lunes, 27 de enero de 2014

HICIERON LA MILI EN CEUTA


Hasta su desaparición, el 31 de diciembre de 2001, miles de jóvenes de toda España realizaron el Servicio Militar Obligatorio en Ceuta. La popularmente conocida como ‘mili’ ya forma parte de la historia. Ceuta fue considerada durante muchos años como una plaza militar, por ello, junto a Melilla fue uno de los destinos más habituales, y también –hay que reconocerlo- menos deseados. Entre aquellos jóvenes que un día les ‘tocó’ cumplir el servicio militar en Ceuta, figuran rostros muy populares, y que en su día eran auténticos desconocidos o al menos no habían logrado el éxito que años más tarde obtuvieron. Imanol Arias, Carlos Segarra, Pablo Motos o los ya fallecidos Telmo Zarra y José Manuel Ibar Azpiazu ‘Urtain’ son algunos de los nombres que figuran en esa corta pero curiosa lista de personajes populares que realizaron la ‘mili’ en Ceuta.

Telmo Zarraonandia

Telmo Zarraonandia Montoya (20 de enero de 1921 – 23 de febrero de 2006), conocido como ‘Zarra’ es uno de los históricos del fútbol español. De hecho, sigue ostentando –con 252 goles- el record de máximo goleador de Primera División. Militó gran parte de su carrera en el Athletic de Bilbao, equipo en el que anotó, entre Copa y Liga, 333 tantos, siendo el máximo realizador en la historia del club rojiblanco. Obtuvo el ‘Trofeo Pichichi’ en Primera División en seis ocasiones. En el año 1941, cuando fue destinado a Ceuta, ya había debutado en Primera División. No era uno de los fijos en las alineaciones del equipo vasco, pero ya comenzaba a despuntar e incluso a marcar sus primeros goles. Durante su estancia en Ceuta, y así viene recogido en su biografía, disputó algunos partidos con la camiseta de la Sociedad Deportiva Ceuta. Apenas estuvos unos meses, ya que según el libro ‘Athletic Club. Héroes, pasajes y personajes’ (autor: Jon Rivas) el club rojiblanco consiguió su traslado a la base de Zorroza, donde seguiría cumpliendo el servicio militar. Años más tarde, tras su paso por la SD Indautxu y cuando ‘Zarra’ ya se encontraba en la recta final de su carrera; José Benoliel, presidente del Atlético de Ceuta intentó ficharle, pero finalmente se decantó por el Baracaldo.

José Manuel Ibar Azpiazu ‘Urtain’

Es otro de los nombres destacados del deporte español que también realizó la ‘mili’ en Ceuta. José Manuel Ibar Azpiazu ‘Urtain’ (14 de mayo de 1943 – 21 de julio de 1992) fue uno de los boxeadores más mediáticos en la década de los 60 y 70. A principios de los años sesenta comenzó a destacar en varios deportes tradicionales vascos, ganándose el apodo de ‘El Tigre de Cestona’. Llegó a levantar bloques de 250 kilos, pero su carrera se vio interrumpida al tener que realizar el servicio militar en Ceuta. Estuvo destinado en el Regimiento de Caballería ‘Montesa 3’. En un reportaje publicado en el diario ABC (15-02-1969), José Manuel Ibar afirmaba que durante la ‘mili’ se limitó a “comprar por la mañana el periódico al teniente coronel Zabala y llevarle por la tarde la orden del día”. El rotativo también hace referencia en sus páginas a que ‘Urtain’ viajó a Ceuta “llevando el más insólito equipaje que jamás pasará por la aduana: las dos piedras de ciento y pico kilos para los entrenamientos de levantador”. Tras su paso por Ceuta, retomó con éxito su trayectoria, hasta que un empresario apostó por él como boxeador. Pronto alcanzó una importante fama. ‘Urtain’ se convirtió en uno de los rostros más populares de aquella época. Según recoge la web ‘historiadelboxeo.com’- “[…] Llenó, como ningún otro púgil español, recintos y pabellones deportivos, incluso plazas de toros y campos de fútbol donde se había montado un ring”. En su palmarés figuran tres títulos de campeón de Europa de los pesos pesados. En 1992 falleció tras arrojarse de un edificio en Madrid.




César Manrique

Su nombre está ligado al presente de la ciudad, al ser el diseñador del Parque Marítimo del Mediterráneo. Pero también a su pasado, puesto que César Manrique (24 de abril de 1919 – 25 de septiembre de 1992) vivió parte de su etapa como militar en Ceuta. Al estallar la Guerra Civil, se alistó como voluntario en el bando franquista. Tras estar destinado algún tiempo en el Cuerpo de Artillería de Ceuta, combatió en diferentes frentes peninsulares. En 1939 regresó a su casa, y según viene publicado en su biografía (www.cersarmanrique.com), “nunca quiso hablar de su atroz experiencia en la guerra”.


Carlos Segarra

Su paso por Ceuta, al menos musicalmente hablando, fue bastante prolífico. Carlos Segarra (Barcelona, 1961) compuso durante el servicio militar algunas de las canciones más exitosas del grupo ‘Los Rebeldes’. Entre ellas, ‘Bajo la luz de la luna’ o ‘Mediterráneo’, un auténtico clásico que no llegó a terminarla, pero que comenzó a crear en Ceuta. Cuando hizo la ‘mili’, ya tenía muy clara su vocación por la música. De hecho, por aquel entonces ya había formado parte de varias bandas e incluso había sido publicado ‘Cerveza, chicas y... rockabilly!’, el primer trabajo discográfico en la historia de ‘Los Rebeldes’. Dos años después de la fundación del mítico grupo, fue destinado a Ceuta, concretamente a Regulares Nº 3; donde perteneció a la banda de cornetas, gaitas y tambores. El tema ‘Bajo la luz de la luna’, según reconocía el propio Carlos Segarra en una entrevista concedida a la Cadena SER, fue la primera canción que “compuse entera; letra y música”. Y la inspiración le llegó mientras hacía una guardia: “Aproveché un refuerzo para escribirla. Recuerdo que estaba en una garita, sin fusil, que sólo tenía un machete, y me puse a componer este tema”.

“[…] Bajo la luz de la luna / me dijiste adiós / con lagrimas en la cara
/ me rompiste el corazón / Y yo se que nunca olvidaré / que bajo la luz de la
luna yo te amé […]”.

La letra está basada en una “recuerdo personal”. Y es que  mientras cumplía el servicio militar, Carlos Segarra vivió una experiencia que el propio cantante califica como algo “clásico” de la ‘mili’: “Durante un permiso me dejó mi primera novia, después de casi cuatro años de relación. Estuve bastante fastidiado”. Aquel tema, años después se convirtió en un clásico, pero durante mucho tiempo estuvo guardado: “Después del servicio militar, grabamos el disco ‘Rebeldes con causa’, y no la incluimos”. Ni en este, ni en los dos siguientes, ya que Carlos Segarra pensó que “no le iba a gustar a nadie porque era un recuerdo mío personal”. En el año 1989, ‘Bajo la luz de la luna’ formó parte de ‘Más allá del bien y del mal’, álbum que llegó a ser a ser disco de platino (100.000 copias vendidas). Sin saberlo, Carlos Segarra había compuesto una joya musical: “Fue el segundo single tras el éxito de ‘Mediterráneo’, la metimos como una canción de relleno, pero el público es el que decide y pasamos de disco de oro con ‘Más allá del bien y del mal’ a disco de platino, gracias a la canción ‘Bajo la luz de la luna’”. No fue el único tema que compuso durante su estancia en Ceuta, puesto que “me dio tiempo a escribir otras canciones que fueron incluidas en dos o tres discos de ‘Los Rebeldes’. Y allí empecé a componer ‘Mediterráneo”. De Ceuta se llevó un importante repertorio y varios amigos, por lo que “con el tiempo, puedo decir que mereció la pena. Cuando fui a la caja de reclutas en Barcelona, y me dijeron que me tocó Ceuta, fue un palo, pero aprendí bastantes cosas que después apliqué en mi vida personal y profesional”. En 2011 regresó a Ceuta para presentar en ‘La Sala’ el disco ‘Noches de Luz, días de gas’, álbum conmemorativo de los treinta años de carrera de ‘Los Rebeldes’. Permaneció un par de días, recorriendo los lugares que solía visitar y el cuartel donde cumplió el servicio militar.

Imanol Arias

El popular actor, que desde hace años da vida a Antonio Alcántara en la serie
‘Cuéntame’, cumplió parte del servicio militar en la Compañía de Mar de Ceuta. Por aquel entonces, Manuel María Arias Domínguez, conocido popularmente como Imanol Arias (26 de abril de 1956), ya había debutado en el cine con la película ‘La Corea’. Residía en Madrid, donde formaba parte del Centro Dramático Nacional, después de haber abandonado los estudios de maestría industrial en electrónica. En 1978, como otros muchos jóvenes de la época, se vio obligado a hacer las maletas para cumplir el servicio militar en Ceuta, un destino que no le pilló por sorpresa puesto que según declaraba en una entrevista al programa ‘La Ventana’ de la Cadena SER, era “muy habitual que a la gente de Bilbao nos tocara Cerro Muriano, Ceuta o Melilla”. Imanol Arias ya había iniciado su carrera como actor, pero “tenía dificultades para comer caliente todos los días”, con lo cual “me lo tomé como un descanso”. El actor, natural de Riaño (León), aunque pasó su infancia y juventud en tierras vascas, reconoce que me lo pasé muy bien, aprendí muchísimo y tuve muchas experiencias”, matizando que “tuve una buena mili”. Imanol Arias, quien también estuvo destinado en el Peñón de Vélez de la Gomera, afirmaba en esa misma entrevista que “Ceuta lo que tiene de lejano y distante, también lo tiene de mágico”. Llegó a ser cabo primero. Tras el servicio militar, Imanol Arias retomó su trayectoria como actor, cosechando a lo largo de la misma grandes éxitos tanto en el cine como en televisión. Además ha obtenido importantes galardones como la Concha de Plata en el Festival de Cine de San Sebastián o el Premio ACE de Nueva York. Ha estado nominado en cuatro ocasiones a los Premios Goya en la categoría de ‘Mejor interpretación masculina’. En el año 1996, protagonizó la película ‘Ilona llega con la lluvia’, film hispano-italiano rodado en Ceuta.


Josema Yuste

No hizo la ‘mili’ en Móstoles, sino en Ceuta. Josema Yuste, poco antes de formar parte del exitoso grupo humorístico ‘Martes y Trece’ cumplió el servicio militar en el Cuerpo de Artillería, concretamente en el Ramix 30. Fue en el año 1976. Ya por aquel entonces había iniciado su carrera como actor en la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid, donde tras su paso por Ceuta conoció a Millán Salcedo y Fernando Conde, con quienes formó el trío 
–posteriormente dúo- ‘Martes y Trece’. El grupo humorístico marcó una época, formando parte de la historia del humor en España. Tras su disolución en el año 1997, Josema Yuste inició su carrera en solitario, dedicándose al mundo de la interpretación tanto en series televisivas como en el teatro. Precisamente, como protagonista de la obra ‘La cena de los idiotas’ visitaba hace escasamente un año la ciudad.



Pablo Motos

Otro rostro muy popular que también hizo la mili en Ceuta es Pablo Motos Burgos (Valencia, 1965). El conocido presentador del programa ‘El Hormiguero’ cumplió el servicio militar en los años 80. Según afirmaba en unas declaraciones efectuadas al programa ‘Hoy por Hoy’ de la Cadena SER, Pablo Motos recuerda que fue su padre quien le comunicó que le había ‘tocado’ Ceuta: “Estaba dormido, y mi padre entró en la habitación para decirme que habían salido las listas y que me había librado. Pero dos minutos más tarde me dijo: ¡Qué me he equivocado! ¡Te ha tocado Ceuta!”. Pablo Motos guarda un buen recuerdo, “tanto de la ciudad como de su gente”. Asegura que se lo pasó bien, aunque también vivió experiencias no tan positivas, y que después de tantos años aún no ha olvidado: “Estuve seis meses consecutivos sin regresar a la península. Durante todo ese tiempo tuve en la taquilla una fotografía de mi novia, que miraba todos los días. Estaba deseando verla, y en mi primer permiso, me dejó. Cuando volví a Ceuta, lo primero que hice fue quitar la fotografía de la taquilla”. Este contratiempo hizo que Pablo Motos se plantease el servicio militar de forma diferente, y comenzó a trabajar como disc-jockey en la discoteca Britannia, aunque eso supusiera un gran riesgo: “Tuve la oportunidad de ganar algo de dinero, y cada noche me escapaba para pinchar en la discoteca. Para que no me pillase la Policía Militar, me vestía como el más loco de ‘Locomía’. Allí me hice un sitio, y fueron unos meses muy buenos”. Hasta que un día lo descubrieron. “Me pilló un capitán –rememora Pablo Motos- y me dijo que sabía que por las noches me escapaba. No me arrestó, pero me pidió un favor: que llevara a su mujer a la discoteca, para que ella se distrajera y él pudiera estudiar. Estuvo viniendo un tiempo, pero cuando me quedaba un mes para licenciarme, me hicieron un juicio militar por, Supuestamente, acostarme con la mujer del capitán. Era mentira, y al final no tuve problemas”.
De su paso por Ceuta, Pablo Motos tampoco ha olvidado “una patatas bravas que comía en un bar que estaba en la calle principal, y un sitio donde te daban un litro de cerveza y una tortilla. Eran las mejores del mundo”.
Pablo Motos, tras su regreso del servicio militar comenzó su carrera como locutor en Radio Requena, donde llegó posteriormente a ser director. Labor que compaginó, según recoge una entrevista publicada en el diario ‘El País’, como limpiacristales. Tras su paso por Radio Nacional de España, Onda Cero y M-80, inició su carrera televisiva en Canal 9, hasta que en el año 2006 saltó a la fama con el programa ‘El Hormiguero’ que comenzó a emitirse en Cuatro Televisión. Actualmente sigue al frente de este magacín nocturno, pero en Antena 3. Han transcurrido casi treinta años de su paso por Ceuta, y Pablo Motos reconoce no haber visitado todavía la ciudad.

Otros nombres

Entre los personajes conocidos que realizaron el servicio militar en Ceuta también figura Josu Erkoreka (Bermeo, 1960), quien hizo la ‘mili’ en el Cuerpo de Caballería. El portavoz del Partido Nacional Vasco (PNV) en el Congreso de los Diputados asegura en unas declaraciones publicadas en la web ‘www.diariocritico.com’ que “salí quemado, la vida cuartelaría es muy jodida”.
También fue destinado a Ceuta el novelista Juan Marsé (Barcelona, 1933). Premio Cervantes en 2008, su primera novela ‘Encerrados con un solo juguete”, surgió de la correspondencia que escribió durante su estancia en la ciudad. Posteriormente, y según datos extraídos de ‘www.guzmanseptem.blogspot.com’, fue el autor de ‘Teniente Bravo’, una Novela que se desarrolla en la Ceuta de 1955, y en la que describe varios lugares de la ciudad.
Y otro deportista ilustre que cumplió el servicio militar en Ceuta fue Manuel Estiarte (Manresa, 1961). Considerado el mejor waterpolista español de la historia, en su palmarés, entre otros muchos logros, figuran dos medallas olímpicas (oro en Atlanta’96 y plata en Barcelona’92); un campeonato y dos subcampeonatos del mundo; dos recopas de Europa; 9 ligas y cuatro supercopas de España. Ha participado en seis Juegos Olímpicos y fue elegido en siete ocasiones mejor jugador del mundo de waterpolo. En el año 2000 fue el abanderado español en las Olimpiadas de Sidney. Desde el año 2008 hasta 2012 fue miembro de la directiva del FC Barcelona como responsable de Relaciones Externas. Actualmente forma parte del staff técnico que dirige Pep Guardiola en el Bayern de Munich. Cumplió la ‘mili’ en la Infantería de Marina. Durante su estancia en Ceuta estuvo ejercitandose en las instalaciones del CN Caballa, llegando a participar en el tradicional torneo que organizaba el club ceutí con motivo de las fiestas patronales.


Se libró

Hay otro rostro también muy popular, quizás no tan apreciado como los anteriores, que fue destinado a Ceuta para cumplir el servicio militar, pero finalmente se libró. Iñaki Urdangarín, según publicó la web ‘www.libertaddigital.com’, eludió el servicio militar en 1995 después de alegar una sordera de origen “traumático”. Dos años después de que el Ejército advirtiera que “el déficit auditivo de Urdangarín no era un eximente completo”, consiguió ser declarado “inútil” por “sordera completa”, una incapacidad que según un informe médico se había agudizado con el paso del tiempo. 
La discapacidad no le afectó a su carrera deportiva como jugador de balonmano en el FC Barcelona y en la selección española, donde consiguió una medalla olímpica en los Juegos de Atlanta. Según el citado medio digital, el ahora yerno del Rey, fue declarado en 1992, “apto” para cumplir el servicio militar, pero tras la presentación del primer informe médico, consiguió una “exención temporal del servicio militar obligatorio sujeta a revisión”. La misma se prolongó durante dos años hasta que -cuando ya se había anunciado por parte de la Casa Real su compromiso con la Infante Cristina-, “un control rutinario del Ministerio de Defensa (Dirección General de Reclutamiento), detectó una anomalía en la concesión de exención del servicio militar obligatorio de Iñaki Urdangarín. El sistema resaltaba como anómalo que un recluta que había pedido prórrogas por ser deportista de élite resultara ser sordo completo”.

Desaparición de la ‘mili’

Han transcurrido casi trece años desde que Federico Trillo –por aquel entonces ministro de Defensa- anunciara la desaparición del servicio militar, que se plasmó en un Real Decreto de 9 de marzo de 2001, y que adelantó al 31 de diciembre de ese año, uno antes de lo fijado por la Ley de Régimen de Personal, la suspensión de la prestación del servicio militar. Según el Decreto, el desarrollo del proceso de profesionalización requería el paso automático a la reserva de los militares de reemplazo, así como los jóvenes que tenían pendientes la prestación por disfrutar de prórroga o no haber sido clasificados. El Ejército contaba a finales de 2001 con 74.948 soldados y marineros, con un 40% procedente del reclutamiento obligatorio. Actualmente, la plantilla es totalmente profesional.

miércoles, 8 de enero de 2014

EN BUSCA DE UN SUEÑO

lunes, 23 de diciembre de 2013

CANAL SUR RADIO SE GESTÓ EN CEUTA


Canal Sur Radio ha conmemorado este año su vigésimo quinto aniversario. Aunque desde el 28 de febrero venía emitiendo en pruebas, fue el 11 de noviembre de 1988 cuando la radio pública de Andalucía iniciaba oficialmente sus emisiones. Suponía el principio de un proyecto que tuvo sus orígenes en Ceuta. José María Durán Ayo, quien posteriormente fue nombrado director de Canal Sur Radio, fue el encargado de redactar el boceto que incluía las bases de la que meses después se convertía en la radio pública andaluza. José María Durán desempañaba su labor profesional en Radio Nacional de España (RNE) y fue trasladado de forma provisional a Ceuta para instalar una delegación de este ente público en la ciudad norteafricana. Durante su estancia en Ceuta recibía una llamada de Salvador Domínguez, por aquel entonces director general de radiodifusión de la Junta de Andalucía, encargándole la puesta en marcha de Canal Sur Radio. Así lo explicaba José María Durán en una entrevista emitida hace algunos años en la radio pública andaluza: “En Ceuta vivía en una modestísima vivienda que me había prestado la Delegación de Obras Públicas al estar en esta ciudad montando una emisora de Radio Nacional de España. Un día estaba haciendo mi trabajo en un despacho de la Dirección de Carreteras cuando me llamó Salvador Domínguez y me dio la oportunidad de poner en marcha la radio pública de Andalucía. En esas mismas oficinas, en una máquina de escribir; hice un documento con todos los detalles que dieron origen a Canal Sur Radio. Estuve trabajando durante dos o tres meses hasta que en unos folios quedó reflejado todo el proyecto”.

José María Durán aún conserva aquel documento redactado en uno de los despachos de la Delegación de Obras Públicas, y que fueron los orígenes de un proyecto que acaba de cumplir su primer cuarto de siglo. Una radio cien por cien andaluza, pero gestada en Ceuta.

sábado, 23 de noviembre de 2013

ANCHOAS 'CEUTA' Y 'MELILLA', UN PRODUCTO DE CALIDAD EN ARGENTINA


A más de nueve mil kilómetros de Ceuta, en Mar de la Plata (Argentina), el empresario melillense Manuel Nucete rinde su particular homenaje a Ceuta y a su tierra natal. Lo hace comercializando anchoas bajo dos marcas con el nombre de las ciudades autónomas. Ambas fueron registradas hace 35 años y cuentan con un gran prestigio en tierras argentinas, aunque también son exportadas a Brasil.
Manuel Nucete lleva prácticamente toda su vida dedicado al sector conservero. Actualmente cuenta con 74 años, pero pronto aprendió una profesión que -asegura- le sigue apasionando, y que conoció a temprana edad: “Me quedé sin padre a los ocho años. Me crié con mi abuelo materno y con él aprendí el oficio. Años después, la independencia de Marruecos provocó un descenso del contingente militar, y como vendíamos mucho a los cuarteles, lo notamos bastante. Además comenzó a escasear las anchoas, por lo que pasado un tiempo tuve que buscar nuevos horizontes”, recuerda el empresario melillense, quien llegó a Argentina con veintisiete años. Inicialmente se dedicó a una profesión muy distinta a la que había ejercido en su tierra natal, aunque no  tardó mucho en dedicarse a su vocación y emprender una aventura empresarial que aún hoy sigue activa: “Me vine con mis primos hermanos que son productores de aceitunas y que actualmente forman parte de una de las cooperativas más fuertes del país argentino con una elaboración de setenta millones de kilos, pero yo tenía ganas de seguir haciendo lo que siempre había hecho en Melilla. En cuanto pude me vine a la Mar de Plata, que es el puerto pesquero más importante de la República Argentina. Estas costas son riquísimas y nunca faltan las anchoas o bocartes, y así empecé con esta empresa. Sigo haciendo lo que hice toda mi vida. Empecé con diez años; y ya llevo sesenta y cuatro con las anchoas. Es algo que llevo en la sangre”. Fue en el año 1978 cuando fundó Terramare S.R.L., empresa con la que registró las marcas ‘Ceuta’ y ‘Melilla’.  Desde entonces las dos ciudades autónomas dan nombre a un producto de calidad que se comercializa en grandes superficies e incluso en otros países: “Hace ya treinta y cinco años que están en el mercado, en empresas multinacionales como Carrefour, Walmart o Jumbo Retail. Y también exportamos nuestros productos a otros países como Brasil o España, donde vendemos las anchoas de mayor tamaño, que allí escasean”.
Las marcas ‘Ceuta’ y ‘Melilla’, con el paso del tiempo se han consolidado en el mercado y cuentan con un gran prestigio, fruto –afirma Manuel Nucete- del trabajo artesanal que les  caracterizan y distingue del resto de empresas: “La diferencia que tienen nuestros productos comparativamente con  otras marcas, sin ánimo de desprestigiar, es nuestra elaboración. Estos mares de acá son más fríos, por lo que el bocarte está más armado. Tienen más escamas y la piel más gruesa, entonces a la hora de  trabajar el filete de anchoa, no hay que tener escrúpulo y cortarle bastante para que no lleve espinas y que salga un buen jamoncito”. La estrategia comercial que siempre ha seguido el empresario melillense ha sido apostar por la calidad, lo que provoca un aumento en el precio final en detrimento de un mayor volumen de ventas: “La anchoa no es un producto de consumo masivo, por tanto yo prefiero vender menos pero que sea un producto muy bueno.”. El objetivo es llegar a un consumidor que sepa valorar el trabajo artesanal y la calidad de la anchoa: “El que normalmente come bocarte lo hace por placer y no se fija en la diferencia de precios porque sabe que está degustando un gran producto. Y así hemos conseguido que nuestras marcas sean muy valoradas. Hacemos una producción 100% artesanal y limitada”.
En cuanto a los precios, una lata (octavillo) de anchoas ‘Ceuta’ de 60 gramos suele costas 1,20 dólares. Hay frascos de mayor tamaño y la variedad de productos –también distribuidos con el nombre de las dos ciudades autónomas-  es bastante amplia. Al margen de las tradicionales anchoas en salazón, también podemos encontrar filetes de anchoa a la calabresa o con alcaparras y aceite de oliva.
Las etiquetas de las anchoas ‘Melilla’ lucen el escudo de la ciudad autónoma, mientras que en el caso de los frascos de la marca ‘Ceuta’ se aprecia el diseño de una pequeña embarcación sobre el mar, con un cielo celeste sobre el que figura el escudo de la ciudad. No es extraño que Manuel Nucete, por su condición de melillense, registrara una marca con el nombre de su ciudad natal, pero más llamativo es que también lo hiciera con el de Ceuta. La razón es clara: “Son dos ciudades que quiero mucho, de alma y corazón”. Desconoce cuándo será, pero la intención del empresario afincado en Argentina es viajar en un futuro a España. Su idea es visitar ambas ciudades autónomas. Mientras tanto, en Mar de la Plata, Manuel Nucete seguirá poniendo el mismo empeño que viene demostrando desde hace décadas para que las anchoas ‘Ceuta’ y ‘Melilla’ continúen siendo un producto de alta calidad, y a su vez un homenaje a ambas ciudades españolas.  

martes, 15 de octubre de 2013

LA BALLENERA DE BELIONES: UNA JOYA DE LA HISTORIA INDUSTRIAL DE CEUTA

Son muchas las industrias y fábricas que han ido desapareciendo en Ceuta a lo largo de las últimas décadas. Todas forman parte de un pasado, que difiere mucho del presente, en el que el sector industrial es prácticamente inexistente. Algunas de esas antiguas empresas han quedado en el olvido, pero otras permanecen en la memoria de muchos ceutíes que han ido transmitiendo su existencia. Es el caso de la antigua ballenera, inaugurada el 24 de junio de 1947. Estuvo ubicada en Beliones (Belyounech), cuando -lo que hoy es una localidad marroquí- pertenecía a España, antes de la independencia del país vecino en el año 1956. Aunque abandonado, aún hoy se conserva el edificio que durante apenas ocho años albergó aquella antigua ballenera. Su implantación fue llevada a cabo por la empresa Industrial Marítima S.A.


Instalaciones

Según publicaba en sus páginas ‘El Faro de Ceuta’, las instalaciones de la antigua ballenera estaban compuestas por una gran nave, dividida en tres salas. En la primera se encontraba la maquinaria. Junto a ella, una segunda dependencia que albergaba las calderas de vapor y el grupo que distribuía electricidad a toda la factoría. La tercera de las salas, la de mayor dimensión, era la destinada para el tratamiento de las ballenas capturadas. Entre la maquinaria, la factoría contaba con un total de diez autoclaves donde se introducía la carne. Ocho se utilizaban para estas funciones, y dos para el tratamiento de la osamenta. El coste de esta maquinaria superaba los dos millones y medio de las antiguas pesetas. También en esta sala estaban ubicadas dos grandes máquinas, de 18 toneladas y media cada una, en las que se introducía el tocino de las ballenas; extrayéndose el aceite para un posterior uso industrial. En apenas dos horas y media se podían sacar hasta seis toneladas. Junto a esta maquinaria se encontraban el secadero, varios depósitos donde se vertía el aceite extraído; y un gran horno, en el que se introducían todos los residuos del cetáceo para ser transformados en abono. Bajo el suelo de la segunda sala, existía un gran depósito de agua. Fuera de las instalaciones, en la parte posterior de la factoría había –permanece todavía- una rampa con una longitud de cuarenta metros de largo (quince de ellos se introducen en el mar) y diez de ancho. La rampa fue construida sobre las rocas, reforzada con cemento recubierta con tablones. Un chalet donde se ubicaban las oficinas; y un pabellón destinado a los trabajadores con dormitorios, duchas, servicios, cocina y comedores; completaban las instalaciones construidas por Industrial Marítima S.A. Las obras se prolongaron algo más de nueve meses.
La implantación de la ballenera supuso una fuente de ingresos para muchos ceutíes y también marroquíes residentes en la zona de Beliones. Según la prensa de la época, se contrataron a unas doscientas personas, entre las que se encontraban trabajadores noruegos con gran experiencia en la caza y tratamiento de ballenas. El Consejo de Administración de Industrial Marítima S.A. estaba presidido por el marqués de Casa Pizarro. Enrique Mora de Codecido era el consejero-delegado, mientras que José Ignacio Moreno de Aizpurúa ejercía como director administrativo. La ballenera disponía inicialmente de un buque: el ‘Alcatraz’, que posteriormente fue renombrado como Benzú. Esta embarcación, con un peso de 500 toneladas, contaba en su cubierta con varios cañones, los cuales disparaban arpones compuestos por cuatro ganchos articulados que se activaban de forma giratoria cuando impactaba con el cetáceo. Esta acción, que hacia explosionar la carga de explosivos que portaba la punta del arpón, provocaban la muerte de la ballena. Posteriormente, Industrial Marítima S.A incorporó a su flota el buque ‘Hval IV’.

Inauguración

Con la presencia de las principales autoridades militares y civiles tanto del Protectorado Español en Marruecos como de Ceuta, el 24 de junio de 1947 tenía lugar la inauguración de la ballenera. Tras realizar un minucioso recorrido por las instalaciones de la factoría, la esposa del presidente del Consejo de Administración de Industrial Marítima S.A, rompía contra una de las paredes de la rampa una botella de champagne. Posteriormente el marqués de Casa Pizarro tomaba la palabra destacando –según publicaba ‘El Faro de Ceuta’- que “España no va a ser de los últimos países que establecen esta clase de industria”, resaltando que “solamente Inglaterra, Holanda, Rusia, Japón y Alemania se han ocupado de implantar una factoría de ballenas”.

Primera captura

El 10 de diciembre de 1947, casi seis meses después de su apertura, se cazaba el primer cetáceo. El ballenero ‘Hvual VI’, capitaneado por el noruego Hjlmar Paulsen partía en la madrugada del 8 de diciembre. Apenas un día más tarde daba aviso a la factoría de que había sido cazada una ballena, poniendo rumbo a Benzú. Pasada las nueve y cuarto de la mañana, tal y como relataba ‘El Faro de Ceuta’ en sus páginas (11 de diciembre de 1947), el ‘Hval IV’ arribaba a la factoría remolcando al cetáceo. Tres pequeñas embarcaciones salieron al encuentro del buque noruego para facilitar la labor de acercamiento a la rampa. La ballena pesaba 55.000 kilos y medía 16,7 metros de largo y 2,1 de alto. Una vez subida a la rampa, se procedió al despiece del animal, para su posterior tratamiento en la factoría.
La prensa de la época recogía el testimonio de Hjlmar Paulsen, quien ofrecía detalles sobre la operación llevada a cabo horas antes: “La ballena que acabamos de dejar aquí, la vimos el día nueve, a cuarenta millas al Oeste del Cabo de Santa María. A los quince minutos de perseguirla –proseguía- le lanzamos el arpón y a los diez minutos la ballena era arrimada al costado del barco, ya dispuesta para su amarre, y fue traída a la factoría”. Minutos después, el capitán noruego regresaba a bordo del ‘Hvual IV’ para continuar la búsqueda de nuevas ballenas. Los días posteriores fueron bastante fructíferos porque en apenas una semana se capturaron cinco ballenas y tres cachalotes, uno de ellos con un peso de sesenta y cinco toneladas.


Septem Nostra

El presidente y arqueólogo de la Asociación Septem Nostra visitaba hace algunos años, acompañado por otros miembros de la entidad ecologista, las antiguas instalaciones de la ballenera. José Manuel Pérez en su desplazamiento a Beliones tuvo ocasión de conversar con Abselam, un vecino de la localidad marroquí y que en su día fue trabajador de la ballenera: “Nos explicó –cuenta Pérez Rivera- como funcionaba, qué especies capturaban, cómo era el día a día o cómo trabajaban. Nos dio detalles de todo ello e incluso nos enseñó un antiguo cuchillo de los que se utilizaban para el despiece de las capturas”.
Curiosamente y a diferencia de lo que se pueda pensar, la carne no era lo más valioso del cetáceo: “Era secundaria, ya que realmente lo que interesaba de las ballenas era el aceite que se extraía de la grasa del animal, alcanzado mayor valor el que procedía del cráneo”.
Los integrantes de Septem Nostra pudieron comprobar que “no queda nada de lo que fue la factoría”. Las instalaciones están abandonadas, pero poseen, a juicio de José Manuel Pérez Rivera “un gran valor etnográfico, y además forman parte del patrimonio industrial de Ceuta”. “Aunque esté en territorio marroquí – continúa- la ballenera está muy vinculada a Ceuta y a la historia del Protectorado Español”.
Pese a la importante inversión económica, siete años después de su apertura, Industrial Marítima S.A se vio obligada a cesar las operaciones de la factoría, puesto que en aquella época la población de ballenas en la zona del Golfo de Cádiz –tal y como recoge el libro ‘Cazadores de ballenas en el Golfo de Cádiz (Edición, notas y anexos de Jaime Conde)- había descendido considerablemente. ¿La causa?: “Entre los años 20 y 30 había habido un auténtico abuso. Se instaló una importante factoría en Getares y se hizo una carnicería”, explica Pérez Rivera. Esta circunstancia pasó factura a Industrial Marítima S.A, provocando “que el año de más captura fuera de 150 ejemplares, una cifra importante, pero baja en comparación con otras épocas”.
Ese descenso en la población de cetáceos marcó el devenir de la antigua ballenera,
pero no fue la única razón que generó su cierre en el año 1954: “Se dieron una serie de circunstancias. A las escasas capturas hay que añadir que se produjo la finalización
del Protectorado o que el aceite ya no era tan usado”, subraya Pérez Rivera. En 1986, la Comisión Ballenera Internacional (CBI) decretó la prohibición de la captura de ballenas. Aunque eran otros tiempos, en los que se daba más valor a las materias primas que se extraían de los cetáceos que a la vida de éstos, actualmente –cuando la percepción es totalmente distinta- puede llamar la atención que existieran este tipo de factorías, pero el presidente de Septem Nostra considera que “aunque nos puede chocar por la concienciación que existe ahora sobre la conservación de los cetáceos, es una industria que corresponde a otra época en la que no había tal concienciación”.

Maquinaria

Tras el cierre de la ballenera, se produjo el desmantelamiento de las instalaciones. Parte de la maquinaria fue trasladada a Cangas do Morrazo (Galicia, donde se puso en marcha la factoría de Balea, gestionada por la empresa ‘Massó Hermanos S.A.’, que adquirió cinco autoclaves, el aparato ‘Hartmann’ para derretir el aceite y cinco depósitos para almacenarlo. El coste total de la venta –según la web www.entremosnapanificadora.com- no superó el millón de las antiguas pesetas. La ballenera gallega, que llegó a ser catalogada como la segunda más importante de Europa, cesó sus actividades en el año 1983.

Copla de carnaval

La carne de ballena comenzó a venderse en el mercado, convirtiéndose en un producto muy demandado –quizás por su bajo coste- y muy popular en la ciudad. Tanto que en la década de los 40 una de las murgas ceutíes, tal y como rescata Francisco Sánchez Montoya en ‘Antología de los Carnavales’, cantaba la siguiente copla:
“Ya se ‘acabao’ el hambre / Ceuta está de enhorabuena / Por venderse en el mercado / Tanta carne de ballena / Que nos tiene majaretas a / Casadas y solteras / Por la mañana temprano / Ya tienen la cola puesta / Discutiendo las Marías / El guiso de la ballena / Unas dicen con tomate / Otras dicen con pimiento / Yo lo he comido en adobo / Y está la mar de buena / En escabeche con sus guisantes / Y sus salsitas y en amarillo / Eso decía uno que vende / Chocolatinas en un carrillo / Y resulta que de venderse / En este pueblo / Tanta carne de ballena / Yo he visto a un tío pegando saltos / Y echando espuma por la moquera / ¡Ballena!”.
Julio Ríos es uno de los muchos ceutíes que en aquella época degustaron carne de ballena. Sobre su sabor, recuerda que “era insípido y un poco duro”, aunque lo que “más me gustaba es que no tenía espina”.

Factoría de Getares

En el libro titulado ‘Cazadores de Ballenas en el Golfo de Cádiz’, el capitán Mariano Vargas Mendoza expone que “en aquellos años estaba todavía cercana la hambruna que se había padecido en todo el país a finales de los años cuarenta del siglo XX. Miles de personas habían muerto, al no tener nada que llevarse a la boca. España, carente de recursos y con sus tierras esquilmadas, volvió sus ojos hacia la mar. No sólo se desarrolló mucho toda la industria sardinera y atunera, sino que se amplió la ballenera, abriéndose dos estaciones de caza en las puertas del Estrecho, una en Ceuta y la otra en Algeciras”. En referencia a la segunda, ésta fue instalada en la zona de Getares. Actualmente aún son visibles los restos de aquella factoría que cesaba sus actividades en el año 1963. La empresa fue gestionada por la ‘Sociedad Ballenera del Estrecho’, llegando a contar hasta con un centenar de trabajadores. No fue la única factoría que albergó la zona de Getares, puesto que anteriormente, en 1914, varios socios noruegos crearon la Compañía Ballenera Española. En seis años llegaron a cazar 3.609 rorcuales y 345 cachalotes.


Fuente de ingresos

Durante varios años se produjo una caza indiscriminada de ballenas en la zona del Estrecho. La actividad comercial, legal en aquellos tiempos, generó importantes beneficios a las empresas que operaron en la zona. Varias décadas después, y gracias al turismo, los cetáceos siguen siendo una importante fuente de ingresos. Desde mediados de la década de los 80, especialmente en la zona del Estrecho, se han venido fomentado los avistamientos, implantándose un considerable número de empresas –principalmente en Tarifa-. La Fundación Migres realizó un estudio socioeconómico sobre el impacto que ejerce este tipo de turismo en el Campo de Gibraltar, calculando que anualmente son más de 10.000 las personas que demandan este tipo de servicios. Este interés genera en Andalucía –según un informe elaborado por el Grupo de Conservación, Información e Investigación de Cetáceos (CIRCE)- unos ingresos anuales de cinco millones de euros.  
Pero no solamente los avistamientos de cetáceos suponen un reclamo turístico,
también lo son las instalaciones que en su día albergaron una factoría como la que hubo en la zona de Beliones. En las Islas Azores (Portugal) se encuentran abiertos al público el museo de los Balleneros (Isla de Pico) y el museo de la Industria Ballenera de San Roque. En Galicia, la Xunta adquirió en 1992 las antiguas instalaciones de la antigua conservera Massó en Bueu (Pontevedra), convirtiéndolo en el año 2002 en un museo dedicado al mundo de la pesca artesanal e industria conservera. Próximo a este lugar, en Cangas do Morrazo, en la antigua factoría donde se transportó la maquinaria procedente de la ballenera de Beliones, se estudia la posibilidad de crear un museo centrado en la ballena y su industria. 
En 1954, la factoría de Beliones cerraba sus puertas. Lo que en un principio parecía un gran negocio, no generó la rentabilidad esperada. En sus siete años de historia fueron capturados un total de 317 rorcuales y 337 cachalotes.

sábado, 14 de septiembre de 2013

jueves, 22 de agosto de 2013

TENGO UNA CARTA PARA USTED…


Todo comenzó por casualidad. A Erundina Espí López, aficionada a escribir cartas, en el año 1977 se le ocurrió enviarle una postal de Ceuta a la reina Doña Sofía, felicitándola con motivo de su cumpleaños. La idea surgió porque coincidía con la fecha de nacimiento de su cuñada. Diez días después, la Casa Real le respondía a través de un telegrama firmado por Nicolás Cotoner y Cotoner, marqués de Mondéjar quien agradecía la felicitación en nombre de la Casa Real. Desde entonces, han sido muchas las cartas remitidas por Erundina Espí López a altos cargos  nacionales e internacionales; obteniendo respuesta de casi todos. Cartas, telegramas e incluso  fotografías recibidas como contestación a sus postales; conforman una colección que Erundina guarda como un gran tesoro. Y no es para menos. En el álbum donde conserva todas las misivas recibidas, encontramos respuestas de los diferentes presidentes del Gobierno, a los que tenía por costumbre felicitar cuando se producía su nombramiento. Así ocurrió en 1982,  cuando remitía una postal a Felipe González, pidiéndole que “no se olvidara de Ceuta”. Apenas tres meses después, le contestaban desde Moncloa asegurándole que defendería los intereses de Ceuta y Melilla. La carta estaba firmada por el propio Felipe González, y reflejaba el siguiente texto: “He recibido su tarjeta y no quiero dejar de transmitirle mi afecto por Ceuta y Melilla, porque para mí son España, sin ninguna duda, y dedico todo mi esfuerzo y voluntad al bien de todos los españoles”
Anteriormente, el 22 de abril de 1981 había remitido una carta a Ronald Reagan con motivo de su nombramiento como presidente del Gobierno de Estados Unidos. “Le tenía cierta simpatía por haberlo visto interpretar varias películas”, reconoce Erundina, quien aunque no esperaba respuesta, la Casa Blanca a través de su embajada en Madrid le agradeció el gesto, remitiéndole una carta firmada por el embajador estadounidense John R. Riddle: “Se me ha encomendado, en nombre del presidente Reagan, le haga llegar su más sincero agradecimiento por su amable felicitación y palabras de aliento y esperanza para él y el pueblo americano”.

Felicitar a la reina por su cumpleaños se convirtió en una tradición. Los telegramas venían firmados por el marqués de Mondéjar y posteriormente por Sabino Fernández.
Pero en 1982, fue la propia Doña Sofía la que rubricaba la contestación. El telegrama reflejaba lo siguiente: “Muchísimas gracias por tan cariñosa felicitación en el día de mi cumpleaños. Afectuosamente, Sofía Reina”  
El fallecimiento del padre del monarca Don Juan Carlos (1993) o la efeméride del veinte aniversario de su proclamación como rey de España fueron otro de los motivos que llevaron a Erundina Espí a ponerse en contacto con la Casa Real. En ambas ocasiones la respuesta venía firmada por el vizconde de Almansa.  En 2008, fue la última vez que remitió una postal al palacio de la Zarzuela, obteniendo respuesta en todas las ocasiones.
En el año 1990 y con motivo del fallecimiento Stéfano Casiraghi, marido de la princesa de Mónaco, Erundina le envió una postal en la que le mostraba el pésame. La contestación tardó en llegar, pero en 1992, lo hizo. La carta, escrita en francés y con escudo de la Casa Real, reflejaba lo siguiente: “S.A.S. la princesse Caroline de Monaco, très sensible aux aimables voux que vos lui avez adressées, vous remercie vivement de cette délicate pensée” (Su Alteza Serenísima la princesa Carolina de Mónaco, muy sensible a las amables palabras que le habéis dirigido, os agradece  vivamente este comentario tan delicado).
La española y la monaquense no fueron las únicas casas reales con las que se puso en contacto Erundina, puesto que el año 1993 también le remitió una misiva a la reina de Bélgica con motivo del fallecimiento de su marido. Fabiola de Bélgica le respondió mandándole una fotografía suya junto a quien había sido su pareja. A la izquierda de la imagen, y escrito a mano, figuraba este texto: “Con mi agradecimiento por vuestra ferviente comunión con mi esperanza y con mi profundo sentimiento de gratitud por el don del amor que no es eterno”. Lo firmaba Fabiola de Bélgica.
Al igual que ocurriera con Felipe González, Erundina Espí envió una carta felicitando a José María Aznar cuando en el año 1996 era nombrado presidente del Gobierno. Las elecciones se celebraron en el mes de marzo, pero la respuesta no llegó hasta diciembre, aunque en ella, José María Aznar le pedía disculpas por el retraso. No fue la primera vez que obtenía la contestación de José María Aznar, ya que un año antes de llegar a la Moncloa, y como consecuencia del atentado que sufrió, Erundina le había enviado una postal.
En el año 2000, José Luís Rodríguez Zapatero vencía en las elecciones generales. El relevo al frente de la Moncloa propició que Erundina Espí volviera a remitir una postal al nuevo presidente del Gobierno solicitándole especial atención a Ceuta y Melilla ante las históricas reivindicaciones por parte de Marruecos. En esta ocasión, como había ocurrido hasta entonces, también obtuvo respuesta en una carta rubricada por el propio José Luís Rodríguez Zapatero, que le tranquilizaba en referencia al futuro de ambas ciudades: “[…] En cuanto al tema que le preocupa, me gustaría que estuviera tranquila”.
Erundina Espí, tal y como hizo con anteriores presidentes del Gobierno, también ha remitido una postal a Mariano Rajoy, aunque de momento, el actual mandatario no contestado.

Respuestas del Papa Juan Pablo II, Adolfo Suárez y una larga lista de artistas como Carmen Sevillla, Perlita de Huelva, Rocío Jurado o Manolo Escobar completan la colección de Erundina Espí, quien gracias a su afición por escribir cartas, ha recibido más de una satisfacción y casi siempre una sorpresa agradable. Y es que no todos los días se recibe una carta firmada por un presidente del Gobierno o por la mismísima reina Doña Sofía.