domingo, 1 de junio de 2014

PRIMERAS MUJERES POLICÍAS LOCALES DE CEUTA


Pasarán a la historia por ser las primeras mujeres policías de Ceuta. Maricarmen Godino, Pilar Ugarte, Paqui García, María Teresa Vidal, Pilar Martín Vilches y Rafaela Muñoz Velasco  ingresaron en el cuerpo en 1975. Un año antes, el Ayuntamiento de Ceuta publicaba en el Boletín Oficial de Ceuta la convocatoria “mediante oposición en libre concurrencia” de seis plazas de “Guardias de la Policía Municipal femeninos”. Un edicto específico para mujeres, que convertía a la ciudad ceutí en una de las primeras localidades españolas en incorporar féminas a su plantilla policial. Anteriormente tan sólo Madrid y Córdoba contaban con mujeres policías.
Cuando fue publicada la convocatoria, Pilar Ugarte tenía veinte años. Por aquel entonces se encontraba de vacaciones en Barcelona, pero su padre realizó todos los trámites. “Era policía, y él mismo recogió y entregó toda la documentación. Como pudo hizo mi firma, y presentó todo lo que pedían en las bases”. Pilar no duda en afirmar –lo hace con orgullo- que “tengo que agradecerle a mi padre lo que hizo en aquel momento”. 
Paqui García, otras de las primeras mujeres policías de Ceuta, había vivido en Francia. Esta circunstancia hacía que, tal y como reconoce, su forma de pensar fuera diferente. Por ello, no dudó en cursar la documentación necesaria para poder optar a una de las seis plazas convocadas.

Bases

Según recogían las bases publicadas en el BOCCE, las aspirantes debían reunir los siguientes requisitos:

a)      Ser mujer, de nacionalidad española, soltera o viuda, o casada y separada judicialmente, con pronunciamiento favorable.
b)      Tener cumplidos 18 años de edad el último día de presentación de instancias y no exceder de 35.
c)       Tener una talla mínima de 1’60 metros.
d)      Observar buena conducta, carecer de antecedentes penales, y no encontrarse procesada al solicitar tomar parte en la oposición o durante ésta, así como no haber sido expulsada de ningún Cuerpo del Estado, Provincia o Municipio, organismos Corporativos, Empresas concesionarias de Servicios Públicos o intervenidos por el Estado.
e)      Estar en posesión del certificado de escolaridad o superior a estos.
f)       No padecer enfermedad ni defecto físico que le impida el normal ejercicio de la función.
g)      Haber cumplido el Servicio Social de la Mujer o estar exenta del mismo.


Además de estos requisitos, las aspirantes debían superar una serie de pruebas tanto físicas como teóricas. Entre ellas, un ejercicio compuesto por cuatro partes: “lectura, escritura al dictado, Aritmética, consistente en desarrollar una suma, resta, multiplicación y división de números enteros y por último resolver un problema de regla de tres simple”. Las bases también exigían la realización de un ejercicio práctico, para el que disponían de dos horas, y en el que además de demostrar sus conocimientos sobre las señales de circulación, las matrículas de vehículos nacionales y extranjeros o el tratamiento de autoridades, debían redactar “un parte, libremente señalado por el tribunal, referido a infracción de las Ordenanzas Municipales” y realizar un croquis sobre un supuesto “accidente ocurrido en la vía pública, bien sea de circulación o por otras causas”. También era obligatorio saber “enumerar y localizar los principales edificios públicos de la ciudad”.

Junto a estas pruebas, se debía realizar otro ejercicio escrito consistente en “la ejecución de dos temas designados por sorteo, igual para todas las aspirantes: Uno del Reglamento interior de la Policía Municipal y otro de Nociones de Derecho Penal”. Para la ejecución del mismo, disponían de dos horas y media. El conocimiento del Código de Circulación también figuraba entre las pruebas. Las opositoras tuvieron que someterse a un examen oral en el que debían desarrollar “dos temas que será a suerte de entre los que figuran en el programa de Código de Circulación anexo a esta convocatoria”. No se exigía saber idiomas, pero las bases incluían un ejercicio con carácter voluntario y que sólo podían realizar aquellas aspirantes que hubieran aprobado todos los ejercicios de la oposición. Sin ser obligatorio, sí que superar la prueba de idiomas permitía aumentar la puntuación total.

Paqui, Pilar y Maricarmen prepararon las pruebas teóricas con José Salvador Cárdenas, quien contaba con una gran experiencia en la formación de aspirantes tanto a la Policía como al Cuerpo de Bomberos. El porcentaje de aprobados era bastante alto. Por la mañana impartía las clases en el Ayuntamiento, y por la tarde lo hacía en una oficina situada en la calle Teniente Olmo. Maricarmen Godino recuerda que “tenía un sistema que le iba bastante bien. Al grupo de por la mañana le decía que había una chica que estaba muy preparada, y a mí me motivaba diciéndome lo mismo sobre el resto de alumnas que iban por la mañana”. Esta fórmula provocaba que “nos picáramos y que nos pusiéramos las pilas”. Pilar Ugarte, que formaba parte del grupo matutino, confiesa que cuando veían a Maricarmen Godino decían “ahí va la empollona”. Unos meses antes de las oposiciones, se dieron cuenta que “nos tenía a todas engañadas”. Las tres coinciden en que la exigencia de José Salvador Cárdenas fue “fundamental para que superáramos las oposiciones”. Paqui García resalta que “era muy exigente, pero lo hacía por nuestro bien; y siempre debemos estar agradecidas por su trabajo”. Una labor que, a juicio de Maricarmen Godino, “tiene mucho más valor porque nunca cobraba y lo hacía de forma altruista”.

Pruebas físicas

Además de las pruebas teóricas, las oposiciones también incluían una serie de ejercicios físicos. Según recogían las bases, todos eran “obligatorios, siendo cada uno de ellos eliminatorios”. Las pruebas eran las siguientes:

a)      Correr  60 metros en 12 segundos.
b)      Salto de altura de 0,80 metros con carrera previa.
c)       Salto de longitud de 2 metros con carrera previa.
d)      Levantamiento de peso de 18 kilos en cada brazo hasta la altura de las caderas.

Las aspirantes, en caso de no superar el ejercicio, disponían de una segunda oportunidad.  Maricarmen, Pilar y Paqui califican el período que estuvieron preparando las pruebas físicas como “horroroso”.  Joaquín García de la Torre fue el encargado de entrenarlas. “Nos preparaba por la mañana en el Parque de Bomberos”, recuerda Pilar Ugarte, quien no olvida “una marca que hicimos en una zona del monte Hacho para poder ir a correr cuando no podíamos entrenarnos con él. Nos íbamos allí y corríamos sobre esa marca que habíamos pintado en el suelo”.

Autorización paterna

Tras la publicación del nombre de las opositoras aprobadas, éstas disponían de treinta días para presentar toda la documentación necesaria y exigida en las bases. Entre ella, una “certificación de buena conducta expedido por la Alcaldía respectiva”. Por aquel entonces, la minoría de edad estaba establecida en los veintiún años, por lo que todas las opositoras que hubieran superado las pruebas, y no hubieran cumplido esta edad debían aportar una autorización paterna o de la persona a quien correspondiera la tutela legal. Se consideraba “indispensable” este documento “para su ingreso como Guardia de la Policía Municipal de este Ayuntamiento, sin cuyo requisito no podrán ser nombradas, quedando anuladas todas sus actuaciones en caso de presentar esta autorización y por tanto eliminada de la oposición”.
En el año 1975, fecha en la que se realizan las pruebas de acceso, Pilar Ugarte contaba con veinte años, por lo que “tuve que ir al Juzgado. Allí –explica- mi padre tuvo que firmar el consentimiento y ya pude presentar toda la documentación”.

Ingreso en la Policía Local

Una vez incorporadas a la plantilla policial, a las seis nuevas agentes se les encomendó dirigir el tráfico en el centro de la ciudad. Concretamente, en la plaza de la Constitución –por aquel entonces Plaza General Galera-, calle Padilla y calle Real. Pese a que había varias ubicaciones, estos tres puntos eran sus únicos destinos. Tres desempeñaban su labor en el turno de mañana, y otras tantas lo hacían en el de la tarde. Su presencia no pasó desapercibida. No era una imagen muy habitual, por lo que despertó bastante expectación entre la ciudadanía. “Era una época –recuerda Maricarmen Godino- en la que los soldados salía de uniforme e iban al edificio de Telefónica a llamar por teléfono. En cada lado de la calle había barandas, y por la tarde era una atracción para los militares mientras esperaban la conferencia con su familia en la península. Y por la mañana, todas las mujeres que iban al mercado o estaban paseando se paraban y se quedaban mirando”.  
Tal era la expectación, que muchos –especialmente turistas- les solicitaban hacerse una fotografía con ellas: “No estaban acostumbrados a ver mujeres policías y se fotografiaban con nosotras. Tuvimos que pedir autorización al Ayuntamiento, y nos lo concedieron”, rememora Maricarmen Godino, quien aún conserva una antigua instantánea junto a un visitante extranjero que “por señas, me pidió que me hiciera una foto con él. Se mostró muy agradecido y se fue. Dos o tres meses después me enviaron una carta del Ayuntamiento, y cuando abrí el sobre vi la fotografía que me hice con el turista que no me había pedido la dirección, pero que se la ingenió para mandarla al Ayuntamiento para que me la dieran”. En el reverso de aquella fotografía, realizada hace más de treinta y ocho años, figura una dedicatoria que todavía no ha traducido. Pilar Ugarte, otra de las primeras mujeres policías de Ceuta, corrobora el testimonio de su compañera  a la hora de afirmar que “todos los días nos pedían hacerse fotos”. “Además de la presencia de muchos militares –explica-, era una época en la que venía mucha gente a comprar a Ceuta, y también se fotografiaban con nosotras”
Uno de los aspectos más llamativos fue el uniforme. El mismo incluía un bolso, tacones y un bombín. “Íbamos por la calle y parecíamos más unas azafatas, que realmente lo que éramos, policías”, ironiza Pilar Ugarte. El atuendo -no  lo oculta Maricarmen Godino- les hacía sentirse “un adorno más de la vía pública”.
Muy pronto, las nuevas agentes obtuvieron el apoyo del resto de sus compañeros. Se convirtieron en ‘las niñas’: “La plantilla estaba formada por gente mayor, apenas había juventud. Nos cuidaban y nos tenían entre algodones”, recuerda Pilar Ugarte, quien afirma que “era impensable que nos dejaran ir al cruce del Morro”. “Por aquel entonces –explica Maricarmen Godino- había en el cuartel una botella de cuero con unas bolitas de bingo. Cada puesto donde nos debíamos situar para dirigir el tráfico estaba numerado. Cuando llegaban los compañeros del turno de mañana, cogían una bola y en función del número que les tocaba, iban a la zona que les correspondía. Y por la tarde igual”. Pero ellas estaban exentas de ese sorteo porque su destino era siempre el mismo: la zona centro. “Los cruces de Plaza de la Constitución, Padilla y Calle Real tenían sus números, pero estaban quitados”, añade Maricarmen Godino. Así permanecieron durante dos años, hasta que comenzaron a reivindicar igualdad en su labor profesional. Eran y se sentían policías, por lo que solicitaron efectuar el mismo trabajo que sus compañeros para poder dirigir el tráfico en otras zonas de la ciudad.  “Dijimos que nosotras también participaríamos en el sorteo de los puestos, y que iríamos donde nos tocara”, recuerda Maricarmen Godino ante la atenta mirada de Pilar Ugarte, quien justifica aquella reivindicación: “Queríamos ejercer de policías y realizar el mismo trabajo que hacían el resto de compañeros, porque para eso habíamos entrado en el Cuerpo”.

Aumenta la plantilla mujeres policías

Durante más de dos décadas, las seis primeras mujeres policías de Ceuta fueron las únicas féminas de la plantilla. Desde su  ingreso, aunque posteriormente se habían convocados oposiciones para el Cuerpo de la Policía Local –las plazas eran mixtas- ninguna mujer había accedido, hasta que en el año 1996 se incorporó a la plantilla ceutí, Belén Gómez. Procedente de Murcia, su llegada se produjo a través de una permuta. Belén Gómez, quien aprobó sus oposiciones en 1989, recuerda que cuando llegó “aún chocaba el hecho de ver a una mujer policía en la calle. La gente me miraba extraña”. En Murcia, reconoce, había más mujeres policías y realizaban un trabajo idéntico al de sus compañeros. Sin embargo en Ceuta “cuando llegué no había ninguna mujer en la calle”. Fue destinada al área de Seguridad Ciudadana, y “estuve patrullando en el 092 con los mismos turnos que sus compañeros”.
En 1999, tres años después de la incorporación de Belén Gómez, la plantilla femenina de la Policía Local –hasta entonces formada por siete agentes- aumentaba con el ingreso de Isabel Tizón y María del Mar Luque. Ambas accedían a través de una convocatoria, convirtiéndose en las siguientes mujeres policías, tras el ingreso en 1975 de las seis primeras policías, que lo hacían mediante unas oposiciones en Ceuta. Isabel Tizón tenía por aquel entonces 23 años. No guarda muy buenos recuerdos de la preparación de aquella convocatoria: “Fue duro preparar las pruebas físicas. Había mucha competitividad, mucho nivel y la preparación debía ser muy alta. Lo pasé mal; fue angustioso y muy estresante”. Tal fue la dureza, que afirma con bastante rotundidad que si “hubiese suspendido, no se hubiera presentado por segunda vez”.
Superar las pruebas supuso “una gran satisfacción”, por lo que el esfuerzo mereció la pena.

Actualmente


Treinta y nueve años después de su incorporación, tres de aquellas primeras mujeres policías de Ceuta continúan formando parte de la plantilla. El resto, se han jubilado por enfermedad. Actualmente la plantilla femenina está actualmente compuesta por trece agentes. A la pregunta de si se han arrepentido de haber ingresado en la Policía Local, Pilar Ugarte, Paqui García y Maricarmen Godino responden -y lo hacen casi al unísono- que “nunca”, destacando que “hemos evolucionado y supimos adaptarnos a un trabajo en el que sólo había hombres”. Juntas prepararon las oposiciones y posteriormente, “siendo unas niñas” ingresaron en el Cuerpo. Las tres llevan más de media vida compartiendo experiencias. “Somos una familia”, aseveran.  Por ello, ahora esperan que el destino les mantenga unidas para poder cumplir un deseo: “jubilarnos juntas”.


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