martes, 17 de febrero de 2015
sábado, 17 de enero de 2015
EL ‘PEQUEÑO NICOLÁS’ DEL SIGLO XVIII, EN CEUTA
El manuscrito ‘Historia de la mui
noble y fidelíssima ciudad de Ceuta’ de Alejandro Correa de Franca es una de
las principales fuentes de información del pasado de Ceuta. Redactado en el siglo XVIII, el original se
conserva en la Biblioteca Nacional; aunque la Consejería de Educación y Cultura
editó en el año 1999 un libro transcribiendo las vivencias recogidas por el
historiador Alejandro Correa da Franca en ese manuscrito que entregó a su
sobrino Melchor Correa da Franca. En el mismo, el autor narra algunos
acontecimientos de la época. Entre esas numerosas historias, figura una que
–salvando las distancias- guarda ciertas similitudes con las protagonizadas por
Francisco Nicolás Jiménez, popularmente conocido como el ‘pequeño Nicolás’.
En mayo de 1749 fue desterrado a
Ceuta un joven italiano, que meses antes había sido detenido tras hacerse pasar
por el heredero del ducado de Módena. Fue recluso en una prisión de Sevilla,
aunque de forma incomprensible gozaba de algunos privilegios.
En su destierro a Ceuta fue enviado
al convento de San Francisco, y al igual que ocurriera en la capital
hispalense, se le otorgó cierta inmunidad. El historiador Alejandro Correa da
Franca hacía referencia en el manuscrito a que el joven -22 años- gastaba en
“limosnas, galanterías y en su lucimiento como si tuviera grandes rentas”.
Las autoridades de la época
mantuvieron en secreto su llegada, pero su presencia no pasó desapercibida, por
lo que comenzó a circular un rumor en la ciudad: había llegado una persona
ligada a la realeza.
El joven mantenía un nivel de vida
alto. En los documentos –narra Alejandro Correa da Franca- firmaba como
Hércules de Este Orleans, y se presentaba ante los ciudadanos como hijo
primogénito del duque de Módena. Aseguraba estar casado con la princesa
heredera, la duquesa de Massa. Su supuesta realeza le abrió muchas puertas, y
algunos comerciantes de la ciudad le ofrecían créditos.
Su falsa personalidad fue descubierta por casualidad en agosto de 1749. ‘La Gaceta ’,
un rotativo de la época, publicaba una noticia en la que informaba sobre un
viaje que el duque de Módena había realizado a la ciudad de Sasuolo acompañado
de su hijo primogénito y de las princesas. El 31 de octubre de ese mismo año,
‘La Gaceta’ hacía referencia al embarazo de la duquesa de Massa. Estaba claro
que el supuesto príncipe no era quien decía ser, dejando en evidencia –afirma
el historiador- “a los codiciosos que le habían franqueado su caudales y a
otros en la duda de la certidumbre de su principado”. Precisamente, un poeta de
la época –con bastante ironía- dejaba constancia de las consecuencias del
engaño del falso príncipe a través de esta poesía recogida en el manuscrito:
“Cavalleros principales
los que al príncipe fiais
decidme cómo hos halláis
con sus ausencias reales,
infelices animales.
Hechos de vn centro de dudas
de qué sirben las ayudas
que Monsieur Latur ha dado
si ha vendido y engañado
al comercio como Iudas […]”
[…] “Chaque, Daza, Ábila y Pérez
(mercaderes)
al príncipe recatado
Liberales han fiado
el todo de sus haueres.
Y aora como mugeres
lloran, que pagar no quiso.
Este castigo preciso
es bien que Dios hos lo mande
y si acaso hos viene grande
Darle a Sagalas y a Viso (sastres)”
A principios de 1750 corrió el rumor
que pretendía huir a la península. Meses después, el falso duque italiano burló
la vigilancia de un buque con bandera de Dinamarca, que partió rumbo a
Gibraltar, cuyo Gobernador al tener conocimiento de la presencia a bordo del
joven, negó su desembarco en el puerto gibraltareño. Finalmente, y según
recogía en su crónica Alejandro Correa da Franca emprendió viaje a Génova y
posteriormente a Roma.
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sábado, 20 de diciembre de 2014
‘CASINO’ DE VILLAJOVITA: LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ
Muchos vecinos y antiguos residentes
de esta emblemática barriada aún recuerdan con cariño -y cierta añoranza- el
antiguo Centro Parroquial, Recreativo y Cultural; conocido popularmente como
‘Casino de Villajovita’. Desde su fundación y hasta su desaparición en la década de los 90,
estuvo ubicado en pleno corazón de la barriada, en lo que años antes fue el
cine ‘Rex’. Durante décadas sirvió de punto de encuentro de vecinos y socios, y
acogió numerosos eventos culturales, deportivos o sociales.
Promovido por un grupo de personas,
vecinos de la barriada que demandaban un lugar de ocio, en el año 1963 se
creaba el Centro Parroquial, Recreativo y Cultural.
El término ‘parroquial’ se incluyó por la implicación de la parroquia San Juan de Dios, especialmente del padre Francisco Almandoz, quien tenía alquilado las instalaciones del antigua cine, cediéndolas para la fundación del ‘Casino de Villajovita’. Poco tiempo después, desapareció la denominación de parroquial. Andrés Gómez, antiguo directivo y persona muy vinculada al centro, recuerda que la idea de crear el centro cultural parte de “diferentes vecinos que solían reunirse en el Bar ‘Toribio’, posteriormente Bar ‘Lesmes’, para echar sus partidas de cartas o dominó. Realizaron diferentes gestiones para ubicar el casino en antiguo cine Rex”.
Entre sus fundadores, y según datos
extraídos del libro ‘Crónicas de Villajovita’, escrito por Miguel Ángel López
Moreno; figuran José Acosta, José
Pendás, José Varea, Manuel Sentís, Alfonso Espinosa ‘el guardia’ o Ramón
Galindo.
El 12 de octubre de 1963 abría sus
puertas el ‘casino’, aunque previamente se había realizado una serie de
reformas en el local, adecuándolo a la idea con la que se ponía en marcha.
“Cuando el viejo Rex quedó en manos de los socios fundadores –recoge el libro ‘Crónicas de Villajovita’-
el ilustre maestro don José Acosta Larios utilizó la pequeña cabina del
proyector de películas para dar algunas clases particulares; debajo de la
cabina se montó un ambigú, en el patio de butacas se colocaron sillas y mesas;
en la plataforma de la pantalla se habilitó un escenario y se colocó un
televisor”.
Poco después, el Centro Recreativo y Cultural comenzó a
conocerse popularmente como ‘casino’. ¿Por qué esa denominación? A juicio de
Andrés Gómez porque “reunía las características de un casino”, aunque matiza
que “el centro no se circunscribía únicamente al juego. Se dotó al local de una
gran una biblioteca; comenzaron a organizarse múltiples actividades y se creó
un grupo de teatro, formado generalmente por vecinos”.
A lo largo de su historia, el
‘casino’ ha contado con varios presidentes. José Pendás fue el primero en
ostentar el cargo. Desde el inicio, tanto él como los integrantes de su junta
directiva mostraron mucho entusiasmo en el proyecto, traduciéndose esa ilusión
en una gran gestión que atrajo a más de un centenar de vecinos. Tras José
Pendás, también ejercieron de presidentes, entre otros, José Acosta, Gregorio
Basurco, Manuel Ramírez, Alfredo Ronda, Juan Checa o Julio Rodríguez.
Televisor
La adquisición de un televisor supuso
un gran acontecimiento para los vecinos puesto que en esa época, según Andrés
Fernández tan sólo había dos en toda la barriada: “Uno estaba en el centro, y
otro lo tenía un vecino llamado Asensio Guerrero, que solía cobrar una peseta o
peseta y media por ver los partidos de fútbol en su casa”. En la década de los
sesenta, en el televisor del ‘casino’ los socios presenciaron corridas de
toros, programas míticos o partidos de fútbol, tal y como refleja Miguel Ángel
López en ‘Crónicas de Villajovita’: “La vieja pantalla del cine se convirtió en
escenario, y sobre él, en lugar preferente, colocaron un televisor de buenas
dimensiones. En esa tele, auténtica ventana a la historia, vimos discurrir
parte de la década. La selección española de fútbol sufrió una dolorosa derrota
frente a Argentina por dos a uno, y quedamos eliminados del Mundial de
Inglaterra. Era el 1966 y entre otros estaban históricos como Gento, Amancio,
Zoco, pero sobre todos, jugaba nuestro ídolo indiscutible: Pirri. […] En ese
televisor del Casino vimos la ascensión y gloria de toreros como el Cordobés y
Platanito, que no paraba de recibir revolcones bajo la voz inconfundible de
Matías Prats”.”
El televisor se convirtió en un gran
reclamo, pero sobre todo en un gran aliciente para los vecinos, provocando que
el ‘casino’ “se viera invadido de solicitudes”. La demanda por parte de los
vecinos solicitando ser socios fue una tónica constante en la historia del
Centro Cultural y Recreativo de Villajovita: “Debido a la capacidad se tuvo que
establecer un cupo máximo de trescientos socios. A finales de los 60 y
principios de los 70 –rememora Andrés Gómez- siempre estaba la pizarra llena de
solicitudes. Además para ser aceptado debía contar con el aval de dos socios.
Generalmente sólo podían acceder vecinos de la barriada, pero existía cierta
flexibilidad con personas que vivían en zonas cercanas como Benítez, Sardinero
o Barrio de las Latas”.
Teatro
El teatro fue una de las actividades
estrella del ya desparecido ‘casino de Villajovita’. Se potenció el arte
dramático con la creación de un grupo teatral formado por vecinos de la
barriada, y fueron numerosas las obras que se pusieron en escena en la década
de los 60 y 70. Todas ellas fueron representadas sobre el escenario del Centro
Recreativo y Cultural, despertando gran interés entre los socios. Entre el
elenco de actores, Pepi y Gregorio Basurco; Alfonso Espinosa (el guardia),
Carlos Luna, Mari Lesmes o Miguel (el de la tienda) entre otros muchos nombres.
Así refleja Miguel Ángel López en ‘Crónicas de Villajovita’ la importancia que
tuvo el teatro en la historia del casino: “A principios de los 60, la tradición
dramática en Villajovita era vieja. En el escenario del viejo Cine Rex ya se
habían representado algunas obras de teatro con un plantel de actores y
colaboradores que surgía del propio vecindario. Por eso, cuando se fundó el
Casino, el 12 de octubre de 1963, la tradición teatral se vertebró como una de
las actividades fundamentales que apoyaron las distintas directivas. Alfonso el
guardia, uno de los socios fundadores, solía ser el abanderado y director de
los asuntos teatrales del Casino. […] Los actores y colaboradores en estas
tareas, todos con una notable afición, eran los propios vecinos del barrio.
Trabajos que organizaban y gestionaban ellos mismos por puro amor al arte,
nunca mejor dicho. Los Basurco, tía y sobrino –doña Pepita y Gregorio- fueron
de los más apasionados y, de una forma u otra siempre estuvieron implicados en
las representaciones que se preparaban”.
Actividades
Las fiestas populares como carnaval o
navidad se vivían de forma especial en el ‘casino’, aunque a lo largo del año
también se organizaban numerosas actividades. Bailes para mayores y pequeños,
fiestas infantiles, escalas en hi-fi y un largo etcétera conformaban la
programación anual del Centro Recreativo y Cultural. Cuando llegaba el período
navideño se preparaban diferentes iniciativas, entre ellas, el baile de Año
Nuevo o la cabalgata de Reyes que recorría toda la barriada. “Teníamos nuestra
propia cabalgata. Hacíamos gestiones –rememora Andrés Gómez- para que el
Ejército nos cedieran caballos y una banda de tambores y cornetas que desfilaba
por las calles. Se preparaba una amplia programación, con muchas actividades
que tenían un sentido lúdico”. El 6 de enero, los más pequeños recibían regalos
de manos de los Reyes Magos. “En el escenario se instalaba una pequeña
tómbola”, recuerda Andrés Gómez, quien también destaca la afición que existía
por el ajedrez. Se impartían clases a los más pequeños e incluso el ajedrecista
Arturo Pomar, gran maestro internacional y varias veces campeón de España,
visitó el ‘casino’: “Fue un gran acontecimiento –explica Gómez- porque en ese
momento era muy popular. Participó en varias partidas con los niños y con
algunos socios”. También Miguel López en ‘Crónicas de Villajovita’ subraya esa
afición ajedrecística que se vivía en el centro: “En la órbita del Casino hubo
ajedrecistas tan buenos que llegaron a alcanzar un nivel reconocido
oficialmente. Entre los mayores estaban don José Acosta Larios y Antonio el
pichi, incluso Miguel Martín, que fue presidente de la Federación de Ajedrez de
Ceuta. Pepito Carracao enseñó ajedrez a los pequeño como Javier Mosteyrín, que
llegó a alcanzar un notable nivel, y a Antoñito Porras”. La sede social del
‘casino’ permanecía cerrada durante la época estival. El ambigú se trasladaba a
la playa Benítez, lugar en el cual se disponía de una especie de chiringuito
-con servicio de duchas para los socios-, en que se realizaban diversas
actividades.
Fin del
‘casino’
Ya en la década de los 90 comenzó el
declive del Centro Recreativo y Cultural de Villajovita, que al igual que otras
entidades ilustres de la ciudad, estaba abocado a la desaparición. No existe
una causa concreta que derivara en su cierre definitivo, quizás fueron varias.
Pero parte del ‘casino’ sigue vivo. Y no solamente en la memoria de los
antiguos vecinos y socios, sino físicamente, puesto que una casa situada en la
zona posterior, guarda el archivo de aquel centro que durante años fue ejemplo
de convivencia vecinal, y de desarrollo de la vida social y cultural.
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lunes, 24 de noviembre de 2014
domingo, 19 de octubre de 2014
CEUTA TAMBIÉN TIENE SU DAMA
No es tan popular como la de Elche, pero Ceuta también cuenta con su dama. Fue creada por el escultor ceutí Ángel Ruiz Lillo (1930-1989), quien no pudo ver cumplido su deseo de que la ‘Dama de Ceuta’ fuera trasladada a su ciudad natal desde Minnéapolis (Minnessota); lugar en el que había fijado su residencia a mediados de la década de los 50. Actualmente, la escultura que Ángel Ruiz Lillo creó como homenaje a Ceuta, se encuentra en paradero desconocido tras ser vendida toda la obra del artista –tal y como quedó reflejado en su testamento- con el objetivo de impulsar una beca que lleva su nombre y que anualmente permite que un joven español realice sus estudios universitarios en Minnesota o un estadounidense lo haga en España.
Ángel Ruiz Lillo
prácticamente desarrolló toda su carrera artística en Estados Unidos, aunque
siempre mantuvo su vinculación con Ceuta, ciudad en la que permanecen sus
raíces familiares y a la que solía viajar cada verano. Tras residir algunos
años en la localidad gaditana de Medina Sidonia, regresaba a Ceuta. A
principios de la década de los 50, y gracias a una beca concedida por el
Ayuntamiento de Ceuta comenzó sus estudios universitarios en la Escuela
Superior de Bellas Artes ‘Santa Isabel de Hungría’ de Sevilla, donde realizó
los dos primeros cursos de una carrera que continuó posteriormente en Madrid;
concretamente en la Escuela Superior de Bellas Artes de ‘San Fernando’. En
1955, Ángel Ruiz Lillo regresaba a Ceuta, pero apenas dos años después decidía
abandonar la ciudad para poner rumbo a Minneápolis (Minnesota), donde inició una destacada trayectoria
artística que se prolongó algo más de tres décadas. En septiembre del año 1989,
fallecía en tierras estadounidenses como consecuencia de una enfermedad denominada Amiatrofia Muscular
Progresiva.
Época
difícil
La vida de Ángel Ruiz Lillo
estuvo marcado por el pasado político de su padre, Ángel Ruiz Enciso, lo que
motivó –a juicio de su sobrino Jacinto León- que el artista ceutí encontrara
muchas dificultades en su tierra natal: “Por diferentes razones no lo tuvo
fácil. Tras realizar la carrera en Sevilla y en Madrid, regresó a Ceuta, pero
le tocó vivir en una sociedad muy crispada y para él fue difícil porque era
hijo de alcalde republicano que mataron durante la Guerra Civil. Su padre
también es conocido en la historia de Ceuta por ser vicedirector del diario ‘El
Renacimiento’ y haber militado en el partido de Sánchez Prado. Además mi tío profesaba
la religión evangélica. No le daban trabajo en ningún sitio, le llegaron a
apedrear y tomó la decisión de irse de Ceuta”.
Ángel Ruiz Lillo emigró a
Estados Unidos, fijando su residencia en St. Paul, capital de Minneápolis. Allí
emprendía una nueva etapa en la que se fraguó su gran trayectoria como escultor
y pintor. El artista ceutí se dedicó a la docencia, pero
sus inicios en el Estado de Minnesota fueron bastante humildes: “Aprendió ingles –explica su sobrino- y trabajó en diferentes lugares. Fue limpiacristales,
después limpiador o trabajaba en lo que le salía hasta que en los años 59-60 pudo
hacer unos estudios de graduación en la Universidad de Minneápolis. Empezó a
trabajar en escuelas públicas y privadas, y compaginaba esta labor como
profesor con su actividad particular como artista”.
Según datos extraídos de la
biografía elaborada por Germán Borrachero e incluida en la colección ‘Cuadernos
del Revellín’ -publicación editada por la Dirección Provincial del Ministerio
de Cultura en Ceuta- Ángel Ruiz Lillo realizaba en el año 1959 sus primeras
exposiciones en Rochester y St. Paul. Posteriormente creó una compañía
‘denominada ‘Ángel Lillo Creations” haciéndose “con una clientela de personajes
relevantes de la vida social, religiosa, cultural y política del estado de
Minnesota de los que con frecuencia recibía encargos”. Entre otras muestras, el
artista ceutí expuso sus obras en la Exposición Colectiva de la Feria del
Estado de Minnesota, en el ‘Women´s City Club’ (St. Paul. Minnesota), en la
‘Kramer Galleries’ (St. Paul. Minnesota) o en el ‘Faribault Art Center/Ivan
Whillock Studio) (Faribault. Minnesota). Parte de su obra permanece expuesta en
el ‘Minneápolis Institute of Arts’, formando parte del patrimonio artístico del
estado de Minnesota.
Cariño
a Ceuta
A pesar de las dificultades
y episodios negativos vividos por Ángel Ruiz Lillo en Ceuta, el artista nunca perdió su cariño hacia su tierra natal.
Jacinto León lo define como “muy caballa”. “Le tocó vivir una época, socialmente hablando, muy mala -reflexiona su sobrino-, pero no tenía ningún
tipo de resentimiento por algunos hechos que sufrió. Tenía –continúa- un amor
singular por su tierra”.
Las palabras de Jacinto
León vienen avaladas por las declaraciones públicas que en numerosas ocasiones
realizó Ruiz Lillo a distintos medios de comunicación y que Germán Borrachero
recogía en ‘Cuadernos del Revellín’. Entre ellas, extraemos la publicada en el rotativo
‘La Voz’ a principios de la década de los cincuenta: “Yo no renuncio a mi naturaleza caballa y me siento orgulloso de ser
ceutí. Esta tierra es magnífica y lo único que le censuro es su desidia o
modorra para no volcarse en la exteriorización de tanta belleza como encierra”.
Años después volvía a expresar, en esta ocasión en las páginas del diario ‘El
Faro’ su sentimiento de cariño hacia Ceuta: “El caso es que algo de mi arte no sólo se vea en los Estados Unidos.
Deseo ardientemente, como buen caballa, dejar huella de mi trabajo en esta
tierra que me vio nacer y de la que me siento enormemente orgulloso”.
La
’Dama de Ceuta’
La ‘Dama de Ceuta’ fue una
de las obras más importantes en su prolífica trayectoria como escultor. No sólo
por la calidad de la misma, sino por el significado sentimental que tenía para
el artista ceutí. Era una de sus obras preferidas, puesto que suponía un
homenaje a su tierra. La ‘Dama de Ceuta’ está inspirada en otra gran obra -en este caso de la naturaleza-
como es la ‘Mujer Muerta’. Jacinto León, quien tuvo ocasión de ver la escultura
en la vivienda de su tío en Minneápolis, no duda en definirla como “una belleza”.
Pero sobre todo, destaca el sentimiento que Ángel Ruiz Lillo puso en su
creación: “La hizo pensando en que quería donarla al pueblo de Ceuta como
muestra de agradecimiento por la beca que en su día le concedió el Ayuntamiento;
y gracias a la cual pudo realizar la carrera de Bellas Artes. Fue su forma de
agradecer a la institución y a la ciudadanía en general, esa ayuda que
recibió”.
El deseo del artista ceutí era que la ‘Dama de Ceuta’ fuera trasladada a si ciudad natal. Se hicieron gestiones para ello, pero todas fueron infructuosas; por lo que Ángel Ruiz Lillo falleció sin ver cumplida su ilusión: “Quiso donarla –recuerda Jacinto León-, pero no lo consiguió porque a la persona que ostentaba el cargo de concejal de cultura no le pareció bien la idea. La obra era donada de forma gratuita, pero el coste económico del traslado desde la ciudad de Minneápolis a Ceuta era de tres millones de pesetas. La persona responsable del área de cultura en aquellos momentos no pudo o no quiso que la ‘Dama de Ceuta’ estuviera con los ceutíes”.
En el año 1977, Ángel Ruiz Lillo ya expresó su deseo en las páginas del diario ‘El Faro de Ceuta’. Germán Borrachero recuperaba en ‘Cuadernos del Revellín’ las manifestaciones del artista ceutí: “Nací en Ceuta, y aunque llevo veinte años residiendo en los Estados Unidos, soy por supuesto ceutí. He hecho ya muchas obras de temas ceutíes, entre ellas la ‘Dama de Ceuta’ que está en Norteamérica, pero me gustaría, como caballa que soy, dejar algo de mi arte en mi pueblo, dejarla en Ceuta”. Años más tarde, el escritor y columnista Juan Díaz Fernández reivindicaba en ‘El Faro de Ceuta’ que la obra de Ruiz Lillo fuera expuesta en Ceuta: “[…] Pero Ángel R. Lillo, hijo de Ceuta, tiene una vieja espina clavada en su corazón. Y es que una de sus esculturas más queridas, la ‘Dama de Ceuta’, no se halla precisamente aquí, en la ciudad que se inspiró y cuyo nombre lleva. Yo pienso que resulta ciertamente una triste ironía del destino el hecho de que otras dos esculturas de un escultor foráneo se yergan al cielo en pleno centro de la ciudad, allí en medio del jardín donde convergen el Rebellín por un lado y la Marina y la Gran Vía por otro. El Ayuntamiento llegó a pagar por ellas veinte millones de pesetas, según me ha dicho alguien que me merece mucho crédito. En cambio, cuando Ángel le propuso su ‘Dama de Ceuta’, no encontró más que obstáculos y cortapisas. Así que, como esta cuestión merece que se rompan lanzas, quiero yo aquí romper la primera, a fin de que la ‘Dama de Ceuta’ se quede donde debe estar, en Ceuta, y no en la sala de algún museo norteamericano […]”. Incluso, Juan Díaz Fernández proponía en ese mismo artículo que se organizara una suscripción popular para sufragar los gastos derivados del transporte de la ‘Dama de Ceuta’ desde Minneápolis.
El hecho de que no
cumpliera el deseo de Ángel Ruiz Lillo hizo que el artista ceutí “se muriera
con el amor propio bastante fastidiado”, reconoce Jacinto León, quien no oculta
que “mi ilusión es que la ‘Dama de Ceuta’ estuviera en nuestra ciudad”.
El sobrino de Ángel Ruiz
Lillo dispuso de una gran oportunidad para que la ‘Dama de Ceuta’ fuera
trasladada a Ceuta, ya que Jacinto León en el año 1991 fue nombrado concejal de
Cultura, cargo que ostentó hasta 1994. Posteriormente, tras la conversión de
Ceuta en Ciudad Autónoma, fue viceconsejero de Educación y Cultura, pero
consideró que “no era ni ético ni moral dedicarme a gestionar una cuestión
particular mientras desempeñaba una función pública”.
Testamento
La muerte no sorprendió a
Ángel Ruiz Lillo. Meses antes le habían diagnosticado una enfermedad mortal.
Consciente de que sería su último viaje, el artista ceutí se desplazó en verano
–como había hecho desde que se había afincado en Estados Unidos- a su tierra
natal. Sabía que la muerte le esperaba, y por ello quiso despedirse de su familia y
amigos. Una muestra en la sala de exposiciones de Caja Ceuta supuso un gran
homenaje, pero a la vez la despedida oficial al artista caballa. Era su última
muestra y la preparó con bastante entusiasmo: “Fue una exposición muy especial con muchas de sus
obras tanto escultóricas como pictóricas”, rememora Jacinto León quien vivió de
cerca los últimos días de Ángel Ruiz Lillo: “Aproximadamente le quedaban dos
meses de vida e intentamos convencerle para que se quedara aquí, pero me
confesó que él necesitaba el sosiego, la espiritualidad y tranquilidad que le
daba su casa y su entorno en Estados Unidos. A mediados de agosto, Jorge Castro
León –otro sobrino del artista- y yo nos trasladamos a Minneápolis y le
acompañamos hasta que se produjo su muerte”.
La última voluntad de Ángel
Ruiz Lillo, y así quedó reflejado en su testamento, fue donar toda su colección
artística. Incluida la ‘Dama de Ceuta’. “Toda su obra cultural, junto a su casa
y sus bienes fueron cedidos a la Universidad de Minneápolis para que con los
fondos obtenidos se gestionara la Fundación de la Amistad de Ángel Ruiz Lillo
(Angel Ruiz Lillo Friendship Scholarship). Está becada con 5000 $ anuales y
permite que cada curso un estudiante de Estados Unidos pueda venir a estudiar a
España o uno español lo pueda hacer en Minnesota”, explica Jacinto León, quien
se muestra “orgullosísimo que de mi tío dejara todo su patrimonio a una obra
cultural y educativa. Fue una decisión que adoptó durante sus últimos meses de
vida”.
Hasta su muerte, la ‘Dama
de Ceuta’ permaneció en la vivienda del escultor ceutí: “Tenía una casa de
doble planta con un gran jardín –describe su sobrino-. Era una típica vivienda
americana. La escultura estaba expuesta a la entrada de la casa”. Actualmente,
la familia de de Ángel Ruiz Lillo desconoce donde se encuentra la talla
escultórica inspirada en la ‘Mujer muerta’. Puede estar en un museo o formar
parte de una colección privada. La intención de Jacinto León es “intentar
recuperarla. Entre mis planes futuros, cuando tenga tiempo y presupuesto, me
gustaría trasladarme a Estados Unidos y hacer gestiones con la Universidad de
Minnéapolis para acceder a la administración de su testamento para saber quien
adquirió la ‘Dama de Ceuta’. Creo que puede estar expuesta a la entrada de un
museo o cualquier institución cultural de Ceuta”.
¿Veremos algún día la ‘Dama de Ceuta’ en la ciudad que inspiró a su autor. Jacinto León no pierde la ilusión. Esa misma que Ángel Ruiz Lillo mostró públicamente, aunque no pudo ver cumplida. Su obra está repartida por muchos lugares del mundo. En Ceuta, curiosamente, -salvo colecciones particulares- ninguna. En 2011, la Ciudad Autónoma aprobaba conceder a una calle situada en Loma Colmenar el nombre de Ángel Ruiz Lillo. Un homenaje merecido, pero quizás insuficiente con un artista de prestigio internacional que presumió de ser ceutí. Su ciudad natal sigue en deuda con él.
¿Veremos algún día la ‘Dama de Ceuta’ en la ciudad que inspiró a su autor. Jacinto León no pierde la ilusión. Esa misma que Ángel Ruiz Lillo mostró públicamente, aunque no pudo ver cumplida. Su obra está repartida por muchos lugares del mundo. En Ceuta, curiosamente, -salvo colecciones particulares- ninguna. En 2011, la Ciudad Autónoma aprobaba conceder a una calle situada en Loma Colmenar el nombre de Ángel Ruiz Lillo. Un homenaje merecido, pero quizás insuficiente con un artista de prestigio internacional que presumió de ser ceutí. Su ciudad natal sigue en deuda con él.
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domingo, 21 de septiembre de 2014
domingo, 31 de agosto de 2014
MANUEL OLIVENCIA: UNO DE LOS PADRES DE LA EXPO’92
Por muchos motivos, 1992 fue un gran año para España. La Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona significaron una gran reválida. Ambas citas, que cambiaron la imagen del país, trajeron consigo inversiones millonarias en infraestructuras y una importante mejora de las comunicaciones. En el caso de la capital hispalense el legado que dejó la Expo’92 todavía hoy se puede apreciar. Pero en 1984, cuando aún restaban casi ocho años para la cita, había que poner los cimientos de un proyecto en el que España se jugaba mucho. Por aquel entonces, Manuel Olivencia (Ronda, 1929) fue nombrado comisario general de la Exposición Universal. Su misión no era fácil porque había que empezar prácticamente de la nada. No sólo había que potenciar las infraestructuras, muy deficitarias para lo que requería una cita de tal envergadura, sino también diseñar como sería la Exposición Universal. Manuel Olivencia, quien vivió unos años en Ceuta y su vinculación con la ciudad continúa siendo permanente –incluso mantiene lazos familiares- desempeñó un papel fundamental en el éxito final de la Expo’92. Pero antes de su nombramiento había declinado la propuesta que le había realizado Felipe González, por aquel entonces, presidente del Gobierno.
En una entrevista concedida al ‘Diario de Sevilla’ recuerda que “González me sorprende con una llamada para nombrarme comisario de la Expo. Le dije que no y él insistió en que fuera a verle”. La reunión entre ambos se produjo poco después, y Manuel Olivencia mantuvo su negativa. Felipe González le volvió a llamar para intentar convencerle, y en ese segundo encuentro aceptó el cargo. Pero no fue la insistencia del presidente del Gobierno lo que motivó su cambio de opinión. Realmente fue debido a una llamada: “Entre las dos entrevistas con Felipe González –explica en las páginas del rotativo sevillano- hay una llamada del Rey Don Juan Carlos I. El contenido no puedo revelarlo pero se supo que se había realizado porque me llamó mientras estaba dando clase en la antigua Facultad de Derecho”.
Estaba claro que esa llamada no se produjo al móvil, porque todavía no se habían presentado. Precisamente los teléfonos móviles, tal y como reconoce Manuel Olivencia, fueron “una de las atracciones del Pabellón de Telefónica”.
El 20 de abril de 1992 se inauguró la Expo’92. Precisamente aquel día, Manuel
Olivencia se encontraba en Ceuta. Nueve meses antes se había acordado su cese. Ya anteriormente, tal y como reconoce el propio Olivencia, había presentado su dimisión por “motivos políticos y de organización”.
Atrás quedaban siete años de trabajo, marcados por los inicios. Había que partir de cero: “Cuando fui nombrado comisario –rememora Manuel Olivencia- creé un equipo de trabajo muy competente y que todo lo llevó a cabo de la nada. Las condiciones de Sevilla hacían inviable la organización de un acontecimiento de las dimensiones que tiene una exposición universal”. Casi a contra reloj había que poner los pilares en los que se apoyaría la Expo’92. Lo primero, mejorar las comunicaciones: “Fue necesario no solamente ordenar la Isla de la Cartuja; sino los alrededores, las infraestructuras de comunicaciones, las rondas y carreteras exteriores, la autovía de Sevilla, la autovía que cruza de forma horizontal Andalucía, de Huelva a Almería. Además había que mejorar el transporte ferroviario, el aeropuerto y el puerto de Sevilla donde se instalaron diez o doce nuevos puentes sobre el río Gualdalquivir”.
Paralelamente a la elaboración de la hoja de ruta para la mejora de las infraestructuras y de las comunicaciones, también había que elegir el sentido que se le quería dar a la exposición universal: “Ni siquiera existía un idea de lo que podía ser la Expo’92. Tuvimos que forjarlo todo, incluso el sentido que debía tener una cita mundial a finales del siglo XX y en plena revolución de las telecomunicaciones”. Una vez encontrada y consensuada la idea “quisimos convertir la Isla de la Cartuja, en Sevilla, en la Plaza Mayor de lo que ya era una aldea global. Es decir, el mundo descubierto por Colón”. La Exposición Universal, a juicio de Manuel Olivencia, debía ser “un lugar de encuentro físico de presencia, de entendimiento, de diálogo, de planes de futuro, y también de negocio. Y eso fue la Isla de Cartuja durante seis meses”.
En cuanto a si se cumplieron o no los objetivos propuestos inicialmente, Manuel
Olivencia se muestra rotundo a la hora de afirmar que la Expo’92 fue “un éxito mal aprovechado”. ¿El motivo? “Falló –explica- el mensaje político, intelectual y cultural que era rendir un homenaje a la capacidad descubridora del hombre, y a la que todavía nos queda por descubrir”. “También falló –prosigue- el mensaje de conservación de la tierra que también queríamos lanzar al coincidir con la cumbre de Río de Janeiro”. Para el ex comisario de la Expo’92, “predominó la fiesta sobre el mensaje duradero”.
Veintidós años después, la Exposición Universal de Sevilla -de forma indirecta- continúa muy presente, especialmente en Sevilla, puesto que fruto de aquellas millonarias e importantes inversiones “quedan las grandes obras en infraestructuras que se hicieron y que suponen un gran legado de la Expo”, explica Manuel Olivencia, quien también destaca como herencia de la cita de 1992, la Isla de la Cartuja, “que está siendo aprovechada”, aunque a su juicio “se le podría haber sacado mayor rendimiento al esfuerzo que se hizo”.
Tanto el desarrollo de la Exposición Universal de Sevilla como el trabajo previo a la misma, se tradujo en una considerable mejora de la imagen de España a nivel mundial. Detrás de aquel éxito se encuentran muchos nombres. Entre ellos, el de Manuel Olivencia, uno de los padres de la Expo’92.
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