada especia”.  
Esta combinación, popularmente conocida como la de los pinchitos, es -reconoce Mustafa Ahmed- la “más vendida”. Evidentemente, no es la única mezcla que elaboran en ‘Especias Musa’: “Hacemos una que sirve para todo tipo de guisos, pero también algunas específicas para carne, pescado, para platos hindúes o árabes”. Pero, entre todas ellas, hay una que podemos catalogar como la mezcla estrella. Se denomina ‘Ras El Hanout’ (traducido significa lo mejor de la tienda) y para su elaboración se utilizan un total 30 especias. Entre ellas, jengibre, nuez moscada, clavos, anís estrellado, canela o tallos asiáticos; que aportan un sabor agridulce.
Es muy importante la materia prima, y por ello Mustafa Ahmed insiste en la calidad de las especias, cuya procedencia es muy variada: “Las traemos de diferentes partes del mundo. Últimamente están llegando mucho de Brasil, que le está haciendo la competencia a Oriente. De Marruecos, también traemos varias; pero hay otros muchos países como Vietnam, Egipto, La India, China, Paquistán o Turquía que nos ofrecen un muy buen producto”.
Aunque las especias también se utilizan por sus propiedades medicinales, el principal uso es el gastronómico. Y Mustafa Ahmed aporta un consejo muy útil y que repercute en el resultado final del plato: “Las especias hay que echarlas casi siempre cuando se esté cocinando, ya que si se hace después, las cantidades deben ser menores porque si no el sabor es mucho más fuerte”.
Ceutíes, pero también clientes peninsulares e incluso del extranjero acuden al puesto de ‘Especias Musa’ que, especialmente para los foráneos, supone un atractivo más en su visita al mercado central. Allí, Mustafa Ahmed demuestra su experiencia y sabiduría en el sector de las especias. Un mundillo que “hay que amarlo y sentirlo”. Y sus clientes, pueden dar fe de ello.   

domingo, 24 de marzo de 2019

65 AÑOS DEL HUNDIMIENTO DEL DRAGAMINAS 'GUADALETE'


Ocurrió el 25 de marzo de 1954. Los ceutíes, que aún recordaba la tragedia registrada cinco años antes con el hundimiento de tres pesqueros que se saldó con 64 víctimas mortales, volvían a conmocionarse con un nuevo episodio en el que la bravura del mar provocaba que Ceuta volviese a teñirse de luto. El dragaminas ‘Guadelete’ se hundía en el Estrecho de Gibraltar (a 19 millas del puerto de Ceuta y 30 al sur de Marbella). En esta ocasión, el enfurecido mar acababa con la vida de 34 de los 78 marineros que componían la tripulación. Sólo se pudieron rescatar 12 cuerpos. Hubo 44 supervivientes. Pese al temporal, el buque –impulsado a vapor- zarpó del puerto ceutí, donde tenía su base, rumbo a Melilla. Entre sus escalas figuraban Larache o las islas Chafarinas, destinos que formaban parte de las labores de supervisión. Una travesía de 120 millas, que nunca llegó a cubrir. Eran tareas rutinarias. Por eso, pocos entendieron que el dragaminas de la Armada se arriesgase a navegar en las condiciones en las que se encontraba el mar. El naufragio se produjo poco después de las seis de la tarde. 20 horas después de partir del puerto ceutí. El hundimiento del ‘Guadalete’ supuso una importante tragedia, pero el régimen franquista evitó que tuviera una importante difusión. No se ocultó, pero no tuvo el eco que la noticia y las víctimas se merecían. De hecho, el diario ABC no incluyó en su portada este suceso. La información se publicó en páginas interiores. 

Informe

Días después del suceso, el teniente de navío José María González de Aldama, quien aquella trágica noche estaba al mando del ‘Guadalete’, elaboró un informe dirigido al Ministerio de Marina en el que exponía lo ocurrido. El citado documento fue rescatado hace algunos años por el capitán de fragata Luis Mollá Ayuso. En el mismo, José María González de Aldama refleja que el dragaminas partió del puerto de Ceuta a las 22,00 horas del 24 de marzo de 1954. Cuando lo hizo, el estado del mar era de “marejadilla” y soplaba “viento fresco del este”. Tras superar la zona de Punta Almina, el buque ya comenzó a sufrir seriamente las consecuencias del temporal. Pasada la medianoche, el comandante del ‘Guadalete’ –según el informe- se vio obligado a variar el rumbo ante el estado e intensidad del mar. A las 03,10 horas el jefe de máquinas ya comunicó al comandante que el carbón era “todo tierra”. Esa mala calidad impedía que el buque pudiera mantener una potencia mínima para hacer frente a las olas sin perder el control. No le faltaba razón porque el dragaminas quedó varias veces “atravesado”.
Sobre las cinco de la madrugada, según el informe remitido al Ministerio de Marina, el buque cambió su rumbo dirigiéndose al cabo de Tres Forcas para fondear en Cala Tramontana. En ese momento, las olas superaban los diez metros de altura y el viento soplaba entre los 70 y 80 nudos.


Tras una madrugada infernal, González de Aldama reconoce que se planteó la posibilidad de regresar. El informe indica que el barco quedó hasta en tres ocasiones “atravesado”. La primera, a las siete y media de la mañana, cuando se intentó virar 180º. A media mañana, la situación era insostenible. El temporal seguía causando estragos en el barco que ya padecía la entrada de agua por diferentes puntos.
Según explicó José María González de Aldama, a las 13,10 horas se avistó a lo lejos una corbeta. Posiblemente, a tenor de lo escrito en el cuaderno de bitácora, se trataba de un buque con bandera “inglesa” que emitió señales luminosas. Desde el ‘Guadalete’ le comunicaron que se encontraban en una “situación apurada” requiriendo la necesidad de ser remolcado. No hubo respuesta. Tampoco por parte de un mercante que, horas después, navegaba por la zona. 

Pasada las tres y media de la tarde, las máquinas dejaron de funcionar, lo que hizo que el ‘Guadalete’ se quedara sin control y a merced del mar: “A las 15.35 horas se pararon las máquinas de nuevo por falta de presión, esta vez definitivamente. El 2º me comunicó que los marineros que achicaban la caldera de proa no daban de sí lo suficiente para disminuir el nivel del agua. Teníamos en cubierta toneladas de agua, quedando solamente en marcha el grupo emergencia diésel, que era el que suministraba fuerza a la radio y luz al barco”.
El transbordador Virgen de África zarpó de Algeciras en su búsqueda, pero se vio obligado a regresar ante el riesgo existente. Tras horas de intensa lucha contra las olas y la bravura del mar, el comandante González de Aldama ya comenzaba a asumir la dificultad que entrañaría llegar a tierra. Todo “estaba perdido” -reflejó en el informe- por lo que comunicó a sus hombres que se refugiaran en cubierta. El naufragio parecía inevitable: “El buque escoraba ya unos 30 grados. Le ordené (al contramaestre) preparar las balsas para poderlas echar al agua cuando el barco se hundiese.  Le ordené también que rompiese con hachas todo lo que quedase a bordo de madera y lo preparase para lanzarlo al agua. Lo hizo, poniendo al lado de la chimenea todos los enjaretados de duchas y retretes, todos los tableros del puente y todas las sillas y maderas”.
La tripulación se vio obligada a abandonar el barco. Y así lo ordenó el comandante José María González de Aldama: “Estábamos dentro del puente el almirante Miranda, el segundo y yo completamente solos. Ambos me dijeron que ellos no se tirarían al agua si yo no lo hacía y que por favor no intentase ninguna tontería”.
Pocos minutos después de lanzarse la tripulación al mar, el ‘Guadalete’ se hundió: “No hacía ni unos minutos que habíamos abandonado el buque cuando lo vimos irse a pique. La mar nos había separado de él unos 50 metros y se deslizó de popa escorado 90 grados a estribor, y desapareciendo en muy pocos instantes”, reflejó González de Aldama en el informe.

Rescate

Los tripulantes que sobrevivieron al naufragio tuvieron que luchar contras las inmensas olas y el frío. Tras más de dos horas en el mar, recobraron la esperanza gracias a la presencia de un mercante de bandera italiana, el ‘Podestá’, que permaneció en la zona mientras los marineros, dispersos en el agua, lograban con muchas dificultades alcanzar el buque. Desde el barco se lanzaron las denominadas escaleras de gato por babor y estribor. 44 marineros lograron salvar sus vidas. Al día siguiente, el destructor ‘Císcar’ rescató seis cadáves, mientras que otros cinco cuerpos fueron encontrados en el Mediterráneo, de los que sólo cuatro pudieron ser identificados antes de ser enterrados en mayo de 1954 en el cementerio de Santa Catalina (Ceuta). El hundimiento del ‘Guadalete’ se saldó con 23 desaparecidos y 11 fallecidos.


Testimonio

Eumenio Fernández Prieto fue uno de los cuarenta y cuatro que lograron salvar su vida tras el hundimiento del ‘Guadalete’. Tenía 21 años cuando sucedió aquella tragedia. Formaba parte de la tripulación como marinero especialista. Nacido en Ceuta, narraba en Radio Ceuta (Cadena SER) su vivencia: “Entré de guardia a las doce de la noche, y recuerdo que nada más pasar los isleos de Santa Catalina, el temporal ya nos estaba dando la paliza. De los golpes de mar, el agua entraba por todas partes”.
El barco se hundió muy rápido. Tenía tanta agua dentro que se fue al fondo como una piedra. Menos mal que no chupó y nos arrastró hasta el fondo”.
Horas antes del naufragio, los tripulantes tenían claro que tarde o temprano el ‘Guadalete’ acabaría hundiéndose: “A las siete de la mañana el barco estaba casi sin gobierno. Desde hacía horas el agua entraba y se quedaba retenido en el interior del barco, que debido a los golpes de mar había perdido varios botes. Sólo quedó una balsa que permitió que se salvaran varias personas. Antes de que se hundiera, ya llevábamos dos horas esperando en el puente a que en cualquier momento tuviéramos que lanzarnos al agua. Aguantamos todo lo que pudimos. No teníamos otra opción, salvo permanecer en el barco todo lo que pudiéramos”.
Eumenio no se tiró al agua, sino que “me caí”. Allí permaneció “más de tres horas” hasta que “llegué al mercante italiano que no podía acercarse hasta nosotros. No podía maniobrar ni echar botes, por lo que éramos nosotros quienes teníamos que llegar al barco, como pudiéramos”.
No fue fácil. “Estaba lloviendo y hacía un frío intenso”, explica Eumenio Fernández, quien recuerda que junto a un compañero “me agarré a un enjaretado de madera”. “Él iba –continúa- en camiseta y yo en pantalones cortos”. Ambos, sin soltarse, luchaban contra las olas: “Subíamos y bajábamos. Cuando estábamos arriba aprovechábamos para mirar, y a lo lejos vimos un barco”.
En plena lucha por la supervivencia, alcanzaron la proa del mercante: “Algunos subieron por la escalera de gato, pero nosotros llegamos justamente a la altura del ancla”, rememora Eumenio Fernández,  a quien no le fue sencillo subir a bordo del barco: “Me echaron un cabo, pero entre el principio de hipotermia que sufría y que tenía los dedos agarrotados de estar enganchado a la madera, cuando me empezaron a subir y saqué parte del cuerpo del agua, me volví a caer. A mi compañero le echaron un cabo con un salvavidas circular, y pudieron subirlo. Después me lo echaron a mí, conseguí meter los brazos y me subieron. Cuando llegué a la cubierta, me di por salvado”
Ya a bordo del ‘Podestá’, lo primero que hizo Emenio fue buscar calor: “Estaba temblando y me situé en las inmediaciones de la caldera. Allí estuve un tiempo hasta que noté que el barco estaba navegando y me reencontré en un salón con mis compañeros a los que abracé”. Y no pudo evitar llorar.
El mercante puso rumbo al puerto de Gibraltar. Después, los supervivientes fueron traslados a Algeciras. Algunos fueron ingresados en el hospital y otros permanecieron en un hotel hasta que “un barco de guerra nos llevó a San Fernando”. 
Se les dio opción de elegir destino, pero sin embargo, en el caso de Eumenio Fernández, la Armada desestimó su petición y le asignaron otro dragaminas con base en Ceuta.
A la hora de analizar qué ocurrió aquel trágico día, Eumenio Fernández considera que fueron muchos los motivos que provocaron el hundimiento del ‘Guadalete’. El primero, el “haber salido a navegar aquel día con el temporal”. Además, “íbamos con más dotación de la cuenta, ya que íbamos a trasladar a Melilla a varios soldados que se habían licenciado”. Y otro de los motivos que pudieron influir fue “el mal estado del barco”.

“Nos prohibieron hablar”

Tras el hundimiento del ‘Guadalete’, la Armada prohibió que la tripulación hiciera cualquier declaración pública sobre lo sucedido: “Nos dijeron que no habláramos con la prensa y en aquel tiempo no se podía hablar. Lo que decían había que cumplirlo, y más si éramos militares”, afirma resignado Eumenio Fernández que durante décadas guardó un respetuoso silencio.
El mismo tiempo que tardó la Armada en reconocer a los supervivientes del dragaminas. Quizás llegó demasiado tarde. Sobre todo, porque muchos de los que lograron salvar su vida aquel 25 de marzo de 1954 no pudieron disfrutar de ese merecido homenaje.  65 años después de aquel trágico naufragio, la Comandancia Naval de Ceuta ha vuelto a recordar a las víctimas mortales y destacar la lucha contra la ferocidad y crueldad del mar por parte de los héroes anónimo que conformaban la tripulación del ‘Guadalete’.

sábado, 23 de febrero de 2019

DOS CEUTÍES, TESTIGOS DEL HISTÓRICO 23 F


Fueron una horas de mucha incertidumbre. Aquel 23 de febrero de 1981, los ceutíes, al igual que el resto de españoles, estuvieron muy atentos a lo que ocurría en el interior del Congreso de los Diputados. A las 18,00 horas, se inició  la segunda votación para la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados, después de que dos días antes no obtuviera la mayoría suficiente. En plena votación, un grupo de doscientos guardias civiles (algunos armados) irrumpió en el hemiciclo. Al frente estaba el teniente coronel Antonio Tejero, que arma en mano y gritando “¡Quieto todo el mundo!", ordenaba que todos se tiraran al suelo.​ Así comenzaba este intento de golpe de Estado que resultó fallido.
Dos ceutíes fueron testigos directos de aquel histórico episodio. Francisco Olivencia Ruiz, diputado por Ceuta (UCD) y Manuel Chaves González, diputado por la circunscripción de Cádiz (PSOE), vivieron, desde sus respectivos escaños, aquel inquietante 23 F.


Francisco Olivencia: “No olvidaré que aquel día tuve que ir al servicio con una metralleta en la espalda”

Francisco Olivencia (1934-2019) reconocía hace algunos años en Radio Ceuta (Cadena SER) que “lo viví y no lo olvidaré”. “Era un lunes –rememoraba-, caso absolutamente inusitado porque las sesiones del Congreso empezaban los martes, pero la semana anterior, Calvo Sotelo no sacó la mayoría suficiente y se convocó una sesión cuarenta y ocho después”.
“Estábamos votando –exponía Olivencia- la investidura de Calvo Sotelo como presidente del Gobierno, y en un momento dado, yo estaba próximo a votar, se oyó un ruido en el pasillo. Como había obras, yo pensé que sería un tablón que se había caído, pero por lo que se ve fue un disparo”.
La entrada de Antonio Tejero al hemiciclo, arma en mano, fue “un momento difícil”. Francisco Olivencia le reconoció “enseguida” porque “había estado implicado anteriormente en un esbozo de golpe de Estado”. Aunque podía haber cierta confusión, los parlamentarios no tardaron en darse cuenta de lo que realmente ocurría: “A mi lado había un diputado de Ciudad Real, Pedro Menchero, que ante la exclamación de otro diputado cercano que dijo ¡Pero esto qué es! Con una voz serena contestó: pues no lo ves, un golpe de Estado”, recordaba Olivencia, quien asegura que esa calma con la que respondió “me sorprendió”.
Tras el famoso e histórico grito de Antonio Tejero de “todos al suelo” los diputados “nos lanzamos al suelo cuando empezaron los tiros”, explicaba Francisco Olivencia, varias décadas después del 23 F, tenía una mezcla de sensaciones sobre aquel suceso vivido en el Congreso de los Diputados: “Tuvo su parte jocosa, pero fue desagradable en ese momento”.

Sin duda, el momento más tenso fue cuando comenzaron los disparos. Algunos diputados pensaron que sus vidas corrían peligro: “Un compañero de escaño me dijo que estaban disparando por filas, y le contesté que no podían matarnos porque eran Guardias Civiles”.
¿Qué se le pasó por la Cabeza a Francisco Olivencia cuando se confirmó que se trata de un golpe de Estado?: “Pensé muchas cosas. Me preguntaba qué iba a pasar con el futuro de España, qué estaría ocurriendo fuera porque Tejero decía que tenía el apoyo de diferentes Regiones militares. Después supimos que no era cierto, pero en ese momento me planteaba muchas preguntas”.
Horas después, gracias a “un pequeño transistor que había conseguido Abril Martorell (UCD), íbamos teniendo algunas noticias”. Entre ellas que “el rey había hablado por televisión y que se estaba negociando”.
Fueron dieciocho horas de mucha tensión. Francisco Olivencia reconocía que se “nos hizo muy largo”. Inquietud que, sin embargo –confesaba- no le impidió dormir “tres o cuatro horas tranquilamente”. 


Uno de los inconvenientes con el que se encontraron los diputados durante el tiempo que permanecieron en el Congreso fue la falta de tabaco: “Por aquel entonces su fumaba en el hemiciclo. La abstinencia sumada a la intranquilidad por lo que estaba pasando, nos tenían algo nerviosos. Nos trajeron unos cartones de tabaco ruso que tenía el Grupo Comunista en su secretaría. Me hice con un paquete y me tranquilicé”.
Entre los muchos momentos vividos aquel 23 F, hay uno que -según reconocía Francisco Olivencia en la Cadena SER- no había olvidado: La de ir al servicio “con una metralleta a la espalda”.
Poco antes del mediodía (11:50 horas) del 24 de febrero de 1981, los diputados y los periodistas que permanecían encerrados desde el día anterior, comenzaron a abandonar el Congreso. Lo primero que hizo Francisco Olivencia fue “ir a buscar a mi mujer”. “Teníamos –añadía- un pequeño apartamento muy cerca del Congreso, pero allí no estaba. Cuando la encontré, ya me contó cómo se había vivido desde fuera”.
Para Francisco Olivencia, el hecho de que el intento de golpe de Estado se llevara a cabo el 23F, le hizo pensar que “era imposible que estuviera preparada mucho antes porque era imprevisible que aquel día hubiera sesión en el Congreso”. Por ello, pensaba que “fue repentinamente preparado por Antonio Tejero”.
​En cuanto a si se ha contado toda la verdad sobre el 23 F, Francisco Olivencia creía que “no”. “De aquella trama y sobre su trasfondo, seguro que queda algo en el aire”, afirmaba,  aunque se mostraba partidario de recordar, pero también decir que ya pasó”.
Años después del 23 F, Francisco Olivencia vivió una curiosa anécdota relativa a aquel histórico hecho: “Durante la celebración de una comunión, en el Casino Militar, se me acercó una persona y me dijo que era uno de los Guardias Civiles que estuvieron el  Congreso. Estuvimos charlando y curiosamente, los que aquel día estábamos en un bando y otro, nos dimos la mano”.


Manuel Chaves: “Pensé que los golpistas estaban dispuestos a todo para lograr sus propósitos”

El que fuera presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves (1945), según publicaba la web ecodiario.eleconomista.es, reconoce que pensó en su familia, en su mujer y en sus hijos, que estaban en esos momentos en Cádiz. Cuando se llevaron a Adolfo Suárez, a Gutiérrez Mellado y a Felipe González, el parlamentario socialista creyó que "los golpistas estaban dispuestos a todo para lograr sus propósitos".
El paso del tiempo, y sobre todo que la “autoridad militar" de la que presumía Tejero en el Congreso no llegaba, hizo que Manuel Chaves comenzara a sospechar que  "algo no estaba saliendo como los golpistas habían pensado”.
El 24 de febrero, cuando los diputados abandonaban el Congreso, Manuel Chaves lo hizo con la sensación de que la democracia española "había superado una de sus pruebas más duras". Por ello, aquel 23 F supuso una “lección de fortaleza para una democracia muy joven después de 40 años de férrea dictadura franquista”.

Anécdota

Quizás llevado por la intuición, en diciembre de 1980, Francisco Olivencia protagonizó una curiosa anécdota que recordaba en la Cadena SER: “Estábamos en una reunión del Grupo Centrista y alguien preguntó si al año siguiente habría elecciones generales anticipadas, y yo contesté que elecciones generales no sé, pero generales sin elecciones seguro”. Sin saberlo, vaticinó un hecho que pasó a la historia y que pudo marcar el futuro de España.

sábado, 19 de enero de 2019

EL ÚLTIMO SASTRE


Hay profesiones que con el paso del tiempo van desapareciendo. Una de ellas es la de sastre. Muy pronto, ’El Dique’ la única sastrería que existe en Ceuta, cerrará sus puertas. Su propietario, Julio García, lleva a más de sesenta años dedicado al mundo textil. La gran mayoría como camisero. A sus 89 años, aunque ya no ejerce, no puede evitar situarse todos los días detrás del mostrador. Lo hace por placer, mientras se produce el cierre definitivo del negocio. Sastrería ‘El Dique’, situada en la calle Jáudenes, dejará de existir en el momento en el que sea vendido el edificio en el que se encuentra ubicada. Atrás quedarán más de seis décadas de historia. Desde su apertura en el año 1956, tras la finalización del protectorado Español en Marruecos, Julio García ha estado ligado a ‘El Dique’. Primero como empleado, y posteriormente como dueño. Pero sus comienzos, como aprendiz, fueron cuando apenas tenía 14 años: “Aún estaba en el colegio, y un día, tras salir de clase, una vecina me propuso entregar los trajes. Me dijo que me pagarían 14 pesetas a la semana, más las propinas que me dieran”, explica Julio García, quien recuerda que en “los primeros días conseguí 21 pesetas de propina porque era un gran sastre y tenía que entregar muchos trajes”. Poco después los dueños de la sastrería le encomendaron nuevas tareas: “Me preguntaron si quería ser sastre y empecé a trabajar como aprendiz. A mí me gustaba el contacto con el público y me encantaba mi trabajo. Me enseñó a cortar camisas, después me fui a Barcelona para perfeccionarme en una academia. Me hice camisero y regresé a Tetuán donde estuve trabajando algún tiempo”.

En el año 1956, coincidiendo con la independencia de Marruecos, los antiguos propietarios de la sastrería decidieron cerrar el negocio en Tetuán y abrir un nuevo negocio en Ceuta. Ahí comienza la historia de ‘El Dique’: “Buscamos un local donde montar la sastrería y encontramos uno en la calle Jáudenes. Era un garaje, pero había que adquirir todo el edificio. Compraron la casa y me pusieron al frente de la tienda”.


Pese al número de sastrerías que existían en la ciudad, ‘El Dique’ –quizás avalado por el prestigio alcanzado en Tetuán- se convirtió en un lugar de referencia dentro del comercio textil. Además, el antiguo propietario solía innovar o seguir las tendencias de la época. Y para mostrarlo al público solía utilizar una técnica muy original y que no olvida Julio García: “Si por ejemplo se llevaban los trajes con abertura atrás, Don José me hacía un traje a medida con todas las novedades. Yo medía 1’81 metros, estaba delgado y tenía buena planta. Me decía que me pusiera el traje y que fuera hasta la Plaza Azcárate y volviese. Por el camino, a la gente le llamaba la atención el traje e iba haciendo propaganda de la tienda. Después se acercaban a la sastrería para encargarlo”.

Los propietarios de sastrería ‘El Dique’, al no tener herederos, decidieron en el año 1975 ceder el negocio a Julio García, quien desde entonces lo ha venido regentando. Ya como dueño, Julio García vivió una buena época en la que “vendía seis camisas diarias. Tenía un taller muy organizado que llevaba mi mujer. Contábamos con cuatro camiseras en la calle y, en mi casa, mi mujer y mis cuñadas hacían dos camisas al día”. Una de las principales características de ‘El Dique’ era la materia prima con la que se elaboraban las camisas: “Compraba seda italiana o popelín inglés”. Además de la calidad de las telas, Julio García también apostaba por ofrecer modelos de camisas distintos a lo habitual: “Era una época en la que todas las camisas eran iguales, por lo que las hacía con cuello cerrado, abierto; o un cuello con las puntas redondas o de punta larga. Iba variando y a la clientela, que era muy buena, les gustaba y me iba pidiendo esas camisas más modernas”.



Entre sus ilustres clientes -asegura Julio García- figuraban el torero Antonio Bienvenida o los periodistas José María Pemán y Matías Prats (padre). Éste último, durante una visita a Ceuta con motivo de un aniversario de la Legión le encargó “doce trajes”. “Me dijo –expone- para mí y mi hijo”. También visitó sastrería ‘El Dique’ el director, guionista y productor cinematográfico Rafael Gil. Precisamente, uno de los trajes que adquirió provocó que le llamara el mismísimo ministro de  Asuntos Exteriores: “Un día suena el teléfono y me dicen que llamaban del Ministerio de Asuntos Exteriores. Yo les dije que se habían equivocado y me respondieron que preguntaban por Don Julio García. Me pasaron al ministro y me encargó que le hiciera dos trajes de tela inglesa, como el que le hicimos a Rafael Gil. Pidió uno en color gris y otro azul marino. No quiso que le enviara una muestra. Cuando ya los había terminado, le envié por Correos los dos trajes y poco después me ingresaron el giro”, cuenta orgulloso Julio García, quien pasará a la historia por ser el último sastre de Ceuta.