sábado, 23 de febrero de 2019

DOS CEUTÍES, TESTIGOS DEL HISTÓRICO 23 F


Fueron una horas de mucha incertidumbre. Aquel 23 de febrero de 1981, los ceutíes, al igual que el resto de españoles, estuvieron muy atentos a lo que ocurría en el interior del Congreso de los Diputados. A las 18,00 horas, se inició  la segunda votación para la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados, después de que dos días antes no obtuviera la mayoría suficiente. En plena votación, un grupo de doscientos guardias civiles (algunos armados) irrumpió en el hemiciclo. Al frente estaba el teniente coronel Antonio Tejero, que arma en mano y gritando “¡Quieto todo el mundo!", ordenaba que todos se tiraran al suelo.​ Así comenzaba este intento de golpe de Estado que resultó fallido.
Dos ceutíes fueron testigos directos de aquel histórico episodio. Francisco Olivencia Ruiz, diputado por Ceuta (UCD) y Manuel Chaves González, diputado por la circunscripción de Cádiz (PSOE), vivieron, desde sus respectivos escaños, aquel inquietante 23 F.


Francisco Olivencia: “No olvidaré que aquel día tuve que ir al servicio con una metralleta en la espalda”

Francisco Olivencia (1934-2019) reconocía hace algunos años en Radio Ceuta (Cadena SER) que “lo viví y no lo olvidaré”. “Era un lunes –rememoraba-, caso absolutamente inusitado porque las sesiones del Congreso empezaban los martes, pero la semana anterior, Calvo Sotelo no sacó la mayoría suficiente y se convocó una sesión cuarenta y ocho después”.
“Estábamos votando –exponía Olivencia- la investidura de Calvo Sotelo como presidente del Gobierno, y en un momento dado, yo estaba próximo a votar, se oyó un ruido en el pasillo. Como había obras, yo pensé que sería un tablón que se había caído, pero por lo que se ve fue un disparo”.
La entrada de Antonio Tejero al hemiciclo, arma en mano, fue “un momento difícil”. Francisco Olivencia le reconoció “enseguida” porque “había estado implicado anteriormente en un esbozo de golpe de Estado”. Aunque podía haber cierta confusión, los parlamentarios no tardaron en darse cuenta de lo que realmente ocurría: “A mi lado había un diputado de Ciudad Real, Pedro Menchero, que ante la exclamación de otro diputado cercano que dijo ¡Pero esto qué es! Con una voz serena contestó: pues no lo ves, un golpe de Estado”, recordaba Olivencia, quien asegura que esa calma con la que respondió “me sorprendió”.
Tras el famoso e histórico grito de Antonio Tejero de “todos al suelo” los diputados “nos lanzamos al suelo cuando empezaron los tiros”, explicaba Francisco Olivencia, varias décadas después del 23 F, tenía una mezcla de sensaciones sobre aquel suceso vivido en el Congreso de los Diputados: “Tuvo su parte jocosa, pero fue desagradable en ese momento”.

Sin duda, el momento más tenso fue cuando comenzaron los disparos. Algunos diputados pensaron que sus vidas corrían peligro: “Un compañero de escaño me dijo que estaban disparando por filas, y le contesté que no podían matarnos porque eran Guardias Civiles”.
¿Qué se le pasó por la Cabeza a Francisco Olivencia cuando se confirmó que se trata de un golpe de Estado?: “Pensé muchas cosas. Me preguntaba qué iba a pasar con el futuro de España, qué estaría ocurriendo fuera porque Tejero decía que tenía el apoyo de diferentes Regiones militares. Después supimos que no era cierto, pero en ese momento me planteaba muchas preguntas”.
Horas después, gracias a “un pequeño transistor que había conseguido Abril Martorell (UCD), íbamos teniendo algunas noticias”. Entre ellas que “el rey había hablado por televisión y que se estaba negociando”.
Fueron dieciocho horas de mucha tensión. Francisco Olivencia reconocía que se “nos hizo muy largo”. Inquietud que, sin embargo –confesaba- no le impidió dormir “tres o cuatro horas tranquilamente”. 


Uno de los inconvenientes con el que se encontraron los diputados durante el tiempo que permanecieron en el Congreso fue la falta de tabaco: “Por aquel entonces su fumaba en el hemiciclo. La abstinencia sumada a la intranquilidad por lo que estaba pasando, nos tenían algo nerviosos. Nos trajeron unos cartones de tabaco ruso que tenía el Grupo Comunista en su secretaría. Me hice con un paquete y me tranquilicé”.
Entre los muchos momentos vividos aquel 23 F, hay uno que -según reconocía Francisco Olivencia en la Cadena SER- no había olvidado: La de ir al servicio “con una metralleta a la espalda”.
Poco antes del mediodía (11:50 horas) del 24 de febrero de 1981, los diputados y los periodistas que permanecían encerrados desde el día anterior, comenzaron a abandonar el Congreso. Lo primero que hizo Francisco Olivencia fue “ir a buscar a mi mujer”. “Teníamos –añadía- un pequeño apartamento muy cerca del Congreso, pero allí no estaba. Cuando la encontré, ya me contó cómo se había vivido desde fuera”.
Para Francisco Olivencia, el hecho de que el intento de golpe de Estado se llevara a cabo el 23F, le hizo pensar que “era imposible que estuviera preparada mucho antes porque era imprevisible que aquel día hubiera sesión en el Congreso”. Por ello, pensaba que “fue repentinamente preparado por Antonio Tejero”.
​En cuanto a si se ha contado toda la verdad sobre el 23 F, Francisco Olivencia creía que “no”. “De aquella trama y sobre su trasfondo, seguro que queda algo en el aire”, afirmaba,  aunque se mostraba partidario de recordar, pero también decir que ya pasó”.
Años después del 23 F, Francisco Olivencia vivió una curiosa anécdota relativa a aquel histórico hecho: “Durante la celebración de una comunión, en el Casino Militar, se me acercó una persona y me dijo que era uno de los Guardias Civiles que estuvieron el  Congreso. Estuvimos charlando y curiosamente, los que aquel día estábamos en un bando y otro, nos dimos la mano”.


Manuel Chaves: “Pensé que los golpistas estaban dispuestos a todo para lograr sus propósitos”

El que fuera presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves (1945), según publicaba la web ecodiario.eleconomista.es, reconoce que pensó en su familia, en su mujer y en sus hijos, que estaban en esos momentos en Cádiz. Cuando se llevaron a Adolfo Suárez, a Gutiérrez Mellado y a Felipe González, el parlamentario socialista creyó que "los golpistas estaban dispuestos a todo para lograr sus propósitos".
El paso del tiempo, y sobre todo que la “autoridad militar" de la que presumía Tejero en el Congreso no llegaba, hizo que Manuel Chaves comenzara a sospechar que  "algo no estaba saliendo como los golpistas habían pensado”.
El 24 de febrero, cuando los diputados abandonaban el Congreso, Manuel Chaves lo hizo con la sensación de que la democracia española "había superado una de sus pruebas más duras". Por ello, aquel 23 F supuso una “lección de fortaleza para una democracia muy joven después de 40 años de férrea dictadura franquista”.

Anécdota

Quizás llevado por la intuición, en diciembre de 1980, Francisco Olivencia protagonizó una curiosa anécdota que recordaba en la Cadena SER: “Estábamos en una reunión del Grupo Centrista y alguien preguntó si al año siguiente habría elecciones generales anticipadas, y yo contesté que elecciones generales no sé, pero generales sin elecciones seguro”. Sin saberlo, vaticinó un hecho que pasó a la historia y que pudo marcar el futuro de España.

sábado, 19 de enero de 2019

EL ÚLTIMO SASTRE


Hay profesiones que con el paso del tiempo van desapareciendo. Una de ellas es la de sastre. Muy pronto, ’El Dique’ la única sastrería que existe en Ceuta, cerrará sus puertas. Su propietario, Julio García, lleva a más de sesenta años dedicado al mundo textil. La gran mayoría como camisero. A sus 89 años, aunque ya no ejerce, no puede evitar situarse todos los días detrás del mostrador. Lo hace por placer, mientras se produce el cierre definitivo del negocio. Sastrería ‘El Dique’, situada en la calle Jáudenes, dejará de existir en el momento en el que sea vendido el edificio en el que se encuentra ubicada. Atrás quedarán más de seis décadas de historia. Desde su apertura en el año 1956, tras la finalización del protectorado Español en Marruecos, Julio García ha estado ligado a ‘El Dique’. Primero como empleado, y posteriormente como dueño. Pero sus comienzos, como aprendiz, fueron cuando apenas tenía 14 años: “Aún estaba en el colegio, y un día, tras salir de clase, una vecina me propuso entregar los trajes. Me dijo que me pagarían 14 pesetas a la semana, más las propinas que me dieran”, explica Julio García, quien recuerda que en “los primeros días conseguí 21 pesetas de propina porque era un gran sastre y tenía que entregar muchos trajes”. Poco después los dueños de la sastrería le encomendaron nuevas tareas: “Me preguntaron si quería ser sastre y empecé a trabajar como aprendiz. A mí me gustaba el contacto con el público y me encantaba mi trabajo. Me enseñó a cortar camisas, después me fui a Barcelona para perfeccionarme en una academia. Me hice camisero y regresé a Tetuán donde estuve trabajando algún tiempo”.

En el año 1956, coincidiendo con la independencia de Marruecos, los antiguos propietarios de la sastrería decidieron cerrar el negocio en Tetuán y abrir un nuevo negocio en Ceuta. Ahí comienza la historia de ‘El Dique’: “Buscamos un local donde montar la sastrería y encontramos uno en la calle Jáudenes. Era un garaje, pero había que adquirir todo el edificio. Compraron la casa y me pusieron al frente de la tienda”.


Pese al número de sastrerías que existían en la ciudad, ‘El Dique’ –quizás avalado por el prestigio alcanzado en Tetuán- se convirtió en un lugar de referencia dentro del comercio textil. Además, el antiguo propietario solía innovar o seguir las tendencias de la época. Y para mostrarlo al público solía utilizar una técnica muy original y que no olvida Julio García: “Si por ejemplo se llevaban los trajes con abertura atrás, Don José me hacía un traje a medida con todas las novedades. Yo medía 1’81 metros, estaba delgado y tenía buena planta. Me decía que me pusiera el traje y que fuera hasta la Plaza Azcárate y volviese. Por el camino, a la gente le llamaba la atención el traje e iba haciendo propaganda de la tienda. Después se acercaban a la sastrería para encargarlo”.

Los propietarios de sastrería ‘El Dique’, al no tener herederos, decidieron en el año 1975 ceder el negocio a Julio García, quien desde entonces lo ha venido regentando. Ya como dueño, Julio García vivió una buena época en la que “vendía seis camisas diarias. Tenía un taller muy organizado que llevaba mi mujer. Contábamos con cuatro camiseras en la calle y, en mi casa, mi mujer y mis cuñadas hacían dos camisas al día”. Una de las principales características de ‘El Dique’ era la materia prima con la que se elaboraban las camisas: “Compraba seda italiana o popelín inglés”. Además de la calidad de las telas, Julio García también apostaba por ofrecer modelos de camisas distintos a lo habitual: “Era una época en la que todas las camisas eran iguales, por lo que las hacía con cuello cerrado, abierto; o un cuello con las puntas redondas o de punta larga. Iba variando y a la clientela, que era muy buena, les gustaba y me iba pidiendo esas camisas más modernas”.



Entre sus ilustres clientes -asegura Julio García- figuraban el torero Antonio Bienvenida o los periodistas José María Pemán y Matías Prats (padre). Éste último, durante una visita a Ceuta con motivo de un aniversario de la Legión le encargó “doce trajes”. “Me dijo –expone- para mí y mi hijo”. También visitó sastrería ‘El Dique’ el director, guionista y productor cinematográfico Rafael Gil. Precisamente, uno de los trajes que adquirió provocó que le llamara el mismísimo ministro de  Asuntos Exteriores: “Un día suena el teléfono y me dicen que llamaban del Ministerio de Asuntos Exteriores. Yo les dije que se habían equivocado y me respondieron que preguntaban por Don Julio García. Me pasaron al ministro y me encargó que le hiciera dos trajes de tela inglesa, como el que le hicimos a Rafael Gil. Pidió uno en color gris y otro azul marino. No quiso que le enviara una muestra. Cuando ya los había terminado, le envié por Correos los dos trajes y poco después me ingresaron el giro”, cuenta orgulloso Julio García, quien pasará a la historia por ser el último sastre de Ceuta. 

domingo, 25 de noviembre de 2018

'PEREJIL': LA ISLA DE LOS CONFLICTOS (y II)


'Perejil': La isla de los conflictos (I)

Entre los países que también intentaron hacerse con el control de la isla ‘Perejil’ figuran Estados Unidos. Según refleja el estudio titulado ‘La isla perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’ (Javier Gil y Óscar Garrido)  el 13 de febrero de 1836, el cónsul español en Marruecos, Antonio Beramendi informaba al secretario de Estado de la Regencia de María Cristina, Juan Álvarez Mendizábal sobre la presencia de un representante del gobierno americano que supuestamente iba a solicitar al sultán que “que ceda o venda a Estados Unidos la Isla Perejil”. Días más tarde, en un nuevo escrito, el cónsul español exponía que Estados Unidos había efectuado una serie de peticiones, pero se encontró con la negativa –no de forma rotunda- de Marruecos: “[…] Que el Emperador no podrá acceder a las solicitudes que sus antepasados hayan negado, pero que en el favor de Dios, y cuando se presentara el cónsul en Fez con su embajador, todo se arreglará con la mejor buena armonía”.
La respuesta por parte de Marruecos dejaba cierta esperanza a Estados Unidos, lo que provocó la reacción de Francia e Inglaterra. Ambos países se pusieron en alerta ante cualquier posible intento de los americanos de establecerse en el islote. En un informe posterior, la Secretaría de Estado concluye que “se logró neutralizar el intento de Estados Unidos de hacerse con Perejil gracias a las reclamaciones que dirigieron al sultán los gobiernos español, francés e inglés”.
En relación al interés de Estados Unidos por hacerse con la ansiada isla, Javier Gil, uno de los autores del estudio ‘La isla perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’ explica a ‘CEUTA REPORTAJES’ que “los americanos buscaban tener posición en la zona, lo cual tiene su lógica porque tener territorio en este lugar le daba muchas ventajas”, pero reconoce que “el interés no fue muy importante porque la lejanía territorial era un gran impedimento”.
El interés de Reino Unido por obtener la cesión de la isla ‘Perejil’ provocó que a mediados de 1842 volviera a intentarlo. Y lo hizo –según recoge un informe oficial del cónsul general de España al secretario de Estado de la Regencia- “bajo el pretexto de proveer por tal posición de armamento a Marruecos, para sostener la lucha que de un día a otro puede suscitarse entre Francia y el sultán, ya que los franceses recelan de los socorros que presta el monarca marroquí a su correligionario argelino”. Se refería a la progresiva conquista de Argelia por parte de Francia. Esa ‘preocupación’ de los ingleses por Marruecos, provocó que Francia, ante una posible ocupación del islote, enviara una división naval a la bahía de Tánger. Al igual que en anteriores ocasiones, el intento británico no obtuvo resultados.
Los años pasaban y el interés de Francia o Inglaterra no cesaba. Ambos países lo volvieron a intentar en la década de los 60 del siglo XIX encontrándose con la oposición de otras potencias mundiales. Incluso Estados Unidos o Italia mostraron su desacuerdo advirtiendo que intentarían “tomar una porción de territorio en la costa africana”. Por ello, en sendos casos,  la situación no pasó de supuestas peticiones para ocupar el islote.

Ocupación de la isla por parte de España y la intención de construir un faro

Tras numerosos intentos fallidos por parte de otros países, en el año 1887, es España la que llega a ocupar la isla. Los autores del estudio ‘La isla perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’ localizaban una copia de un informe elaborado por la Dirección General de Ingenieros del Ministerio de la Guerra  titulado ‘Disposiciones para la ocupación de esta isla con motivo del conflicto europeo”. En el mismo se incluye un minucioso estudio sobre las características físicas de la Isla Perejil y las ventajas e inconvenientes de una posible ocupación. El informe aporta numerosos detalles sobre la isla (dimensión, tipo de roca, forma, altura, etc…) y destaca que “su perímetro es escarbado e inaccesible excepto por cuatro calas; está separada de la costa por un canal de trescientos metros de ancho con una profundidad mínima de dieciocho metros; se hallan restos de fortificaciones empezadas y no concluidas del siglo XVIII”. Tras el exhaustivo reconocimiento, el informe recoge, a modo de conclusión, lo siguiente:

1.- No es fácil hacer de la posición de la isla una buena estación naval.

2.- Para la defensa del Estrecho con baterías únicamente no tiene gran importancia.

3.- Ofrece una buena posición como emboscada marítima para corsarios y torpederos.

4.- En poder de otra nación tendría gran importancia para la defensa del Estrecho y de la plaza de Ceuta por ser la llave de acceso al boquete de Anggera.

5.- La defensa material de la isla es fácil y poco costosa.

Además, el comandante exento de Ceuta opinaba que “en previsión de complicaciones exteriores, no conviene que la Isla Perejil siga abandonada como hasta el presente lo ha estado porque el derecho de España a su posesión no sería suficiente para que deje de ocuparla cualquier otra nación cuyos intereses en el Mediterráneo la indujeran a utilizarla”. Incluso da las claves para una rápida ocupación. Aboga por “construir un faro en la punta Norte y desembarazar los caminos abriendo trincheras, facilitar el acceso por las calas de Levante y Poniente y dificultar los otros dos accesos”.
Desde la Dirección General de Ingenieros del Ministerio de la Guerra  recomiendan “actuar con gran reserva al iniciar los trabajos que por el Ministerio de Fomento hayan de hacerse para construir un faro”.
Meses después, el Ministerio de la Marina comunica al Ministerio de Estado que algunas informaciones apuntan a que “la Isla Perejil es frecuentemente visitada por cañoneros ingleses” y se sospecha que “dichas visitas tienen relación con el contrabando que desde la plaza de Gibraltar sale para las costas de la península”. La respuesta no se hace esperar y se decreta una Real orden por la cual se ordena que buques de la División de Guardacostas de Algeciras se dirijan al islote y que “con la urgencia posible, se estudie la conveniencia de establecer alguna luz en la Isla Perejil” y facilitara el acercamiento de los guardacostas y pescadores españoles de la zona. Los comandantes de Marina de Cádiz y Algeciras y el comandante de la División de Guardacostas de Algeciras efectuaron un reconocimiento de la isla. El comandante de uno de los cañoneros desplazados elaboraba una memoria (27 de julio de 1887) en la que negaba la supuesta utilización de la isla por parte de los contrabandistas. ¿Los motivos de tal aseveración? Porque -según el informe- “es completamente inabordable excepto por dos puntos en los que la subida es de bastante pendiente”, aunque matizaba que “es posible que algunos barcos contrabandistas la utilicen para colocarse detrás de la isla ya que de esta manera permanecen invisibles para todo buque que pase por la costa”. La conclusión final de esta memoria es que “la isla es inhabitable y su posesión casi inútil”.
El 17 de noviembre de 1887, el diario ‘El Imparcial’ publicaba una información en la que defendía la supuesta intención de instalar un faro en el islote por parte de España, a la que atribuía la soberanía de la isla. Esta noticia coincidía con el enfado del ministro Plenipotenciario de España en Marruecos, José Diosdado y Castillo que reprochaba al ministro de Estado, Segismundo Moret y Predersgat que no se informara sobre “los planes de ocupación de Perejil” y la construcción de un faro. El citado ministro reconocía que “lo único que ha hecho el gobierno español ha sido enviar empleados del Ministerio de Fomento a Perejil para estudiar la posibilidad de instalar un faro en dicha isla, pero sin resolver la instalación hasta después de conocer la opinión facultativa”
El artículo de ‘El Imparcial’ explicaba que “Isla Perejil es propiedad de España desde la guerra de África”. La información abrió un importante debate sobre la pertenencia del islote. Reino Unido, según una publicación de ‘El Liberal’ (20 de noviembre de 1887) presionó para que Marruecos no aceptara la construcción de un faro porque “constituye una usurpación de dominio, una invasión de territorio y una amenaza a la seguridad de la plaza de Tánger”.
Según el estudio ‘La isla perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’, finalmente no se construyó el faro. El gobierno español desistió, y al igual que en anteriores ocasiones, el islote no fue ocupado.

Extracción de piedra de la Isla Perejil

El periódico semanal ‘El África’ alertaba en el año 1896 (6 de junio) que Marruecos había autorizado a Reino Unido la extracción de piedra del islote “para la construcción del puerto y dique de Gibraltar”. Poco más se sabe de esa supuesta autorización, pero sí generó –coincidencia o no en el tiempo- un intenso debate en el Congreso sobre la soberanía de la isla. Otras fuentes apuntan a que la petición de Gran Bretaña fue la de extracción de piedra, pero no de la isla sino de la montaña ‘Yebel Musa’ o ‘Mujer muerta’. En este último aspecto coinciden las noticias publicadas por varios rotativos de la época.

Último conflicto

A pesar de la multitud de disputas bilaterales, el conflicto generado en 2002 fue uno de los más destacados en la historia de la Isla ‘Perejil’. El 11 de julio del citado año, una patrullera de la Guardia Civil que realizaba labores de vigilancia contra el narcotráfico o inmigración ilegal en las inmediaciones del islote, observó que un grupo de personas se encontraban en la isla y habían colocado dos banderas de Marruecos. Poco después se supo que se trataba de gendarmes del país vecino. Desde Rabat se defendía la soberanía de `Perejil’ y justificaba la ocupación de la isla enmarcándola en “la lucha contra la inmigración clandestina y el terrorismo”. La acción provocó un enfrentamiento diplomático entre España y Marruecos. Al día siguiente, numerosos medios de comunicación de ámbito nacional e internacional se desplazaban a Ceuta para informar sobre un conflicto que tardó varios días en resolverse.
Nada más conocerse la ocupación por parte de Marruecos, se envió a las cercanías del islote una patrullera de la Armada para obtener más información, incorporándose horas después una fragata y dos patrulleros más. La Armada marroquí también situó cerca de la isla una patrullera. Tras varios días de negociación entre ambos países, el día 17 de julio a las 06,17 horas se llevaba a cabo el desalojo y recuperación de ‘Perejil’. Un Comando de Operaciones Especiales del Ejército de Tierra, a bordo de dos helicópteros, aterrizó en el islote y detuvo a los militares marroquíes que fueron entregados a las autoridades marroquíes. La operación militar bautizada como ‘Romeo Sierra’ se llevó a cabo “al alba y con viento de levante de 25 nudos”, tal y como relataba posteriormente en el Congreso de los Diputados el, por aquel entonces, ministro de Defensa, Federico Trillo.
El que fuera comandante General de Ceuta en el año 2002, Fernando López de Olmedo desvelaba en el libro titulado ‘Ceuta y el conflicto de Perejil’ que el mismo día en el que produjo la ocupación de la isla “se preparó una operación, con la finalidad de recuperarla, y con la intención de que fueran las Unidades de la Comandancia General quienes lo hicieran”. La operación se denominaría ‘Pavana’ y era “muy parecida, en todos sus aspectos” a la que se realizó el día 17 de julio. En este caso sería la Legión la que “según lo previsto en la Orden, entraría utilizando helicópteros, que era la única forma de acción aconsejable, por el terreno, la sorpresa y la eficacia; con apoyo a sus vez de helicópteros armados, de ataque”.  Finalmente se optó por retrasar el desalojo del islote y que el mismo lo llevara a cabo una Unidad de Operaciones Especiales. La Comandancia General de Ceuta jugó un papel fundamental en la preparación de la operación, aunque “no se tenía la seguridad de que fuera a realizarse definitivamente y por lo tanto no se conocían el día de su ejecución ni la hora”, explica Fernando López de Olmedo, quien reconoce que “para conseguir el mantenimiento del secreto, era preciso no emitir ninguna orden fuera del Cuartel General hasta el momento más próximo posible al inicio de la acción”.
Según expone el que fuera Comandante General de Ceuta, Marruecos había invitado a los medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros, a visitar ‘Perejil’ el 17 de julio de 2002. Quizás este hecho –al menos así se puede interpretar a tenor de lo reflejado por Fernando López de Olmedo- pudo provocar el adelanto de la puesta en marcha de la Operación ‘Romeo Sierra’: “La invitación les llegó ese mismo día 16, con la idea de concentrarles previamente en Tetuán, para allí dirigirse a la isla, volviendo, una vez visitada, de nuevo a esa ciudad, donde se les invitaría a un almuerzo. Este hecho creaba una situación nueva muy delicada, que de realizarse, habría dificultado muchísimo nuestra acción, es más consideramos que la habría hecho casi imposible”.
Fernando López de Olmedo afirma que es en la noche del día 16 de julio cuando tiene conocimiento que la operación se llevaría a cabo al amanecer. Y así ocurre. Poco antes de las 06,00 horas se informa del despegue de los helicópteros con la Unidad de Operaciones Especiales. La acción se desarrolla sin problemas, y detuvieron a seis gendarmes que, sin oponer resistencia, se entregaron. Se izó la bandera española y a las 08,00 horas una Unidad de la Legión emprendió viaje hacia la isla en cuatro helicópteros, produciéndose el relevo apenas quince minutos después.  
Tras la recuperación del islote –explica Fernando López de Olmedo en ‘Ceuta y el conflicto de Perejil’- había que seguir alerta a una posible respuesta militar de Marruecos: “No sabíamos aún si habría reacción contraria, debiéndonos poner en la peor de las hipótesis para de ninguna manera ser sorprendidos”.
Los militares marroquíes que había protagonizado la ocupación del islote fueron traslados a Ceuta. Se trataba de “infantes de marina, al mando de un suboficial. La Unidad que los recibe –narra el que fuera comandante general en 2002- cumple perfectamente las órdenes recibidas de tratarles como compañeros, ofreciéndoles un desayuno y se les practica un reconocimiento médico por un equipo que ya teníamos preparado”. Posteriormente agentes de la Guardia Civil les llevaba a la frontera del Tarajal, dejándoles en libertad.
Los legionarios permanecieron en la isla hasta el día de 20 julio, fecha en las que España y Marruecos alcanzaron un acuerdo por el cual se volvía al ‘statu quo’ anterior a la disputa diplomática.
A las 21,55 horas fue retirada la bandera nacional de la isla “con la mayor solemnidad y respeto, por un capitán, un suboficial y un legionario”, reflejaba Fernando López de Olmedo.
Dos días después del acuerdo alcanzado entre España y Marruecos, la que fuera ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio visitaba el país vecino, escenificando la reconciliación diplomática. El conflicto bilateral quedaba zanjado el 30 de enero de 2003 cuando ambos países aprobaron el regreso de sus respectivo embajadores.

¿A quién pertenece la soberanía de la Isla Perejil?

Tras siglos de conflictos y debates, la pregunta sobre a quién corresponde realmente la soberanía de la Isla Perejil es muy difícil de responder. Algunos estudios argumentan que es propiedad de España, pero sin embargo otros muchos no se la otorgan tal propiedad. El diario ‘El País’ se planteaba esta interrogante en un artículo publicado el 17 de julio de 2002. El mismo, titulado ‘El falso contencioso de la isla del Perejil’ y firmado por María Rosa Madariaga hacía referencia a los tratados entre España y Marruecos o entre otras potencias en relación con Marruecos y aseguraba que en ninguno de ellos existe “la menor alusión al islote”. “Cabe deducir –continúa la publicación- que España no llegó nunca a ejercer sobre el mismo derechos de soberanía, y que, aunque no se le menciona, formaba parte de lo que constituía a partir de 1912 la zona del Protectorado español”.
Javier Gil, coautor del estudio titulado ‘La isla perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’ también reconoce que “es muy complicado decir que pertenece a España o Marruecos, que son los países que tienen más o menos razones para reclamar su soberanía”. Tras el conflicto de 2002, considera que “lo mejor es que se mantenga ese punto de no confrontación porque España no tuvo un apoyo de la Unión Europea. Fue bastante frío y el único país que medió fue Estados Unidos y lo hizo para imponer la situación actual”.
Actualmente, el islote permanece deshabitado y el ‘statu quo’ que se impuso en el año 2002 deja en evidencia la falta de respuesta oficial de a quién pertenece la soberanía de ‘Perejil’, isla que por los hechos históricos narrados en este reportaje bien podría denominarse la isla de los conflictos.

martes, 23 de octubre de 2018

'PEREJIL': LA ISLA DE LOS CONFLICTOS (I)


Aunque el más conocido fue el del año 2002, la isla de Perejil (situada a seis millas de Ceuta) ha sido motivo de discusión y enfrentamientos diplomáticos en varias ocasiones. Así lo recoge  el estudio ‘La isla Perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’, un trabajo de investigación publicado en el año 2014. Sus autores, Javier Gil y Óscar Garrido, basándose en documentación oficial, recopilan los diferentes conflictos que ha tenido como protagonista al pequeño islote durante el siglo XIX.
La isla del perejil es y ha sido considerada un punto estratégico en el control del Mediterráneo, por tanto, muy codiciada; y prueba de ello, han sido los distintos conflictos internacionales registrados a lo largo de los años con países como Francia, España, Reino Unido, Marruecos o incluso Estados Unidos como protagonista. Y el motivo, el mismo: hacerse con el control del pequeño, pero ansiado islote.
Según explica Javier Gil, uno de los autores del citado trabajo de investigación, la zona geográfica del Mediterráneo y la frontera marítima entre Europa y África  “siempre ha contado con varios puntos con un interés estratégico muy importantes. Uno de ellos ha sido la isla del Perejil y especialmente para España y Reino Unido, puesto que les hubiese permitido tener todo el control del Mediterráneo”.

Primer conflicto del siglo XIX

El primero de los incidentes por la posesión del islote se producía en 1808. El 5 de abril del citado año, refleja el estudio ‘La isla Perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’, el gobernador de Ceuta, Ramón Carvajal comunicaba por escrito a Pedro Cevallos, secretario de Estado de Fernando VII que “el capitán Juan Alcuña, del corsario español bote número 47 había visto fondear en las inmediaciones de la Isla Perejil a dos místicos ingleses, una cañonera y dos bergantines a la vela, que posteriormente han entrado en la isla con gente y tropa”. En esa misma nota se informaba que se “envió una barquilla pescadora a Perejil para ver lo que estaba ocurriendo y que vieron a doscientos hombres de tropa trabajando”. 
Dos semanas después, el cónsul general de España en Marruecos, Antonio González Salmón remite un despacho al secretario de Estado de Fernando VII informando de la “ocupación de los ingleses” y advirtiendo que Reino Unido pretendía “dañar a España e interceptar los socorros a Ceuta”. El cónsul general de España en Marruecos también escribió al sultán marroquí, Mulay Sulaymán explicando las -a su juicio- consecuencias de la presencia británica en el islote: “[…] Se están fortificando para tener un paso franco e imponer un yugo por el cual venga a ser este reino (Marruecos) dependiente del de Inglaterra y dañar a cuantas embarcaciones quieran incomodar el paso único por donde se comunican Océano y el Mediterráneo, pues agregada a la posesión de Gibraltar la de dicha isla, quedan dueños absolutos del Estrecho”. En este documento, González Salmón también asegura que cuenta “con la información de que los ingleses ofrecen retirarse siempre que los marroquíes ocupen dicha isla” y sospecha que “los ingleses han ocupado la isla con la excusa de que quieren evitar de esta manera que España y Francia hagan lo propio”.

Días más tarde, el cónsul general de España en Marruecos informa que su homólogo francés “ha hecho causa común con España contra la ocupación inglesa de Perejil”. De hecho, ambos países –según se refleja en el estudio ‘La isla Perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’- se plantearon expulsar de forma conjunta a los ingleses del islote. Marruecos no les obligaría a irse, pero tampoco se opondría a que España y Francia “arrojasen a los ingleses a la fuerza”. El 26 de abril de 1808, Antonio Pascual de Borbón y Sajonia (infante de España e hijo de Carlos III) analizaba con el secretario de Estado la posibilidad de enviar una expedición “para desalojar a los ingleses” de la isla. En un escrito fechado el 5 de mayo, Ben-Ábd-delSelahui, ministro bajá de Tetuán y Tánger responde al vicecónsul español que Reino Unido “ha ocupado la isla sin la anuencia marroquí y que el sultán no tiene intención en este momento de ocupar Perejil”. Sólo condicionaba la expulsión de los ingleses a que “esta ocupación supusiera algún perjuicio para sus vasallos”.

Según explica Javier Gil, uno de los autores de ‘La isla Perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’ a ‘CEUTA REPORTAJES’, Reino Unido terminó abandonando el islote. Los escasos documentos de aquella época –lo achacan a las sustracciones efectuadas por los franceses durante la guerra de la Independencia- impiden conocer más detalles del por qué los ingleses ocuparon la isla, aunque en un informe fechado en 1831 (casi veinticinco años después) el que fuera cónsul general español en Marruecos durante el conflicto, explica que “la entrada del ejército francés en España a principios de 1808 fue la oportunidad que esperaban los ingleses desde hacía tiempo para conseguir un enclave en el Norte de África”. Una especie de justificación que también, a tenor de lo recogido en ese documento, pretendía contar con Marruecos como aliado, ya que Reino Unido expuso al sultán Mulay Sulaymán que “la ambición de conquista del emperador francés le llevaría a, después de apoderarse de España, intentar tomar la plaza de Gibraltar y que para ello los galos ocuparían los puntos de la costa africana que considerasen más adecuados para conseguir Gibraltar y bloquear la entrada de víveres y armas en enclave inglés”. Ante esa supuesta invasión del peñón, los británicos “consiguieron atraerse la voluntad del primer ministro del sultán, Sid Mohammed El Selagui, al que reglaron doce mil duros para que convenciera al rey de Marruecos de la cesión de la isla del Perejil a manos británicas. Según este documento fechado en 1931, “de esta manera consiguieron que el sultán les concediese sigilosamente la isla, de la cual tomaron posesión”, aunque posteriormente el rey de Marruecos, tras “convencerle el cónsul general español en Marruecos, dándose cuenta del peligro al que se exponía” dio marcha atrás en la cesión de Perejil a Reino Unido.

Para Javier Gil, los ingleses ocuparon la isla persiguiendo varios objetivos: “El primero, que en caso de guerra con España o con Francia, tuviese el control del tráfico marítimo del Mediterráneo, lo que suponía dar un golpe en la mesa; y el segundo, atacar las posiciones de España en África incluida Ceuta”.
Diferentes fuentes también coinciden en que la Junta de Cádiz estableció en el islote una guarnición con el objetivo de vigilar el paso de las naves napoleónicas por el Estrecho e incluso apuntan a que poco tiempo después, arribaban a la isla soldados ingleses de Gibraltar “para reforzar a las fuerzas españolas”.  España llegó a artillar (armar de artillería) y efectuar algunos trabajos de defensa en el pequeño islote.
 En 1813, Fernando VII dio la orden de “evacuar la isla por razones económicas”.

Nuevo intento por parte de Reino Unido

El 13 de febrero de 1824, el cónsul de España en Marruecos, Alejandro Briarly remitía un despacho al, por aquel entonces secretario de Estado de Fernando VII en el que informaba que el cónsul británico en Marruecos se había trasladado a la Corte de Fez para solicitar al sultán, Mulay Abderraman la “adquisición” de la isla Perejil. Aunque no contaba con mucha más  información, aseguraba que “la respuesta marroquí ha sido favorable”.
El conde de Ofalia (secretario de Estado de Fernando VII) respondía al cónsul español el 4 de marzo, “dándole órdenes, de parte del rey, de ponerse de acuerdo con cónsul de Francia en Marruecos para conjuntamente impedir que tenga lugar la expresada concesión”.
Siguiendo las directrices dadas en ese último escrito, el cónsul español mantiene una reunión con su homólogo francés, y “éste le ha comunicado que ya ha pedido explicaciones al sultán”.
El diálogo bilateral entre España y Francia continuó en días sucesivos. El 20 de marzo el conde Ofalia remite al duque de San Carlos, embajador español en Francia con la intención de que “presione desde París para que el gobierno francés incremente sus esfuerzos y no llegue a producirse la cesión de Perejil a los ingleses”. La respuesta de Francia es que su “el ministro de Asuntos Exteriores, el vizconde de Chateaubriand también ha tenido noticias sobre la cuestión de Perejil y se propone escribir al embajador de Francia en Gran Bretaña, el príncipe de Polignac para que pida en Londres una explicación”.
El sultán marroquí envía una carta en la que reconoce “la importancia de esta isla”, pero zanja la polémica afirmando que no se cederá a ninguna potencia “aún, cuando nos diesen los tesoros que serían necesarios para cubrir el espacio que hallo en el globo mirado de Levante a Poniente”.
Pese a esta declaración, el cónsul español duda de las intenciones de Marruecos y afirma en un despacho “tener el convencimiento, apoyado en los movimientos militares de los ingleses en la zona, que la isla ha sido cedida secretamente a Inglaterra”. El Ministerio de la Guerra decide, en previsión de posibles acontecimientos, “reforzar la guarnición de Ceuta y proporcionarle los auxilios que pueda necesitar”. Finalmente, destaca el estudio ‘La isla Perejil, la perla decimonónica del Mediterráneo’, que los ingleses no ocuparon el islote.
Javier Gil, entre sus conclusiones afirma a ‘CEUTA REPORTAJES’ que “la determinación inglesa, supuso que España se pusiera las pilas y consiguiera que el islote no fuera ocupado”.

Insistencia inglesa

La insistencia por parte de Reino Unido de ocupar la isla del Perejil no cesó, y volvió a intentarlo tanto en 1831 como en 1833. Es precisamente este año cuando el gobernador de Ceuta, Francisco de Haro asegura en un documento oficial que “el gobierno inglés ha vuelto a solicitar al sultán la cesión de la isla Perejil prometiendo en recompensa fortificar los puntos de la costa que más lo necesiten para su defensa”. Según este mismo escrito, el  sultán “se negó a aceptar la proposición inglesa”.
El gobernador de Ceuta ante la presión inglesa decide acercarse a la isla, aunque sin desembarcar en ella, y certificar su posición estratégica. Así lo narra en un despacho remitido al ministro de la Guerra: “Con las precauciones debidas, para evitar toda sospecha a los moros vecinos, me embarqué en una de las falúas del servicio de sanidad en este puerto. Sin desembarcar en dicho punto tuve ocasión de cerciorarme de la ventajosa situación topográfica que ocupa, no quedando duda que una vez dueños los ingleses de dicha isla, lo serían de todo el mar del Estrecho, puesto que los buques que van y vienen por el mismo tienen por necesidad que pasar muy inmediatos y casi todos bajo del tiro de cañón”.
En ambos casos, las gestiones por parte de Reino Unido no pasaron de ser meros intentos por hacerse con el control de ‘Perejil’.  

miércoles, 29 de agosto de 2018

CLODOALDO PIÑAL: LA HISTORIA DE UN CEUTÍ DESCONOCIDO EN SU TIERRA NATAL


No es un personaje conocido en Ceuta, pero sin embargo una modalidad de tiro lleva su apellido. Incluso, fue el creador de un revólver que durante varios años fue el reglamentario de Infantería. Clodoaldo Piñal Rodríguez es uno de esos ceutíes desconocidos en su tierra natal, pero que sin embargo, destacó como periodista, fotógrafo, topógrafo y militar.
Clodoaldo Piñal nació el 12 de enero de 1844. Según datos extraídos de la web catalogacionarmas.com, ingresó en el Colegio de Infantería en 1859. Tres años después ascendía a subteniente e ingresaba posteriormente en la Academia de Estado Mayor de Artillería de la Armada. Fue promovido a teniente en el año 1868 y destinado como oficial de talleres en el Parque de El Ferrol. A finales de 1869, se marchó a Cuba para formar parte de la tripulación de la fragata ‘Victoria’, en la que permaneció hasta 1871, año en el que fue nombrado profesor interino de la Escuela de Artillería en la fragata ‘Esperanza’. En 1872, fue destinado a El Ferrol, ingresando un año después en el arma de Infantería con grado de capitán. Posteriormente accedió a la Academia de Artillería siendo destinado a las fábricas de armas, primero, de Trubia y después de Oviedo. Desde 1879 hasta 1889 formó parte del Instituto Geográfico y Estadístico donde ejerció como docente. En el año 1880 fue ascendido a teniente coronel como reconocimiento por su labor en la elaboración del enlace geodésico de los continentes africano y europeo, trabajos por los que el Gobierno de Francia le hizo entrega de la insignia de la Legión de Honor por su colaboración con la Comisión francesa.
En 1890 fue destinado a la Fábrica de armas de Toledo y un año después al Parque de Burgos, siendo condecorado por dos memorias presentadas relativas a la modificación del cartucho reglamentario utilizado en el armamento de Infantería. En el año 1903 abandonó el Ejército para dedicarse exclusivamente al mundo del periodismo.

Periodismo

Durante su etapa como militar ya compaginaba el Ejército con el periodismo. En el año 1905 fundó el diario ‘Ejército y Armada’. Según un documento conservado en el Archivo del Ayuntamiento de Madrid, esta publicación era “defensora de las clases activas y pasivas del mundo militar”. Anteriormente fue redactor-jefe de 'La Correspondencia Militar'. Utilizó varios seudónimos, aunque los más populares fueron Telmo Guerra y Abdel. Su aportación fotográfica sobre diferentes acontecimientos militares fue muy importante. Entre ellas, figuran valiosas en históricas imágenes de Ceuta como las publicadas en ‘La Ilustración española y americana’ en el año 1903 y que complementan un artículo firmado por Clodoaldo Piñal sobre su ciudad natal.



En 1911 fue encarcelado por la publicación de diferentes artículos en los que opinaba de forma contraria a la Ley de Jurisdicciones y se mostraba muy crítico con la gestión del ministro de la Guerra. Tras su ingreso en una prisión militar y la apertura de un Consejo de Guerra, Clodoaldo Piñal fue condenado por injurias. El 5 de abril de 1921, y así lo publicaba la prensa de la época, fue puesto en libertad. Meses después (19 de octubre) fallecía en Madrid.

Herido en un duelo

Un artículo titulado ‘Cuestión de honor. Los periodistas se baten en duelo’ publicado por Juan Carlos Mateos Fernández en la revista ‘Historia y Comunicación Social’ (número 3-1998) hace referencia a los duelos “como una práctica social arraigada” a principios del siglo XX, aunque matiza que estaría muy próxima su desaparición. En este artículo, su autor asegura era habitual que muchos medios de comunicación estuvieran dirigidos por militares, y a la vez periodistas, lo que “es muy amplia la lista de militares-periodistas que empulían las armas de acuerdo con las normas establecidas en los códigos de honor”. Entre ellos, Clodoaldo Piñal.
Como consecuencia del alto número de fallecidos en este tipo de enfrentamientos, surgía la creación de la denominada ‘Liga contra el duelo’.   Alfredo Vicenti, Clodoaldo Piñal y Torcuato Luca de Tena, directores de ‘El Liberal’, ‘Ejército y Armada’ y diario ABC respectivamente, fueron para redactar las bases necesarias para la constitución de un Tribunal de honor, cuyo objetivo sería “evitar la celebración de duelos que tuviesen a periodistas entre sus contendientes”.
Clodoaldo Piñal llegó a participar en los citados duelos. En uno de ellos, tal y como publicó el rotativo ‘La Gaceta del Sur’ (15 de marzo de 1910) el ceutí resultó herido en la cabeza.

Biznieta

Ana Valverde, biznieta de Clodoaldo Piñal no conoció a su bisabuelo, aunque “nos han contado algunas historias”. Entre ellas, el “acuerdo al que llegó con Luca de Tena en contra de los duelos”. No tiene muchos más datos, pero sí forma parte del testimonio directo que le transmitió su abuela (hija de Clodoaldo Piñal). Son “historias familiares que hemos ido conociendo, algunas quizás magnificadas”, explica Ana Valverde que aún guarda la fotografía de su bisabuelo. 
Entre esas vivencias narradas, Ana Valverde recuerda que su abuela les contaba que "cuando mi bisabuelo estaba en prisión, y el rey se enteró, por pertenecer él a su Casa Militar, exclamó: ¿Piñal en prisiones militares? ¡Que lo saquen inmediatamente!”. Se pregunta si eran historias reales o inventadas. Lo cierto es que “el bisabuelo siguió encarcelado un tiempo”, pero reconoce que “cuando éramos niños estas historias nos fascinaban y él [Clodoaldo Piñal] era nuestro héroe”.


En cuanto al revólver ideado por su bisabuelo, Ana Valverde recuerda que “en nuestra infancia, nuestro padre nos llevaba con orgullo a contemplarlo al museo del Ejército de Madrid”. 


Revólver

Según datos recogidos en una edición especial de la revista ‘Historia Militar’ conmemorativa del 250 aniversario del Real Colegio de Artillería y publicada por el Instituto de Historia Militar, Clodoaldo Piñal  diseñó en el año 1880 un primer revolver de 9 mm, con 6 recámaras y sistema de extracción por gases basado en un modelo de extracción ideado por Ibarra. En 1882, Piñal diseñó un segundo modelo con 7 recámaras. Se fabricaron cincuenta y dos unidades. En un artículo publicado en la web www.catalogacionarmas.com dedicado a los revólveres ‘Piñal’ , una Real Orden de 6 de octubre de 1884 informaba sobre la suspensión de la construcción  de revólveres en la fábrica de Oviedo y autorizaba a Clodoaldo Piñal y al oficial Ibarra “[…] a explotar sus inventos en la industria particular, quedando sin embargo, sus modelos de revólver y extracción, como propiedad del Estado, por si en cualquier tiempo le conviene construirlos en sus fábricas”. Ambos eran “recompensados” con el empleo de comandante. Según esta publicación, Clodoaldo Piñal, a diferencia de su compañero Ibarra, no registró la patente de sus modelos de revólveres. Tampoco lo hizo el Cuerpo de Artillería, a quienes pertenecían las fábricas de Trubia y Oviedo en las que estuvo destinado el militar ceutí.
La web www.armas.es no incluye a ninguno de los dos revólveres proyectados por Clodoaldo Piñal en la relación de armas reglamentarias de finales del siglo XIX, aunque indica que “lo fue a medias”.

Modalidad de tiro

A mediados de los años 80, en honor a Clodoaldo Piñal, se implantó la modalidad de tiro ‘Piñal’. En este tipo de pruebas se utilizan armas cortas de cartucho metálico con pólvora negra, posteriores a 1860. Actualmente, tal y como explica Carlos Salvador, vocal de Armas Históricas del Club Principado de Tiro Olímpico existen cuatro tipos de pruebas oficiales: Revólver, Revólver en equipo (3 tiradores), Pistola y Pistola en equipo. En la modalidad ‘Piñal’ se utilizan armas originales, pero principalmente réplicas, ya que “no es fácil encontrar armas originales de aquella época en el mercado”, reconoce Carlos Salvador. Tanto las réplicas como las originales se basan el sistema ideado por Clodoaldo Piñal.