viernes, 20 de septiembre de 2019
lunes, 26 de agosto de 2019
ALFONSO MURUBE: EL ‘DESCONOCIDO’ FUTBOLISTA Y MILITAR QUE DA NOMBRE AL ESTADIO
Aunque da nombre al estadio
ceutí desde hace más de 75 años, Alfonso Murube Yáñez- Barnuevo y Miura es una
figura desconocida (o al menos poco conocida) para la gran mayoría de la de los
ceutíes. Salvo algunos datos aportados por el investigador Francisco Sánchez
Montoya, poco más se conocía del jugador
nacido en Utrera (Sevilla).
Precisamente, un
historiador de su localidad natal, motivado por la curiosidad, ha indagado
sobre el pasado de Alfonso Murube. Por casualidad, supo que había nacido en
Utrera, pero sin embargo no era un personaje conocido en la población
sevillana; por lo que comenzó a investigar sobre su figura: “Se me despertó la
curiosidad –expone Antonio Boje- porque además de historiador soy aficionado al
CD Utrera. Hace dos o tres años me llamó la atención el nombre del estadio del
Ceuta porque Murube es un apellido destacado, ya que fue una ganadería de toros
bravos; y me pregunté si podría ser utrerano”.
Su intuición no le falló, y descubrió que “ciertamente” nació en Utrera
en el año 1913.
Trayectoria
deportiva
Según el historiador Antonio
Boje, Alfonso Murube Yáñez-Barnuevo inició su etapa futbolística en el
Utrera Balompié, equipo que afirma “nada tiene que ver con el actual club”.
Posteriormente, militó en dos equipos extremeños: Deportivo Extremeño (Badajoz)
y Deportivo Balompié Don Benito. En 1928, con tan sólo 15 años, fichó por el
Real Valladolid. Fue el año de la fundación del equipo pucelano. Pese a su corta
edad -explica Antonio Boje- le hicieron ficha profesional. Tras su paso por el
club blanquivioleta, llegó a Ceuta. Primero jugó en el Ceuta Cultura Sport
Ceutí, donde permaneció dos temporadas. Ya en 1932 recaló en el Ceuta Sport
(club surgido de la fusión del Ceuta FC y el Cultura Sport Ceutí). Allí “jugó cuatro temporadas y la quinta no la llegó a empezar porque estalló la
Guerra Civil”, expone el historiador Antonio Boje, quien le define como “un
centrocampista de gran técnica, que era muy fino jugando”.
Fuerzas
Regulares Indígenas de Ceuta
Como consecuencia del
inicio de la Guerra Civil, Alfonso Murube se vio obligado a abandonar el
fútbol: “El comienzo de la contienda le pilla en Ceuta y pasó de ser futbolista
a militar, ingresando en el bando nacional”. Podría haber pertenecido a la
Falange (sección de Ceuta), aunque no hay documentación que lo acredite. Otra
hipótesis –tampoco confirmada- es que se viera obligado a combatir por miedo a
ser arrestado. Alfonso Murube formó parte de las Fuerzas Regulares Indígenas de
Ceuta, llegando a alcanzar la graduación de Teniente. El futbolista utrerano
participó de forma activa en el conflicto bélico. Su muerte, el 16 de abril de
1938, se produce en el frente de Aranjuez, aunque otras fuentes le sitúan en el
de Guadalajara.
Estadio
‘Alfonso Murube’
Cuatro años después de su
muerte, la directiva de la SD Ceuta (anteriormente Ceuta Sport) solicitó al
Ayuntamiento que el estadio de fútbol construido en 1933 bajo el nombre de ‘Campo
Municipal de Deportes’ (también era conocido como ‘Docker’ por un campamento
militar sanitario ubicado en la zona) pasara a denominarse ‘Alfonso Murube’ en
honor al futbolista y militar nacido en Utrera. Desde la corporación se accedió
a la petición otorgando su nombre a unas instalaciones deportivas que
curiosamente habían sido inaugurados bajo el mandato del alcalde socialista
David Valverde Soriano, quien fuera fusilado el 20 de enero de 1937 tras un bombardeo
por parte de la aviación republicana sobre Ceuta. El 27 de septiembre de 1942
se jugó el primer encuentro oficial bajo la denominación de ‘Alfonso Murube’
coincidiendo con el inicio de la temporada 1942-1943. La SD Ceuta se enfrentó
al CD Málaga. Curiosamente el cambio de nombre pasó prácticamente desapercibido
para la prensa de la época que no hizo referencia al mismo. Sólo en un artículo en el que se enumeraba a los equipos que conformaban la categoría en la que militaba el equipo ceutí, figuraba el nombre del estadio.
Para Antonio Boje el hecho
de luchar en el bando franquista fue lo que provocó que se propusiera su nombre
al Ayuntamiento, por lo que sostiene que “más que por méritos deportivos fue
por sus méritos como militar en el lado nacional”.
“Eran principios de los
años 40 –añade- y el franquismos se estaba involucrando en todos los aspectos
de la sociedad y no podía dejar el fútbol, por lo que tener un estadio con el
nombre de un militar franquista, que había fallecido defendiendo la patria y
que también fuera futbolista, era una gran oportunidad”, reflexiona el
historiador sevillano, quien entiende que “lo lógico es que si hubiesen tenido
que elegir el nombre de un futbolista para el estadio, fuese el de un ceutí y
no uno de alguien que viniera de fuera y que apenas estuviera jugando cuatro o
cinco años en Ceuta”.
De ser cierta la teoría de
Antonio Boje , el historiador no duda en afirmar que se estaría incumpliendo la
Ley de la Memoria Histórica (52/2007 de 26 de Diciembre).
En el año 2015, a
instancias de Coalición Caballas se debatió en sesión plenaria el cambio de
denominación del estadio ceutí. La formación localista reflejaba en su
propuesta que “resulta sorprendente que el estadio de fútbol más importante de
la ciudad, de titularidad municipal, lleve el nombre (Alfonso Murube) de una
persona cuyo único mérito reconocido sea haberse alistado a las fuerzas
falangistas para participar activamente en el golpe de estado contra el régimen
republicano constitucional, siendo futbolista del equipo local”. Desde Caballas
se propuso el nombre de Mohamed Alí Amar ‘Nayim’. La iniciativa parlamentaria
fue rechazada (12 votos a favor y 13 en contra) por lo que la propuesta no
salió adelante.
Meses después, Caballas
insistía en el asunto, registrando una interpelación en la que afirmaba que se
estaba incumpliendo la Ley de Memoria Histórica. El Gobierno presentaba un
informe técnico en el que se recogía que “Alfonso Murube fue un jugador muy
querido en Ceuta”. El presidente de la Ciudad, Juan Vivas respondía a Caballas
asegurando que "no podemos estar
constantemente abriendo las tumbas de la Guerra Civil". El jefe del
Ejecutivo autonómico afirmaba también que la mayoría de los ceutíes no
relacionan el 'Alfonso Murube' con la Guerra Civil, y desmentía que se
estuviese infringiendo la Ley de Memoria histórica, argumentando que la citada
ley “recoge en su art.15.2. que se excluyen de ella, al tratarse de un recuerdo
privado, sin exaltación de los enfrentados”.
Utrera
La figura de Alfonso Murube
Yáñez- Barnuevo tampoco es ni conocida ni reconocida en su ciudad natal: “Ni
siquiera en los ámbitos futbolísticos”, reconoce Antonio Boje, quien afirma que
incluso “la gran mayoría desconoce que el estadio de Ceuta lleva el nombre de
un paisano nuestro”.
El nombre de Alfonso
Murube, independientemente de si reuniera méritos o no; o de si se le relaciona
o no con la época de la dictadura franquista, está vinculado al fútbol de
nuestra ciudad por el simple hecho de que el estadio lleva su nombre desde hace
casi 80 años.
jueves, 18 de julio de 2019
domingo, 23 de junio de 2019
miércoles, 22 de mayo de 2019
EL ARTE DE MEZCLAR ESPECIAS
Por su colorido y por la
combinación de aromas que desprenden las especias, es uno de los puestos más
llamativos del mercado central. A todo ello, hay que unir la experiencia
adquirida a lo largo de décadas. De hecho, son ya tres generaciones las que han
regentado ‘Especias Musa’, esta pequeña tienda dedicada desde sus inicios a la
venta (y tratamiento) de condimentos naturales. Actualmente, Mustafa Ahmed está
al frente del negocio. Antes lo estuvieron su bisabuelo y durante muchos años, su
padre, Musa Moisés (por él, el nombre del puesto), quien empezó poco después de
la conclusión de la Guerra Civil. Primero estuvo ubicado en los bajos del mercado, y después fue
trasladado a la primera planta. Allí permanece desde entonces. Musa Moisés ya
se jubiló, pero continúa yendo cada día a visitar a su hijo. Desde una silla
colocada cerca de la pequeña tienda, sigue la evolución de un negocio al que ha
estado dedicado prácticamente toda su vida. Su hijo, Mustafa Ahmed también: “Empecé
viniendo al puesto con mi padre cuando tenía 9 años”, cuenta Mustafa, quien
presume de que los conocimientos sobre el tratamiento de las especias lo ha ido
adquiriendo con el paso del tiempo. Ha sido un aprendizaje heredado de su
padre, gracias a que “siempre nos hemos dedicado a este negocio”. Reconoce que “ha
habido momentos muy difíciles en los que las ventas bajaban mucho”, pero “hemos
aguantado”, expone satisfecho.
Las características más
importantes de las especias deben ser “el sabor, el olor y la textura”, explica
Mustafa Ahmed, quien destaca la “excelente y buenísima calidad” de sus
productos. Una de las claves puede estar en la forma de moler los granos. Lo
hacen de forma artesanal. Como antaño. “Los molemos nosotros, ya que tenemos un
método propio de picadura. Hay que hacerlo en pocas cantidades y en frío, para
sacarle el mayor provecho”. Un proceso, que asegura Mustafa, influye en el
sabor. Pero también, la conservación: “El grano debe estar bien mantenido y cuidado,
si no pierde calidad”.
Entre las especies más
utilizadas o demandadas están “la pimienta, el comino, el jengibre, el pimentón
y la cúrcuma”.
Fórmula
secreta
Las especias por sí solas,
aportan sabor. Y la mezcla de varias de ellas, mucho más. Ahí es donde es
esencial el conocimiento y la experiencia de quien realiza la combinación. Es todo
un arte. La medida o el peso exacto de los distintos condimentos crean un
conjunto de sabores que se transforman en uno sólo, y que es fundamental para
el resultado final del plato. Es cuestión de encontrar el sabor perfecto.
Un claro ejemplo es la mezcla
que se suele utilizar para aliñar los pinchitos morunos. No todas tienen el
mismo sabor, e incluso olor. Depende de la forma en la que se haga la combinación.
Y no sólo es cuestión de cantidades, sino también de la elección de las
especias, porque se suele elaborar de varias maneras. Aunque hay una serie de
condimentos que forman la base, cada uno suele aportar su experiencia. En el
caso de Mustafa Ahmed, la sigue preparando como “toda la vida”. Los
ingredientes básicos son “pimienta, comino, jengibre, cúrcuma, pimentón (uno
especial para esta mezcla) y el picante”. La cantidad de este último condimento
varía “según el punto que el quiera el cliente”, explica Mustafa que reconoce
que añade dos especias más, pero que prefiere no desvelar. Y es que la fórmula
es un “secreto”. Por ello, “nunca damos a conocer ni la totalidad de los
ingredientes ni la dosificación de cada especia”.
Esta combinación,
popularmente conocida como la de los pinchitos, es -reconoce Mustafa Ahmed- la “más
vendida”. Evidentemente, no es la única mezcla que elaboran en ‘Especias Musa’:
“Hacemos una que sirve para todo tipo de guisos, pero también algunas específicas
para carne, pescado, para platos hindúes o árabes”. Pero, entre todas ellas,
hay una que podemos catalogar como la mezcla estrella. Se denomina ‘Ras El
Hanout’ (traducido significa lo mejor de la tienda) y para su elaboración se
utilizan un total 30 especias. Entre ellas, jengibre, nuez moscada, clavos,
anís estrellado, canela o tallos asiáticos; que aportan un sabor agridulce.
Es muy importante la
materia prima, y por ello Mustafa Ahmed insiste en la calidad de las especias,
cuya procedencia es muy variada: “Las traemos de diferentes partes del mundo.
Últimamente están llegando mucho de Brasil, que le está haciendo la competencia
a Oriente. De Marruecos, también traemos varias; pero hay otros muchos países
como Vietnam, Egipto, La India, China, Paquistán o Turquía que nos ofrecen un
muy buen producto”.
Aunque las especias también
se utilizan por sus propiedades medicinales, el principal uso es el
gastronómico. Y Mustafa Ahmed aporta un consejo muy útil y que repercute en el
resultado final del plato: “Las especias hay que echarlas casi siempre cuando
se esté cocinando, ya que si se hace después, las cantidades deben ser menores
porque si no el sabor es mucho más fuerte”.
Ceutíes, pero también clientes
peninsulares e incluso del extranjero acuden al puesto de ‘Especias Musa’ que,
especialmente para los foráneos, supone un atractivo más en su visita al
mercado central. Allí, Mustafa Ahmed demuestra su experiencia y sabiduría en el
sector de las especias. Un mundillo que “hay que amarlo y sentirlo”. Y sus
clientes, pueden dar fe de ello.
jueves, 18 de abril de 2019
lunes, 25 de marzo de 2019
65 AÑOS DEL HUNDIMIENTO DEL DRAGAMINAS 'GUADALETE'
Ocurrió el 25 de marzo de
1954. Los ceutíes, que aún recordaba la tragedia registrada cinco años antes
con el hundimiento de tres pesqueros que se saldó con 64 víctimas mortales,
volvían a conmocionarse con un nuevo episodio en el que la bravura del mar provocaba
que Ceuta volviese a teñirse de luto. El dragaminas ‘Guadelete’ se hundía en el Estrecho de Gibraltar (a 19 millas del puerto de Ceuta y 30 al sur de Marbella). En esta ocasión, el enfurecido mar acababa
con la vida de 34 de los 78 marineros que componían la tripulación. Sólo se pudieron rescatar 12 cuerpos. Hubo 44 supervivientes. Pese al temporal, el
buque –impulsado a vapor- zarpó del puerto ceutí, donde tenía su base, rumbo a
Melilla. Entre sus escalas figuraban Larache o las islas Chafarinas, destinos
que formaban parte de las labores de supervisión. Una travesía de 120 millas,
que nunca llegó a cubrir. Eran tareas rutinarias. Por eso, pocos entendieron
que el dragaminas de la Armada se arriesgase a navegar en las condiciones en
las que se encontraba el mar. El naufragio se produjo poco después de las seis
de la tarde. 20 horas después de partir del puerto ceutí. El hundimiento del
‘Guadalete’ supuso una importante tragedia, pero el régimen franquista evitó
que tuviera una importante difusión. No se ocultó, pero no tuvo el eco que la
noticia y las víctimas se merecían. De hecho, el diario ABC no incluyó en su
portada este suceso. La información se publicó en páginas interiores.
Informe
Días después del suceso, el
teniente de navío José María González de Aldama, quien aquella trágica noche
estaba al mando del ‘Guadalete’, elaboró un informe dirigido al Ministerio de
Marina en el que exponía lo ocurrido. El citado documento fue rescatado hace
algunos años por el capitán de fragata Luis Mollá Ayuso. En el mismo, José
María González de Aldama refleja que el dragaminas partió del puerto de Ceuta a
las 22,00 horas del 24 de marzo de 1954. Cuando lo hizo, el estado del mar era
de “marejadilla” y soplaba “viento fresco del este”. Tras superar la zona de
Punta Almina, el buque ya comenzó a sufrir seriamente las consecuencias del
temporal. Pasada la medianoche, el comandante del ‘Guadalete’ –según el
informe- se vio obligado a variar el rumbo ante el estado e intensidad del mar.
A las 03,10 horas el jefe de máquinas ya comunicó al comandante que el carbón
era “todo tierra”. Esa mala calidad impedía que el buque pudiera
mantener una potencia mínima para hacer frente a las olas sin perder el
control. No le faltaba razón porque el dragaminas quedó varias veces
“atravesado”.
Sobre las cinco de la madrugada,
según el informe remitido al Ministerio de Marina, el buque cambió su rumbo
dirigiéndose al cabo de Tres Forcas para fondear en Cala Tramontana. En ese
momento, las olas superaban los diez metros de altura y el viento soplaba entre
los 70 y 80 nudos.
Tras una madrugada
infernal, González de Aldama reconoce que se planteó la posibilidad de
regresar. El informe indica que el barco quedó hasta en tres ocasiones
“atravesado”. La primera, a las siete y media de la mañana, cuando se intentó
virar 180º. A media mañana, la situación era insostenible. El temporal seguía
causando estragos en el barco que ya padecía la entrada de agua por diferentes
puntos.
Según explicó José María
González de Aldama, a las 13,10 horas se avistó a lo lejos una corbeta. Posiblemente,
a tenor de lo escrito en el cuaderno de bitácora, se trataba de un buque con
bandera “inglesa” que emitió señales luminosas. Desde el ‘Guadalete’ le
comunicaron que se encontraban en una “situación apurada” requiriendo la
necesidad de ser remolcado. No hubo respuesta. Tampoco por parte de un mercante
que, horas después, navegaba por la zona.
Pasada las tres y media de
la tarde, las máquinas dejaron de funcionar, lo que hizo que el ‘Guadalete’ se
quedara sin control y a merced del mar: “A las 15.35 horas se pararon las
máquinas de nuevo por falta de presión, esta vez definitivamente. El 2º me
comunicó que los marineros que achicaban la caldera de proa no daban de sí lo
suficiente para disminuir el nivel del agua. Teníamos en cubierta toneladas de
agua, quedando solamente en marcha el grupo emergencia diésel, que era el que
suministraba fuerza a la radio y luz al barco”.
El transbordador Virgen de
África zarpó de Algeciras en su búsqueda, pero se vio obligado a regresar ante el
riesgo existente. Tras horas de intensa lucha contra las olas y la bravura del
mar, el comandante González de Aldama ya comenzaba a asumir la dificultad que
entrañaría llegar a tierra. Todo “estaba perdido” -reflejó en el informe- por
lo que comunicó a sus hombres que se refugiaran en cubierta. El naufragio
parecía inevitable: “El buque escoraba ya unos 30 grados. Le ordené (al
contramaestre) preparar las balsas para poderlas echar al agua cuando el barco
se hundiese. Le ordené también que
rompiese con hachas todo lo que quedase a bordo de madera y lo preparase para
lanzarlo al agua. Lo hizo, poniendo al lado de la chimenea todos los
enjaretados de duchas y retretes, todos los tableros del puente y todas las
sillas y maderas”.
La tripulación se vio
obligada a abandonar el barco. Y así lo ordenó el comandante José María
González de Aldama: “Estábamos dentro del puente el almirante Miranda, el
segundo y yo completamente solos. Ambos me dijeron que ellos no se tirarían al
agua si yo no lo hacía y que por favor no intentase ninguna tontería”.
Pocos minutos después de
lanzarse la tripulación al mar, el ‘Guadalete’ se hundió: “No hacía ni unos
minutos que habíamos abandonado el buque cuando lo vimos irse a pique. La mar
nos había separado de él unos 50 metros y se deslizó de popa escorado 90 grados
a estribor, y desapareciendo en muy pocos instantes”, reflejó González de
Aldama en el informe.
Rescate
Los tripulantes que
sobrevivieron al naufragio tuvieron que luchar contras las inmensas olas y el
frío. Tras más de dos horas en el mar, recobraron la esperanza gracias a la presencia de un mercante
de bandera italiana, el ‘Podestá’, que permaneció en la zona mientras los
marineros, dispersos en el agua, lograban con muchas dificultades alcanzar el
buque. Desde el barco se lanzaron las denominadas escaleras de gato por babor y
estribor. 44 marineros lograron salvar sus vidas. Al día siguiente, el
destructor ‘Císcar’ rescató seis cadáves, mientras que otros cinco cuerpos fueron
encontrados en el Mediterráneo, de los que sólo cuatro pudieron ser identificados
antes de ser enterrados en mayo de 1954 en el cementerio de Santa Catalina (Ceuta).
El hundimiento del ‘Guadalete’ se saldó con 23 desaparecidos y 11 fallecidos.
Testimonio
Eumenio Fernández Prieto
fue uno de los cuarenta y cuatro que lograron salvar su vida tras el
hundimiento del ‘Guadalete’. Tenía 21 años cuando sucedió aquella tragedia. Formaba
parte de la tripulación como marinero especialista. Nacido en Ceuta, narraba en Radio Ceuta (Cadena SER) su vivencia: “Entré de guardia a las
doce de la noche, y recuerdo que nada más pasar los isleos de Santa
Catalina, el temporal ya nos estaba dando la paliza. De los golpes de mar, el
agua entraba por todas partes”.
El barco se hundió muy
rápido. Tenía tanta agua dentro que se fue al fondo como una piedra. Menos mal
que no chupó y nos arrastró hasta el fondo”.
Horas antes del naufragio,
los tripulantes tenían claro que tarde o temprano el ‘Guadalete’ acabaría
hundiéndose: “A las siete de la mañana el barco estaba casi sin gobierno. Desde
hacía horas el agua entraba y se quedaba retenido en el interior del barco, que
debido a los golpes de mar había perdido varios botes. Sólo quedó una balsa que
permitió que se salvaran varias personas. Antes de que se hundiera, ya llevábamos
dos horas esperando en el puente a que en cualquier momento tuviéramos que lanzarnos al agua.
Aguantamos todo lo que pudimos. No teníamos otra opción, salvo permanecer en el
barco todo lo que pudiéramos”.
Eumenio no se tiró al agua,
sino que “me caí”. Allí permaneció “más de tres horas” hasta que “llegué al mercante italiano que no podía
acercarse hasta nosotros. No podía maniobrar ni echar botes, por lo que éramos nosotros quienes teníamos que llegar al barco, como pudiéramos”.
No fue fácil. “Estaba
lloviendo y hacía un frío intenso”, explica Eumenio Fernández, quien recuerda
que junto a un compañero “me agarré a un enjaretado de madera”. “Él iba –continúa-
en camiseta y yo en pantalones cortos”. Ambos, sin soltarse, luchaban contra
las olas: “Subíamos y bajábamos. Cuando estábamos arriba aprovechábamos para
mirar, y a lo lejos vimos un barco”.
En plena lucha por la
supervivencia, alcanzaron la proa del mercante: “Algunos subieron por la
escalera de gato, pero nosotros llegamos justamente a la altura del ancla”, rememora
Eumenio Fernández, a quien no le fue
sencillo subir a bordo del barco: “Me echaron un cabo, pero entre el principio
de hipotermia que sufría y que tenía los dedos agarrotados de estar enganchado
a la madera, cuando me empezaron a subir y saqué parte del cuerpo del agua, me
volví a caer. A mi compañero le echaron un cabo con un salvavidas circular, y
pudieron subirlo. Después me lo echaron a mí, conseguí meter los brazos y me
subieron. Cuando llegué a la cubierta, me di por salvado”
Ya a bordo del ‘Podestá’,
lo primero que hizo Emenio fue buscar calor: “Estaba temblando y me situé en
las inmediaciones de la caldera. Allí estuve un tiempo hasta que noté que el
barco estaba navegando y me reencontré en un salón con mis compañeros a los que
abracé”. Y no pudo evitar llorar.
El mercante puso rumbo al
puerto de Gibraltar. Después, los supervivientes fueron traslados a Algeciras.
Algunos fueron ingresados en el hospital y otros permanecieron en un hotel
hasta que “un barco de guerra nos llevó a San Fernando”.
Se les dio opción de elegir destino, pero sin embargo, en el caso de Eumenio Fernández, la Armada desestimó su petición y le asignaron otro dragaminas con base en Ceuta.
Se les dio opción de elegir destino, pero sin embargo, en el caso de Eumenio Fernández, la Armada desestimó su petición y le asignaron otro dragaminas con base en Ceuta.
A la hora de analizar qué
ocurrió aquel trágico día, Eumenio Fernández considera que fueron muchos los
motivos que provocaron el hundimiento del ‘Guadalete’. El primero, el “haber
salido a navegar aquel día con el temporal”. Además, “íbamos con más dotación
de la cuenta, ya que íbamos a trasladar a Melilla a varios soldados que se
habían licenciado”. Y otro de los motivos que pudieron influir fue “el mal estado
del barco”.
“Nos
prohibieron hablar”
Tras el hundimiento del ‘Guadalete’,
la Armada prohibió que la tripulación hiciera cualquier declaración pública
sobre lo sucedido: “Nos dijeron que no habláramos con la prensa y en aquel
tiempo no se podía hablar. Lo que decían había que cumplirlo, y más si éramos
militares”, afirma resignado Eumenio Fernández que durante décadas guardó un
respetuoso silencio.
El mismo tiempo que tardó
la Armada en reconocer a los supervivientes del dragaminas. Quizás llegó
demasiado tarde. Sobre todo, porque muchos de los que lograron salvar su vida
aquel 25 de marzo de 1954 no pudieron disfrutar de ese merecido homenaje. 65 años después de aquel trágico naufragio, la
Comandancia Naval de Ceuta ha vuelto a recordar a las víctimas mortales y destacar la lucha contra la ferocidad y
crueldad del mar por parte de los héroes anónimo que conformaban la tripulación
del ‘Guadalete’.
Etiquetas:
Ceuta Reportajes,
ceutareportajes,
Ceutarepotajes,
DM5,
Dragaminas Guadalete,
Guadalete
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












