sábado, 17 de diciembre de 2016

HOTEL ULISES: HISTORIA DE UNA EMPRESA FAMILIAR (Incluye video)


La construcción y apertura un año antes del Hotel La Muralla no había paliado la carencia de plazas hoteleras en la ciudad. Ceuta -al igual que otras muchas localidades españolas- vivía la eclosión del turismo, pero su evolución fue lenta. La inauguración del Hotel Ulises supuso un salto cualitativo y cuantitativo para el sector turístico ceutí. Especialmente, porque Ceuta necesitaba atender la demanda de visitantes que por aquella época llegaban a la ciudad atraídos por los muchos atractivos de Ceuta, entre ellos, el comercial.
Según datos aportados por el cronista oficial de Ceuta, José Luis Gómez Barceló, el solar donde fue construido el Hotel Ulises fue utilizado durante los años 50 como terraza de verano por los propietarios del Cinema Apolo.
A finales de esa misma década, según la documentación a la que hemos tenido acceso para la elaboración de este reportaje, Bulyba S.A adquiere el terreno con la intención de construir un establecimiento hotelero. Al frente de la citada empresa estaba Mohamed Bulaix Baeza, quien ya contaba con una gran experiencia en el sector, puesto que también era propietario del prestigioso Hotel Dersa, ubicado en Tetuán. Desde Bulyba S.A. se solicita la expropiación o la mediación del Ayuntamiento para la compra de un inmueble, propiedad de la Iglesia ubicado en la Calle Daoiz, 4. Aunque la operación tardó bastante tiempo en efectuarse, el coste de la misma ascendió a 297.412 pesetas. Mientras tanto, el solar donde posteriormente fue construido el Hotel Ulises fue cedido al Ayuntamiento para su uso como aparcamiento de vehículos, aunque en la documentación no figura si finalmente se utilizó como parking. Las obras de construcción del  hotel comenzaron en 1964, bajo la dirección facultativa del arquitecto Jaime Antón Pacheco.


Apertura e inauguración

Fue en mayo de 1968 cuando el ‘Gran hotel Ulises’ abría sus puertas, aunque la inauguración oficial se produjo casi un año después, concretamente el 27 de marzo de 1969. Antes de su apertura al público, la empresa Bulyba S.A. organizó un acto privado de presentación al que acudió una importante representación de la sociedad ceutí, encabezada por las principales autoridades. También asistió una destacada comitiva de representantes de Marruecos. Ante la posibilidad de que al acto de inauguración acudiera el ministro de Información y Turismo, se optó por esperar para realizar la inauguración oficial más adelante. El presidente del Consejo de Administración de la empresa propietaria del Hotel Ulises, Mohamed Bulaix junto al consejero José María Matos y el director del hotel, Manuel Martínez López recibió a todos los invitados en la puerta principal del establecimiento hotelero. Posteriormente se llevó a cabo una visita por las instalaciones y se ofreció una copa de vino como preámbulo al almuerzo celebrado en uno de los salones del Gran Hotel Ulises. El acto finalizaba con un brindis y una breve alocución del máximo responsable de Bulyba S.A.


Casi un año después, y ya con el hotel en pleno funcionamiento, se producía la inauguración oficial de las instalaciones hoteleras. El acto, celebrado el 27 de marzo de 1969 fue presidido por el director general de Empresas y Actividades Turísticas, León Herrera y Esteban, quien viajó en Ceuta en representación del ministro de Información y Turismo. Antes del almuerzo, se produjo la bendición de las instalaciones por parte del vicario de la Diócesis de Ceuta, Isidro Conde y Conde. Tras una copa de vino, las autoridades invitadas al acto recorrieron el hotel y finalmente se ofreció un almuerzo, que concluía con un breve discurso a cargo del director general de Empresas y Actividades Turísticas, quien destacaba la “gran personalidad” de Mohamed Bulaix, a la hora de emprender un proyecto de tal calibre como era la apertura del Gran Hotel Ulises.

Características del hotel

Cuando el Gran Hotel Ulises abrió sus puertas, disponía de 126 habitaciones. Todas ellas con baño completo y teléfono. Aspectos que ahora nos parecen absolutamente normales, pero remontándonos a aquella época –hace casi cincuenta años-, no lo eran tanto. El edificio contaba con tres ascensores, salones sociales, tres bares, sala de fiesta, y según resaltaba la prensa, piscina con vistas al puerto y al Estrecho de Gibraltar. Disponía de aire acondicionado, y con una decoración vanguardista y moderna para la época. En su día se le otorgó la categoría de Primera A (actualmente es de cuatro estrellas). El hotel inició su andadura bajo la dirección de Manuel Martínez López, ex director del Hotel Costa del Sol; y quien también había trabajado en países como Alemania, Francia, Inglaterra y Marruecos antes de aceptar la propuesta de dirigir el Gran Hotel Ulises.


Atentado

El 6 de marzo de 1979, el Hotel Ulises fue escenario de un atentado en el que resultaron heridas veinte personas –una de ellas grave- al explosionar un artefacto. La bomba, que fue colocada en la habitación 319, estallaba sobre las ocho y media de la tarde. Las primeras informaciones publicadas por la prensa nacional apuntaban al denominado Frente Patriótico marroquí como autor del atentado. Incluso las noticias indicaban que se había efectuado una llamada telefónica a la delegación de la agencia France Press en Madrid, reivindicando la explosión. Como consecuencia de la onda expansiva, los edificios y comercios colindantes sufrieron importantes daños materiales. Se produjo una lluvia de cascotes que también afectó a los vehículos aparcados bajo el hotel. Apenas dos días después, la Jefatura Superior de Policía en Madrid y la Dirección general de Seguridad confirmaban –así lo recogían los principales periódicos de la época- que la autoría del atentado correspondía al Partido Comunista Internacional de Cataluña (PCE Internacional). En la habitación 319 se habían hospedado dos mujeres, que según las investigaciones policiales, también podrían ser las responsables de una explosión ocurrida unos días antes en Melilla.

Tres generaciones

Casi cincuenta años después de su apertura, el Hotel Ulises no ha perdido el concepto de negocio familiar. Desde el año 1999, María Dolores García-Valiño Molina ostenta la presidencia del Consejo de Administración de Bulyba S.A., mientras que Fuad y Karim Bulaix -nietos del primer propietario- son consejeros delegados de la empresa. La llegada de ambos supuso un importante impulso para el hotel. Karim Bulaix no duda en reconocer que “es una satisfacción e ilusión continuar la labor que inició mi abuelo hace ya tiempo”.
Los actuales responsables del Hotel Ulises son la tercera generación, puesto que “mi padre –explica Bulaix- fue de los primeros directores. Estuvo trabajando para mi abuelo durante mucho tiempo, y luego pasó a ser presidente del Consejo de Administración. Cuando él falleció, mi hermano y yo nos hicimos cargo de la empresa”. 
La nueva dirección decidió darle un impulso al hotel, acometiendo una importante reforma que se iniciaba en el año 2001 y finalizaba en 2013. La apuesta económica llevada a cabo por Bulyba S.A. conllevó una modernización progresiva de las instalaciones hoteleras y un cambio de imagen que poco a poco comenzó a dar sus frutos, convirtiendo al Hotel Ulises en un lugar acorde con la evolución que también experimentó el centro de la ciudad en esos primeros años del siglo XXI. La reforma de todas sus habitaciones  y la apuesta por la restauración fueron algunas de las claves en la proyección del hotel: “Desde el principio teníamos muy claro que  había que devolverle tanto a Ceuta como al propio hotel la calidad que tenía el Hotel Ulises. Cuando se es empresa privada y se tiene que afrontar con sus propios mecanismos y medios todos los gastos de la reforma se hace más lento. Empezamos en el año 2001, hemos ido por fases y concluimos en 2013", expone Karim Bulaix, quien califica el esfuerzo realizado en los últimos años como "casi titánico". 
Cuando el presidente del Consejo de Administración habla de esfuerzo, no sólo se refiere al efectuado por la empresa, sino también al realizado por el personal, ya que "estuvo implicado con nosotros desde el principio" -reconoce orgulloso Karim Bulaix-, que no duda en afirmar que "gracias al equipo con el que contamos, desde hace algún tiempo ya se pueda ver luz a toda esa apuesta que hicimos. Fue brutal el esfuerzo que a nivel familiar y a nivel de personal se realizó desde el principio". 

Para Bulaix, la implicación de los trabajadores es fundamental: "Por nombre, no podemos competir con los otros establecimientos hoteleros de la ciudad; por ello decidimos apostar íntegramente por el servicio. Sí se podía competir por la calidad, por esa atención familiar y meticulosa hacia el cliente que no sería posible si no fuese porque el personal está involucrado".
Dos ejemplos -pueden ser muchos más- de ese empeño en la atención al cliente son Rabeh Hamido y Pepa Gómez. El primero, lleva trece años como recepcionista y lo tiene muy claro: "Lo importante es el servicio, y lo principal que el cliente se crea que está en su casa. Que no se quiera ir". Por ello -añade- “somos una familia para lo bueno y lo malo". Su discurso lo pone en práctica día tras día en la recepción del Hotel Ulises, donde es uno de los trabajadores más carismáticos y apreciados por los clientes habituales. 
La opinión de Pepa Gómez (gobernanta) es prácticamente idéntica a la de su compañero. Lleva más de una década trabajando en el hotel. Tiempo más que suficiente para conocer los gustos del cliente, aunque considera que la principal demanda es “un trato personalizado”. Su trabajo no pasa desapercibido para los huéspedes que se alojan con cierta frecuencia en el Hotel Ulises. Asegura que es muy habitual que pregunten por los trabajadores, circunstancia que “da mucha alegría”, ya que también se puede interpretar como un indicativo de que “se fue satisfecho”.


El Hotel Ulises no sólo ha sido un negocio familiar, sino que también "siempre ha estado -expone Karim Bulaix- arraigado sentimentalmente a mi familia". ¿El motivo? Un detalle que pocos conocen: "Mi padre y mi madre comenzaron su noviazgo en la fiesta de inauguración. Ha estado muy ligado sentimentalmente a mi familia".

La modernización de sus instalaciones y la apuesta por un nuevo modelo de negocio no ha impedido que, casi medio siglo después de su apertura, el Hotel Ulises mantenga el esplendor con el que se inauguraba a finales de la década de los años sesenta. 






domingo, 20 de noviembre de 2016

jueves, 20 de octubre de 2016

(1956) UN MAL AÑO EN LA HISTORIA DEL PUERTO DE CEUTA


A tenor de los sucesos ocurridos, 1956 fue un mal año en la historia del puerto de Ceuta. En apenas tres meses, se registraron dos incendios en el muelle de Poniente. Las consecuencias pudieron ser peores, pero afortunadamente sólo hubo que lamentar daños materiales. El primero de los fuegos se produjo en agosto, mientras que el segundo –el que más perjuicios ocasionó- se registró en el mes de noviembre. Ambos, casualmente, se originaron en unas partidas de corcho que iban a ser embarcadas. 

Primer incendio 

El primero de los dos incendios se registró el 22 de agosto. Comenzó pasada las cinco de la tarde. Según recoge la prensa local, las llamas se extendieron en cuestión de minutos, provocando un intenso fuego. Rápidamente, llegaron a la zona numerosos camiones de bomberos y del Ejército, intentando sofocar el incendio por uno de los laterales, pero sobre todo contener las llamas. La cercanía de las canalizaciones de combustible obligaban a una rápida actuación para evitar que el fuego se propagara. Las operaciones fueron dirigidas por el ingeniero jefe del puerto. Incluso fue necesaria la participación en las labores de extinción de una de las embarcaciones de prácticos, que –con varios operarios del puerto a bordo- se aproximó al muelle para coger una manguera, y desde el mar, lanzar agua directamente al corcho ardiendo. 




Pese a la cercanía de las llamas, y el calor que éstas desprendían, desde la pequeña embarcación no se desistió, y consiguió aproximarse al dique para que desde tierra varios operarios pudieran instalar distintas mangueras que comenzaran a lanzar agua sobre el fuego. Poco después, el remolcador ‘Abyla’ sustituyó a la embarcación de prácticos. Lentamente se consiguió cercar el incendio, quedando el fuego controlado -según datos extraídos del archivo histórico del Cuerpo de Bomberos- poco después de las diez y media de la noche. En el archivo de la Autoridad Portuaria de Ceuta se conservan fotografías del suceso. En sus memorias del año 1956 quedó registrado del siguiente modo: 

El 22 de agosto y en la tercera alineación del dique-muelle de Poniente, a última hora de la tarde, estalló un violento incendio que produjo daños de escasa consideración en las instalaciones del puerto; se inició, por causas desconocidas, en una partida de corcho depositada en el muelle para su embarque inmediato y pese a los esfuerzos realizados por el personal de la Junta, de las fuerzas del Ejército graciosamente cedidas por las autoridades militares y del Servicio de Bomberos de la ciudad, favorecido el fuego por el fuerte viento de Poniente, no pudo ser atajado hasta que transcurrieron tres horas. Las pérdidas en las mercancías fueron considerables, si bien como se ha dicho, no tuvieron importancia las producidas en el puerto propiamente dicho”. 

Según figura en el archivo histórico del SEIS (Servicios de Extinción de Incendios y Salvamento) fue necesaria la intervención de toda la plantilla con la que contaba en aquel momento el Cuerpo de Bomberos. 



Tres meses después, un nuevo incendio 

Tres meses después, el puerto volvía a sufrir un nuevo incendio. A juicio de la prensa local, el más importante de su historia hasta ese momento. De nuevo, varias toneladas de corcho ardían en las instalaciones portuarias. Ocurrió el 26 de noviembre. 
El fuego se originó a escasos metros de un buque noruego que transportaba combustible. Mientras los integrantes del cuerpo de Bomberos intentaban sofocar el fuego, desde el propio petrolero se lanzaba agua directamente sobre las llamas. Las labores de extinción, ante el intenso viento de Levante que soplaba, parecían inútiles; por lo que pronto el fuego se extendió a otros fardos de corcho e incluso a vehículos que estaban estacionados en la zona. La presencia de manchas de combustible en el suelo provocó pequeños incendios que iban sofocándose por operarios del puerto conforme se iban originando. El buque noruego, que había sufrido una avería en el ancla, se vio obligado a soltar amarras y alejarse del dique. Se optó por lanzar al agua parte del corcho incendiado y el que aún no había ardido, evitando de este modo que el fuego se propagara, aunque las chispas del incendio suponían un auténtico peligro. 



El fuego alcanzó importantes dimensiones, siendo apreciable desde muchos puntos de la ciudad. A las labores de extinción se sumó el Ejército e incluso marineros de buques que se encontraban atracados en el puerto ceutí. Empujados por el viento, y como consecuencia de los efectos de la corriente, algunos fardos de corcho ardiendo que anteriormente habían sido lanzados al mar fueron arrastrados hasta la fábrica de hielo, ubicada en el muelle de Poniente.
El fuego alcanzó las tuberías de la empresa CEPSA, pero el paso del combustible había sido cerrado previamente. Las tuberías, que fueron impregnadas de brea, ardieron. Al igual que lo hicieron dos grúas que estaban situadas en la zona. Las chispas seguían propagándose como consecuencia del fuerte viento. Poco a poco los esfuerzos surtieron efecto, y el fuego controlado hasta su total extinción. Los daños materiales fueron cuantiosos, mucho más que en el incendio registrado tres meses antes en el mismo lugar. No hubo que lamentar daños personales, salvo algunas heridas leves como consecuencia de las labores de extinción. En el archivo de la Autoridad Portuaria se conserva un resumen de lo sucedido aquel 26 de noviembre de 1956, lamentando y enumerando los importantes daños materiales: 

El 26 de noviembre y a última hora de la tarde, un nuevo incendio se produjo en el puerto, esta vez en la quinta alineación del dique-muelle de Poniente y soplando fuerte viento de Levante. Como en el anterior se originó en unas partidas de corcho allí depositadas y que debían ser embarcadas al día siguiente, pero en esta ocasión los daños producidos en las instalaciones portuarias fueron muy sensibles, ya que, aparte de quedar inutilizadas las redes de alumbrado y fuerza en un importante sector, las llamas alcanzaron a la grúa de 20-30 toneladas y a dos de tres toneladas, ninguna de las cuales pudo ser retirada por distintas causas, antes de que el fuego llegase a ellas. Para colmo de males, algunos de los voluntarios que tomaron parte en la extinción del incendio, arrojaron al agua, con la esperanza de que allí se apagasen, varias pecas de corcho en ignición, que el viento transportó hasta la tercera alineación donde se encontraba atracada la grúa flotante de diez toneladas de potencia, propiedad de la Junta, que hubo que hundir, para evitar males mayores, cuando los esfuerzos desarrollados para dominar el fuego a dicha embarcación resultaron baldíos”. 

La labor del Cuerpo de Bomberos se prolongó hasta la mañana del día siguiente. A las diez de la mañana, según figura en el archivo histórico del SEIS, se dio por extinguido el fuego.


 

lunes, 19 de septiembre de 2016

lunes, 22 de agosto de 2016

JOSÉ RAMÓN LÓPEZ DÍAZ-FLOR: EL PRIMER DEPORTISTA CEUTÍ EN LOGRAR UNA MEDALLA OLÍMPICA


Han sido muchos los deportistas ceutíes que han brillado y logrado grandes éxitos en diferentes modalidades. Pero de ellos, tan sólo cuatro han participado en unos Juegos Olímpicos: José Ramón López Díaz-Flor, Antonio Pérez Cospedal (Tokio 1964), Guillermo Molina (Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012 y Río de Janeiro 2016)  y Lorena Miranda (Londres 2012). A esta lista hay que unir el nombre de Regino Hernández (ceutí afincado en Málaga), quien a sus veinticinco años ya ha representado a España en dos ocasiones en unos Juegos Olímpicos de Invierno (Vancouver 2010 y Sochi 2014). De los cinco deportistas ceutíes, tan sólo José Ramón López Díaz-Flor y Lorena Miranda han conseguido una medalla olímpica. El piragüista lograba la medalla de plata en Montreal’76, mientras que la waterpolista obtenía un más que meritorio subcampeonato olímpico en el año 2012 en las Olimpiadas de Londres.
El pasado 31 de julio se cumplían cuarenta años de aquella histórica final en la que el K-4 compuesto por José Ramón López Díaz-Flor, Herminio Menéndez, José María Esteban Celorrio y Luis Gregorio Ramos conseguían la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976. Un segundo puesto, que pese a lo que supuso para el deporte español, dejó un sabor agridulce entre los artífices de aquel logro. Cuatro décadas después aún recuerdan aquella final con cierta impotencia, ya que partían como favoritos para haberse colgado la medalla de oro. Incluso José Ramón López Díaz-Flor utiliza el término fracaso: “El segundo puesto en los Juegos Olímpicos de Montreal fue un fracaso porque nuestra embarcación en ese momento era superior a la de todos los países. Éramos favoritos, por lo que la plata fue amarga”. Lo que pudo ser y no fue, no debe restar mérito a aquel segundo puesto. Una segunda posición que en Ceuta se celebró como un gran triunfo. Era la primera vez que un ceutí conseguía una medalla olímpica.



Final

A las seis de la tarde del 31 de julio de 1976 se disputaba la final de 1.000 metros en K-4. La embarcación española fue superada por los representantes rusos por tan sólo veintiséis centésimas. Se escapaba el oro por muy poco. “Entramos casi a la vez, de hecho, tardaron un montón de tiempo en darnos los resultados”, recordaba recientemente José Ramón López Díaz-Flor en el diario El País. El piragüista ceutí también rememoraba aquella carrera: “Nosotros íbamos por la calle 5, los rusos por la 2, estaban más protegidos por el viento. Vimos a los rusos tirar, y pensamos: se van a morir. Murieron los rumanos, no los rusos”.  Su testimonio coincide con el del ceutí Rafael Bringas, primer entrenador de Díaz-Flor, y quien también viajó a Montreal formando parte del cuerpo técnico del equipo español de piragüismo. Fue testigo directo de aquella final, y achaca a la influencia del viento el hecho de no haber logrado la medalla de oro: “Había calles en las que el viento soplaba más que en otras. A los rusos no les afectó porque iban por la calle número dos. El K-4 español fue primero durante los setecientos cincuenta primeros metros, pero en la recta final, los rusos se vieron protegidos del viento por las gradas, y les benefició”.



El diario ‘El Mundo Deportivo’ resaltaba en su edición del 1 de agosto de 1976 la gesta de los piragüistas españoles, subrayando su superioridad durante toda la carrera y la ajustada victoria rusa. Así lo resumía en la crónica publicada aquel día: “[…] Al comienzo de la prueba comenzó a llover ligeramente y el viento cambió su dirección, soplando un nordeste a ráfagas. La salida fue fuerte y España se puso en cabeza, seguida por Rumanía y la Unión Soviética. A los 250 metros, los españoles sacaban 58 centésimas de segundos a los rumanos y a los 500 metros tenía una ventaja de 40 centésimas sobre los soviéticos, que ya habían desplazado a Rumanía. El ritmo de palada de los españoles era impresionante, pero los soviéticos sostenían el tren con la misma pujanza por lo que la emoción aumentaba. A los 750 metros, Rumanía hizo su gran último esfuerzo y pasó al primer lugar, con 49 centésimas sobre España, pero pagaron su esfuerzo hundiéndose en los metros finales. Estos metros fueron disputados palmo a palmo entre España y la Unión Soviética. Chuhray, Degtiarev, Filatov y Morezov, con la mejor tradición de los remeros del Volga, consiguieron un aceleramiento final impresionante en su calle 2 mientras en la 5 los españoles parecían dejarse el alma sobre la embarcación para conseguir el oro. La llegada fue cerradísima, en una cara y cruz que sólo dependía de la palada al llegar a la meta. Así fue el oro para la URSS y la plata para España […]”

Recibimiento

Cuatro días después de haber logrado la medalla de plata en Canadá, José Ramón López Díaz-Flor junto a Rafael Bringas fue recibido como un auténtico héroe en el puerto ceutí. Fue una auténtica fiesta con la participación, incluso, de un grupo de majorette y banda de música. El por aquel entonces alcalde, Alfonso Sotelo Azorín acompañado por, entre otros, el delegado de Educación Física y Deportes y una amplia representación del CN CAS –club al que pertenecía Díaz-Flor, presidieron el recibimiento en el puerto, donde también se dio cita un desatacado número de ceutíes que no quisieron perderse la llegada del medallista olímpico a su tierra.



Campeonato del Mundo

Un año antes de lograr la plata en Montreal 1976, José Ramón López Díaz-Flor cosechaba su primera medalla de oro en el Campeonato del Mundo en la distancia de 1.000 metros (K4) disputada en Yugoslavia. Ese título suponía el primero en la historia del piragüismo español. Más de cuatro décadas después, aquella medalla de oro sigue siendo para José Ramón López Díaz-Flor el triunfo más importante de su carrera: “Para mí tiene más valor el primer campeonato del Mundo que la medalla olímpica”, reconocía hace unos meses en una entrevista emitida en Radio Ceuta (Cadena SER). En ese Campeonato del Mundo también lograba la medalla de bronce en la modalidad de relevos (500 metros), compartiendo pódium con el también piragüista ceutí Martín Vázquez López. En el palmarés de Díaz-Flor figuran, entre otros muchos logros, seis medallas (una de oro, cuatro de plata y una de bronce) en citas mundiales.

Residencia Blume

Desde el año 1988, José Ramón López Díaz-Flor es el responsable de la Residencia Blume y actualmente dirige el Centro de Alto Rendimiento en Madrid. Su nombramiento se produjo a instancias del que fuera su compañero de tripulación en el K-4 que conseguía la medalla olímpica en 1976. “Era funcionario en la Delegación Provincial de Ceuta. Aunque desconozco en profundidad lo que ocurría, pero al parecer existía serios problemas de interrelación entre los deportistas y el propio Consejo Superior de Deportes, y a instancias del que fue mi compañero de embarcación Herminio Menéndez, me llamó el entonces secretario de Estado, Gómez Navarro; me ofreció el cargo y acepté. El reto me motivaba porque estaban próximos los Juegos Olímpicos de Barcelona”, recuerda Díaz-Flor, quien tras comprometerse con el secretario de Estado, surgió un inesperado inconveniente: “Vuelvo a Ceuta después de reunirme en Madrid, y cuando transmito en casa el ofrecimiento, mi mujer me dice que ella no se quiere mover de Ceuta. Me vine a Madrid solo, hasta que terminó el curso académico”.
En febrero de 1988 asumió la dirección de la Residencia Blume. Desde el punto deportivo, José Ramón López Díaz-Flor contaba con la experiencia acumulada como residente de la misma durante su etapa como deportista, pero no así de la gestión de un centro de estas características, por lo que “lo primero que hice fue inscribirme en un master de Dirección y Administración de Entidades Deportivas en la Universidad Complutense para adquirir conocimientos en la gestión de personal  y administrativa”. Díaz-flor reconoce que los inicios no fueron fáciles: “Se me hizo duro. Hacía muchos años que ya había dejado de estudiar y me costó bastante”.
Tras veintiocho años al frente de la Residencia Blume -tiempo al que hay que sumar su etapa como deportista - toda la vida de Ramón López Díaz-Flor ha estado ligada al deporte: “Siempre ha sido mi pasión. Es mi trabajo, pero también el deporte es mi vida porque vivo en la residencia, y lo vivo durante veinticuatro horas al día”.
Durante estas casi tres décadas que Díaz-Flor acumula como director de la Residencia Blume y máximo responsable del Centro de Alto Rendimiento de Madrid, han sido numerosos los deportistas que han estado bajo su tutela. Muchos de ellos han alcanzado grandes metas en diferentes modalidades deportivas. Un ejemplo reciente es el de Carolina Marín. Para Ramón López Díaz-Flor son “como mis hijos, con los que vivo cada día desde sus cuestiones más personales o reservadas hasta los estudios, y por supuesto su carrera deportiva”.  Y con ellos comparte los triunfos, las decepciones o los momentos duros cuando sufren alguna lesión. No oculta –y así lo reconoce- que llega a emocionarse cuando algunos de estos deportistas cumplen sus objetivos, o se lesionan.
Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero José Ramón Díaz-Flor es –y se siente querido en su ciudad natal. Desde hace años un polideportivo lleva su nombre, al igual que el trofeo que anualmente entrega el ICD al mejor deportista ceutí del año: “Me siento congratulado de que una instalación lleve mi nombre. Y si no fuera sido así, me hubiera dado igual. Yo, me siento caballa; y cuando voy a Ceuta me encanta pasear por sus calles. Voy a todos los sitios andando porque me gusta disfrutar y sentir sus calles”.
Como ceutí, y como director de la Residencia Blume, una circunstancia que le satisface personalmente es “encontrarme en las instalaciones que dirijo con gente de Ceuta. Y pone como ejemplo cuando coincidió con Guillermo Molina: “Es un baluarte del deporte nacional, y supuso un orgullo personal que él me reconociera como una figura y destaca los éxitos deportivos de mi carrera”.

Los recientes éxitos del piragüismo español en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro son los últimos logros para un deporte que cosechó su primera medalla olímpica hace cuarenta años. Con José Ramón López Día-Flor y compañía se iniciaba una nueva etapa. Con ellos comenzó todo. 


miércoles, 6 de julio de 2016