sábado, 19 de enero de 2019

EL ÚLTIMO SASTRE


Hay profesiones que con el paso del tiempo van desapareciendo. Una de ellas es la de sastre. Muy pronto, ’El Dique’ la única sastrería que existe en Ceuta, cerrará sus puertas. Su propietario, Julio García, lleva a más de sesenta años dedicado al mundo textil. La gran mayoría como camisero. A sus 89 años, aunque ya no ejerce, no puede evitar situarse todos los días detrás del mostrador. Lo hace por placer, mientras se produce el cierre definitivo del negocio. Sastrería ‘El Dique’, situada en la calle Jáudenes, dejará de existir en el momento en el que sea vendido el edificio en el que se encuentra ubicada. Atrás quedarán más de seis décadas de historia. Desde su apertura en el año 1956, tras la finalización del protectorado Español en Marruecos, Julio García ha estado ligado a ‘El Dique’. Primero como empleado, y posteriormente como dueño. Pero sus comienzos, como aprendiz, fueron cuando apenas tenía 14 años: “Aún estaba en el colegio, y un día, tras salir de clase, una vecina me propuso entregar los trajes. Me dijo que me pagarían 14 pesetas a la semana, más las propinas que me dieran”, explica Julio García, quien recuerda que en “los primeros días conseguí 21 pesetas de propina porque era un gran sastre y tenía que entregar muchos trajes”. Poco después los dueños de la sastrería le encomendaron nuevas tareas: “Me preguntaron si quería ser sastre y empecé a trabajar como aprendiz. A mí me gustaba el contacto con el público y me encantaba mi trabajo. Me enseñó a cortar camisas, después me fui a Barcelona para perfeccionarme en una academia. Me hice camisero y regresé a Tetuán donde estuve trabajando algún tiempo”.

En el año 1956, coincidiendo con la independencia de Marruecos, los antiguos propietarios de la sastrería decidieron cerrar el negocio en Tetuán y abrir un nuevo negocio en Ceuta. Ahí comienza la historia de ‘El Dique’: “Buscamos un local donde montar la sastrería y encontramos uno en la calle Jáudenes. Era un garaje, pero había que adquirir todo el edificio. Compraron la casa y me pusieron al frente de la tienda”.


Pese al número de sastrerías que existían en la ciudad, ‘El Dique’ –quizás avalado por el prestigio alcanzado en Tetuán- se convirtió en un lugar de referencia dentro del comercio textil. Además, el antiguo propietario solía innovar o seguir las tendencias de la época. Y para mostrarlo al público solía utilizar una técnica muy original y que no olvida Julio García: “Si por ejemplo se llevaban los trajes con abertura atrás, Don José me hacía un traje a medida con todas las novedades. Yo medía 1’81 metros, estaba delgado y tenía buena planta. Me decía que me pusiera el traje y que fuera hasta la Plaza Azcárate y volviese. Por el camino, a la gente le llamaba la atención el traje e iba haciendo propaganda de la tienda. Después se acercaban a la sastrería para encargarlo”.

Los propietarios de sastrería ‘El Dique’, al no tener herederos, decidieron en el año 1975 ceder el negocio a Julio García, quien desde entonces lo ha venido regentando. Ya como dueño, Julio García vivió una buena época en la que “vendía seis camisas diarias. Tenía un taller muy organizado que llevaba mi mujer. Contábamos con cuatro camiseras en la calle y, en mi casa, mi mujer y mis cuñadas hacían dos camisas al día”. Una de las principales características de ‘El Dique’ era la materia prima con la que se elaboraban las camisas: “Compraba seda italiana o popelín inglés”. Además de la calidad de las telas, Julio García también apostaba por ofrecer modelos de camisas distintos a lo habitual: “Era una época en la que todas las camisas eran iguales, por lo que las hacía con cuello cerrado, abierto; o un cuello con las puntas redondas o de punta larga. Iba variando y a la clientela, que era muy buena, les gustaba y me iba pidiendo esas camisas más modernas”.



Entre sus ilustres clientes -asegura Julio García- figuraban el torero Antonio Bienvenida o los periodistas José María Pemán y Matías Prats (padre). Éste último, durante una visita a Ceuta con motivo de un aniversario de la Legión le encargó “doce trajes”. “Me dijo –expone- para mí y mi hijo”. También visitó sastrería ‘El Dique’ el director, guionista y productor cinematográfico Rafael Gil. Precisamente, uno de los trajes que adquirió provocó que le llamara el mismísimo ministro de  Asuntos Exteriores: “Un día suena el teléfono y me dicen que llamaban del Ministerio de Asuntos Exteriores. Yo les dije que se habían equivocado y me respondieron que preguntaban por Don Julio García. Me pasaron al ministro y me encargó que le hiciera dos trajes de tela inglesa, como el que le hicimos a Rafael Gil. Pidió uno en color gris y otro azul marino. No quiso que le enviara una muestra. Cuando ya los había terminado, le envié por Correos los dos trajes y poco después me ingresaron el giro”, cuenta orgulloso Julio García, quien pasará a la historia por ser el último sastre de Ceuta. 

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