lunes, 24 de noviembre de 2014
domingo, 19 de octubre de 2014
CEUTA TAMBIÉN TIENE SU DAMA
No es tan popular como la de Elche, pero Ceuta también cuenta con su dama. Fue creada por el escultor ceutí Ángel Ruiz Lillo (1930-1989), quien no pudo ver cumplido su deseo de que la ‘Dama de Ceuta’ fuera trasladada a su ciudad natal desde Minnéapolis (Minnessota); lugar en el que había fijado su residencia a mediados de la década de los 50. Actualmente, la escultura que Ángel Ruiz Lillo creó como homenaje a Ceuta, se encuentra en paradero desconocido tras ser vendida toda la obra del artista –tal y como quedó reflejado en su testamento- con el objetivo de impulsar una beca que lleva su nombre y que anualmente permite que un joven español realice sus estudios universitarios en Minnesota o un estadounidense lo haga en España.
Ángel Ruiz Lillo
prácticamente desarrolló toda su carrera artística en Estados Unidos, aunque
siempre mantuvo su vinculación con Ceuta, ciudad en la que permanecen sus
raíces familiares y a la que solía viajar cada verano. Tras residir algunos
años en la localidad gaditana de Medina Sidonia, regresaba a Ceuta. A
principios de la década de los 50, y gracias a una beca concedida por el
Ayuntamiento de Ceuta comenzó sus estudios universitarios en la Escuela
Superior de Bellas Artes ‘Santa Isabel de Hungría’ de Sevilla, donde realizó
los dos primeros cursos de una carrera que continuó posteriormente en Madrid;
concretamente en la Escuela Superior de Bellas Artes de ‘San Fernando’. En
1955, Ángel Ruiz Lillo regresaba a Ceuta, pero apenas dos años después decidía
abandonar la ciudad para poner rumbo a Minneápolis (Minnesota), donde inició una destacada trayectoria
artística que se prolongó algo más de tres décadas. En septiembre del año 1989,
fallecía en tierras estadounidenses como consecuencia de una enfermedad denominada Amiatrofia Muscular
Progresiva.
Época
difícil
La vida de Ángel Ruiz Lillo
estuvo marcado por el pasado político de su padre, Ángel Ruiz Enciso, lo que
motivó –a juicio de su sobrino Jacinto León- que el artista ceutí encontrara
muchas dificultades en su tierra natal: “Por diferentes razones no lo tuvo
fácil. Tras realizar la carrera en Sevilla y en Madrid, regresó a Ceuta, pero
le tocó vivir en una sociedad muy crispada y para él fue difícil porque era
hijo de alcalde republicano que mataron durante la Guerra Civil. Su padre
también es conocido en la historia de Ceuta por ser vicedirector del diario ‘El
Renacimiento’ y haber militado en el partido de Sánchez Prado. Además mi tío profesaba
la religión evangélica. No le daban trabajo en ningún sitio, le llegaron a
apedrear y tomó la decisión de irse de Ceuta”.
Ángel Ruiz Lillo emigró a
Estados Unidos, fijando su residencia en St. Paul, capital de Minneápolis. Allí
emprendía una nueva etapa en la que se fraguó su gran trayectoria como escultor
y pintor. El artista ceutí se dedicó a la docencia, pero
sus inicios en el Estado de Minnesota fueron bastante humildes: “Aprendió ingles –explica su sobrino- y trabajó en diferentes lugares. Fue limpiacristales,
después limpiador o trabajaba en lo que le salía hasta que en los años 59-60 pudo
hacer unos estudios de graduación en la Universidad de Minneápolis. Empezó a
trabajar en escuelas públicas y privadas, y compaginaba esta labor como
profesor con su actividad particular como artista”.
Según datos extraídos de la
biografía elaborada por Germán Borrachero e incluida en la colección ‘Cuadernos
del Revellín’ -publicación editada por la Dirección Provincial del Ministerio
de Cultura en Ceuta- Ángel Ruiz Lillo realizaba en el año 1959 sus primeras
exposiciones en Rochester y St. Paul. Posteriormente creó una compañía
‘denominada ‘Ángel Lillo Creations” haciéndose “con una clientela de personajes
relevantes de la vida social, religiosa, cultural y política del estado de
Minnesota de los que con frecuencia recibía encargos”. Entre otras muestras, el
artista ceutí expuso sus obras en la Exposición Colectiva de la Feria del
Estado de Minnesota, en el ‘Women´s City Club’ (St. Paul. Minnesota), en la
‘Kramer Galleries’ (St. Paul. Minnesota) o en el ‘Faribault Art Center/Ivan
Whillock Studio) (Faribault. Minnesota). Parte de su obra permanece expuesta en
el ‘Minneápolis Institute of Arts’, formando parte del patrimonio artístico del
estado de Minnesota.
Cariño
a Ceuta
A pesar de las dificultades
y episodios negativos vividos por Ángel Ruiz Lillo en Ceuta, el artista nunca perdió su cariño hacia su tierra natal.
Jacinto León lo define como “muy caballa”. “Le tocó vivir una época, socialmente hablando, muy mala -reflexiona su sobrino-, pero no tenía ningún
tipo de resentimiento por algunos hechos que sufrió. Tenía –continúa- un amor
singular por su tierra”.
Las palabras de Jacinto
León vienen avaladas por las declaraciones públicas que en numerosas ocasiones
realizó Ruiz Lillo a distintos medios de comunicación y que Germán Borrachero
recogía en ‘Cuadernos del Revellín’. Entre ellas, extraemos la publicada en el rotativo
‘La Voz’ a principios de la década de los cincuenta: “Yo no renuncio a mi naturaleza caballa y me siento orgulloso de ser
ceutí. Esta tierra es magnífica y lo único que le censuro es su desidia o
modorra para no volcarse en la exteriorización de tanta belleza como encierra”.
Años después volvía a expresar, en esta ocasión en las páginas del diario ‘El
Faro’ su sentimiento de cariño hacia Ceuta: “El caso es que algo de mi arte no sólo se vea en los Estados Unidos.
Deseo ardientemente, como buen caballa, dejar huella de mi trabajo en esta
tierra que me vio nacer y de la que me siento enormemente orgulloso”.
La
’Dama de Ceuta’
La ‘Dama de Ceuta’ fue una
de las obras más importantes en su prolífica trayectoria como escultor. No sólo
por la calidad de la misma, sino por el significado sentimental que tenía para
el artista ceutí. Era una de sus obras preferidas, puesto que suponía un
homenaje a su tierra. La ‘Dama de Ceuta’ está inspirada en otra gran obra -en este caso de la naturaleza-
como es la ‘Mujer Muerta’. Jacinto León, quien tuvo ocasión de ver la escultura
en la vivienda de su tío en Minneápolis, no duda en definirla como “una belleza”.
Pero sobre todo, destaca el sentimiento que Ángel Ruiz Lillo puso en su
creación: “La hizo pensando en que quería donarla al pueblo de Ceuta como
muestra de agradecimiento por la beca que en su día le concedió el Ayuntamiento;
y gracias a la cual pudo realizar la carrera de Bellas Artes. Fue su forma de
agradecer a la institución y a la ciudadanía en general, esa ayuda que
recibió”.
El deseo del artista ceutí era que la ‘Dama de Ceuta’ fuera trasladada a si ciudad natal. Se hicieron gestiones para ello, pero todas fueron infructuosas; por lo que Ángel Ruiz Lillo falleció sin ver cumplida su ilusión: “Quiso donarla –recuerda Jacinto León-, pero no lo consiguió porque a la persona que ostentaba el cargo de concejal de cultura no le pareció bien la idea. La obra era donada de forma gratuita, pero el coste económico del traslado desde la ciudad de Minneápolis a Ceuta era de tres millones de pesetas. La persona responsable del área de cultura en aquellos momentos no pudo o no quiso que la ‘Dama de Ceuta’ estuviera con los ceutíes”.
En el año 1977, Ángel Ruiz Lillo ya expresó su deseo en las páginas del diario ‘El Faro de Ceuta’. Germán Borrachero recuperaba en ‘Cuadernos del Revellín’ las manifestaciones del artista ceutí: “Nací en Ceuta, y aunque llevo veinte años residiendo en los Estados Unidos, soy por supuesto ceutí. He hecho ya muchas obras de temas ceutíes, entre ellas la ‘Dama de Ceuta’ que está en Norteamérica, pero me gustaría, como caballa que soy, dejar algo de mi arte en mi pueblo, dejarla en Ceuta”. Años más tarde, el escritor y columnista Juan Díaz Fernández reivindicaba en ‘El Faro de Ceuta’ que la obra de Ruiz Lillo fuera expuesta en Ceuta: “[…] Pero Ángel R. Lillo, hijo de Ceuta, tiene una vieja espina clavada en su corazón. Y es que una de sus esculturas más queridas, la ‘Dama de Ceuta’, no se halla precisamente aquí, en la ciudad que se inspiró y cuyo nombre lleva. Yo pienso que resulta ciertamente una triste ironía del destino el hecho de que otras dos esculturas de un escultor foráneo se yergan al cielo en pleno centro de la ciudad, allí en medio del jardín donde convergen el Rebellín por un lado y la Marina y la Gran Vía por otro. El Ayuntamiento llegó a pagar por ellas veinte millones de pesetas, según me ha dicho alguien que me merece mucho crédito. En cambio, cuando Ángel le propuso su ‘Dama de Ceuta’, no encontró más que obstáculos y cortapisas. Así que, como esta cuestión merece que se rompan lanzas, quiero yo aquí romper la primera, a fin de que la ‘Dama de Ceuta’ se quede donde debe estar, en Ceuta, y no en la sala de algún museo norteamericano […]”. Incluso, Juan Díaz Fernández proponía en ese mismo artículo que se organizara una suscripción popular para sufragar los gastos derivados del transporte de la ‘Dama de Ceuta’ desde Minneápolis.
El hecho de que no
cumpliera el deseo de Ángel Ruiz Lillo hizo que el artista ceutí “se muriera
con el amor propio bastante fastidiado”, reconoce Jacinto León, quien no oculta
que “mi ilusión es que la ‘Dama de Ceuta’ estuviera en nuestra ciudad”.
El sobrino de Ángel Ruiz
Lillo dispuso de una gran oportunidad para que la ‘Dama de Ceuta’ fuera
trasladada a Ceuta, ya que Jacinto León en el año 1991 fue nombrado concejal de
Cultura, cargo que ostentó hasta 1994. Posteriormente, tras la conversión de
Ceuta en Ciudad Autónoma, fue viceconsejero de Educación y Cultura, pero
consideró que “no era ni ético ni moral dedicarme a gestionar una cuestión
particular mientras desempeñaba una función pública”.
Testamento
La muerte no sorprendió a
Ángel Ruiz Lillo. Meses antes le habían diagnosticado una enfermedad mortal.
Consciente de que sería su último viaje, el artista ceutí se desplazó en verano
–como había hecho desde que se había afincado en Estados Unidos- a su tierra
natal. Sabía que la muerte le esperaba, y por ello quiso despedirse de su familia y
amigos. Una muestra en la sala de exposiciones de Caja Ceuta supuso un gran
homenaje, pero a la vez la despedida oficial al artista caballa. Era su última
muestra y la preparó con bastante entusiasmo: “Fue una exposición muy especial con muchas de sus
obras tanto escultóricas como pictóricas”, rememora Jacinto León quien vivió de
cerca los últimos días de Ángel Ruiz Lillo: “Aproximadamente le quedaban dos
meses de vida e intentamos convencerle para que se quedara aquí, pero me
confesó que él necesitaba el sosiego, la espiritualidad y tranquilidad que le
daba su casa y su entorno en Estados Unidos. A mediados de agosto, Jorge Castro
León –otro sobrino del artista- y yo nos trasladamos a Minneápolis y le
acompañamos hasta que se produjo su muerte”.
La última voluntad de Ángel
Ruiz Lillo, y así quedó reflejado en su testamento, fue donar toda su colección
artística. Incluida la ‘Dama de Ceuta’. “Toda su obra cultural, junto a su casa
y sus bienes fueron cedidos a la Universidad de Minneápolis para que con los
fondos obtenidos se gestionara la Fundación de la Amistad de Ángel Ruiz Lillo
(Angel Ruiz Lillo Friendship Scholarship). Está becada con 5000 $ anuales y
permite que cada curso un estudiante de Estados Unidos pueda venir a estudiar a
España o uno español lo pueda hacer en Minnesota”, explica Jacinto León, quien
se muestra “orgullosísimo que de mi tío dejara todo su patrimonio a una obra
cultural y educativa. Fue una decisión que adoptó durante sus últimos meses de
vida”.
Hasta su muerte, la ‘Dama
de Ceuta’ permaneció en la vivienda del escultor ceutí: “Tenía una casa de
doble planta con un gran jardín –describe su sobrino-. Era una típica vivienda
americana. La escultura estaba expuesta a la entrada de la casa”. Actualmente,
la familia de de Ángel Ruiz Lillo desconoce donde se encuentra la talla
escultórica inspirada en la ‘Mujer muerta’. Puede estar en un museo o formar
parte de una colección privada. La intención de Jacinto León es “intentar
recuperarla. Entre mis planes futuros, cuando tenga tiempo y presupuesto, me
gustaría trasladarme a Estados Unidos y hacer gestiones con la Universidad de
Minnéapolis para acceder a la administración de su testamento para saber quien
adquirió la ‘Dama de Ceuta’. Creo que puede estar expuesta a la entrada de un
museo o cualquier institución cultural de Ceuta”.
¿Veremos algún día la ‘Dama de Ceuta’ en la ciudad que inspiró a su autor. Jacinto León no pierde la ilusión. Esa misma que Ángel Ruiz Lillo mostró públicamente, aunque no pudo ver cumplida. Su obra está repartida por muchos lugares del mundo. En Ceuta, curiosamente, -salvo colecciones particulares- ninguna. En 2011, la Ciudad Autónoma aprobaba conceder a una calle situada en Loma Colmenar el nombre de Ángel Ruiz Lillo. Un homenaje merecido, pero quizás insuficiente con un artista de prestigio internacional que presumió de ser ceutí. Su ciudad natal sigue en deuda con él.
¿Veremos algún día la ‘Dama de Ceuta’ en la ciudad que inspiró a su autor. Jacinto León no pierde la ilusión. Esa misma que Ángel Ruiz Lillo mostró públicamente, aunque no pudo ver cumplida. Su obra está repartida por muchos lugares del mundo. En Ceuta, curiosamente, -salvo colecciones particulares- ninguna. En 2011, la Ciudad Autónoma aprobaba conceder a una calle situada en Loma Colmenar el nombre de Ángel Ruiz Lillo. Un homenaje merecido, pero quizás insuficiente con un artista de prestigio internacional que presumió de ser ceutí. Su ciudad natal sigue en deuda con él.
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domingo, 21 de septiembre de 2014
domingo, 31 de agosto de 2014
MANUEL OLIVENCIA: UNO DE LOS PADRES DE LA EXPO’92
Por muchos motivos, 1992 fue un gran año para España. La Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona significaron una gran reválida. Ambas citas, que cambiaron la imagen del país, trajeron consigo inversiones millonarias en infraestructuras y una importante mejora de las comunicaciones. En el caso de la capital hispalense el legado que dejó la Expo’92 todavía hoy se puede apreciar. Pero en 1984, cuando aún restaban casi ocho años para la cita, había que poner los cimientos de un proyecto en el que España se jugaba mucho. Por aquel entonces, Manuel Olivencia (Ronda, 1929) fue nombrado comisario general de la Exposición Universal. Su misión no era fácil porque había que empezar prácticamente de la nada. No sólo había que potenciar las infraestructuras, muy deficitarias para lo que requería una cita de tal envergadura, sino también diseñar como sería la Exposición Universal. Manuel Olivencia, quien vivió unos años en Ceuta y su vinculación con la ciudad continúa siendo permanente –incluso mantiene lazos familiares- desempeñó un papel fundamental en el éxito final de la Expo’92. Pero antes de su nombramiento había declinado la propuesta que le había realizado Felipe González, por aquel entonces, presidente del Gobierno.
En una entrevista concedida al ‘Diario de Sevilla’ recuerda que “González me sorprende con una llamada para nombrarme comisario de la Expo. Le dije que no y él insistió en que fuera a verle”. La reunión entre ambos se produjo poco después, y Manuel Olivencia mantuvo su negativa. Felipe González le volvió a llamar para intentar convencerle, y en ese segundo encuentro aceptó el cargo. Pero no fue la insistencia del presidente del Gobierno lo que motivó su cambio de opinión. Realmente fue debido a una llamada: “Entre las dos entrevistas con Felipe González –explica en las páginas del rotativo sevillano- hay una llamada del Rey Don Juan Carlos I. El contenido no puedo revelarlo pero se supo que se había realizado porque me llamó mientras estaba dando clase en la antigua Facultad de Derecho”.
Estaba claro que esa llamada no se produjo al móvil, porque todavía no se habían presentado. Precisamente los teléfonos móviles, tal y como reconoce Manuel Olivencia, fueron “una de las atracciones del Pabellón de Telefónica”.
El 20 de abril de 1992 se inauguró la Expo’92. Precisamente aquel día, Manuel
Olivencia se encontraba en Ceuta. Nueve meses antes se había acordado su cese. Ya anteriormente, tal y como reconoce el propio Olivencia, había presentado su dimisión por “motivos políticos y de organización”.
Atrás quedaban siete años de trabajo, marcados por los inicios. Había que partir de cero: “Cuando fui nombrado comisario –rememora Manuel Olivencia- creé un equipo de trabajo muy competente y que todo lo llevó a cabo de la nada. Las condiciones de Sevilla hacían inviable la organización de un acontecimiento de las dimensiones que tiene una exposición universal”. Casi a contra reloj había que poner los pilares en los que se apoyaría la Expo’92. Lo primero, mejorar las comunicaciones: “Fue necesario no solamente ordenar la Isla de la Cartuja; sino los alrededores, las infraestructuras de comunicaciones, las rondas y carreteras exteriores, la autovía de Sevilla, la autovía que cruza de forma horizontal Andalucía, de Huelva a Almería. Además había que mejorar el transporte ferroviario, el aeropuerto y el puerto de Sevilla donde se instalaron diez o doce nuevos puentes sobre el río Gualdalquivir”.
Paralelamente a la elaboración de la hoja de ruta para la mejora de las infraestructuras y de las comunicaciones, también había que elegir el sentido que se le quería dar a la exposición universal: “Ni siquiera existía un idea de lo que podía ser la Expo’92. Tuvimos que forjarlo todo, incluso el sentido que debía tener una cita mundial a finales del siglo XX y en plena revolución de las telecomunicaciones”. Una vez encontrada y consensuada la idea “quisimos convertir la Isla de la Cartuja, en Sevilla, en la Plaza Mayor de lo que ya era una aldea global. Es decir, el mundo descubierto por Colón”. La Exposición Universal, a juicio de Manuel Olivencia, debía ser “un lugar de encuentro físico de presencia, de entendimiento, de diálogo, de planes de futuro, y también de negocio. Y eso fue la Isla de Cartuja durante seis meses”.
En cuanto a si se cumplieron o no los objetivos propuestos inicialmente, Manuel
Olivencia se muestra rotundo a la hora de afirmar que la Expo’92 fue “un éxito mal aprovechado”. ¿El motivo? “Falló –explica- el mensaje político, intelectual y cultural que era rendir un homenaje a la capacidad descubridora del hombre, y a la que todavía nos queda por descubrir”. “También falló –prosigue- el mensaje de conservación de la tierra que también queríamos lanzar al coincidir con la cumbre de Río de Janeiro”. Para el ex comisario de la Expo’92, “predominó la fiesta sobre el mensaje duradero”.
Veintidós años después, la Exposición Universal de Sevilla -de forma indirecta- continúa muy presente, especialmente en Sevilla, puesto que fruto de aquellas millonarias e importantes inversiones “quedan las grandes obras en infraestructuras que se hicieron y que suponen un gran legado de la Expo”, explica Manuel Olivencia, quien también destaca como herencia de la cita de 1992, la Isla de la Cartuja, “que está siendo aprovechada”, aunque a su juicio “se le podría haber sacado mayor rendimiento al esfuerzo que se hizo”.
Tanto el desarrollo de la Exposición Universal de Sevilla como el trabajo previo a la misma, se tradujo en una considerable mejora de la imagen de España a nivel mundial. Detrás de aquel éxito se encuentran muchos nombres. Entre ellos, el de Manuel Olivencia, uno de los padres de la Expo’92.
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domingo, 27 de julio de 2014
lunes, 23 de junio de 2014
SD CEUTA: RIVALES PARA LA HISTORIA (II)
En el reportaje titulado
‘SD Ceuta: Rivales para la historia’ conocíamos detalles de los encuentros que
el conjunto caballa había disputado frente al Real Madrid y FC Barcelona.
Cuatro duelos –dos oficiales y otros tantos amistosos- que forman parte de la historia.
Pero a estas citas hay que añadir la eliminatoria copera -a doble partido-
jugada frente al Real Madrid en el año 1946, y el encuentro amistoso ante el
Athletic de Bilbao disputado en el estadio Alfonso Murube en 1945.
Real
Madrid
En la temporada 1945/1946,
y tras quedar exenta en la primera ronda, la SD Ceuta se midió al Real Madrid en
los octavos de final de la copa del Generalísimo –actual copa del Rey-. El
encuentro de ida, disputado el 21 de abril de 1946 en el estadio de Chamartín,
finalizaba con un rotundo 6-0 a favor del conjunto madrileño. Por aquel
entonces el conjunto caballa militaba en Segunda División, pero ya se había consumado
su descenso a Tercera. Pese a la diferencia de categoría, el técnico del Real
Madrid, Jacinto Quincoces no quiso asumir ningún tipo de riesgos y alineó su once de gala. El primer periodo
concluía con un ajustado 1-0, gracias sobre todo al gran trabajo realizado por
la defensa ceutí y a la fortuna, puesto que el equipo madrileño estrelló hasta
tres balones en el poste. El tanto lo anotaba Pruden en el minuto diez, al
aprovechar un rechace del cancerbero Casafont tras un lanzamiento de Barinaga.
En este primer tiempo, el jugador del Ceuta, Caballero se tuvo que retirar
lesionado, siendo sustituido por Abad. Tras la reanudación, el equipo caballa
no se amilanó, se hizo con el control del balón y buscó de forma descarada el
empate; aunque sin mucha suerte. El Real Madrid supo reaccionar al dominio
ceutí y dispuso de varias ocasiones, siendo abortadas por el guardameta
Casafont, quien poco pudo hacer para evitar el segundo tanto local. Alsúa firmaba
el 2-0. El gol provocó que el Real Madrid se creciera y que la Sociedad
Deportiva Ceuta diera un paso atrás para
evitar encajar más goles. Algo que no ocurrió, puesto que el equipo madrileño
embotelló a los ceutíes, consiguiendo aumentar su ventaja. Barinaga anotaba el
3-0. Poco antes, el colegiado había anulado un gol a Pruden por posición
antirreglamentaria. El Real Madrid no se conformaba y buscaba sentenciar la
eliminatoria. Elices, Moleiro y Pruden
conseguían otros tres tantos, redondeando el definitivo 6-0. El
resultado pudo ser mucho más amplio si no llega a ser por la magnífica
actuación del cancerbero Casafont. El encuentro estuvo marcado por la lluvia y
por el estado del terreno de juego, totalmente embarrado. El estadio de Chamartín registró una media
entrada. El Real Madrid puso en liza el siguiente once inicial: Bañón;
Clemente, Corona; Ipiña, Moleiro, Huete; Alsua, Rafa, Pruden, Barinaga y
Elices. Por su parte, la Sociedad Deportiva Ceuta jugó con Casafont; Perico,
Victorero; Gil, Lesmes, Carvajal; Abad, Caballero, Carnero, Japón y Morla. El
encuentro fue dirigido por el colegiado Obiol Pons.
Enfado
El presidente de la
Sociedad Deportiva Ceuta, Emilio Arranz valoraba en las páginas del diario ‘El
Faro de Ceuta’ el choque frente al Real Madrid. El máximo dirigente del club
caballa consideraba que el resultado final había sido demasiado castigo para su
equipo: “Pese a que el Madrid jugó
muchísimo y atraviesa una magnífica
forma, el tanto de 6-0 es excesivo para la admirable tenacidad y pundonor con
que sobre el fangal de Chamartín derrocharon casi todos nuestros hombres”.
Arranz destacaba la gran labor realizada por Casafont, Lesmes, Carvajal,
Perico, Victorero, Gil y Morla, pero se mostraba muy crítico con el resto de
futbolistas. “El esfuerzo titánico de nuestro equipo que arrancó delirantes
ovaciones del sensato y deportista público madrileño, que hizo de Casafont un
verdadero héroe popular y que mantuvo el marco con el precario 1 a 0 durante
sesenta minutos, de nada sirvió ante la desdichada actuación de jugadores que,
ya por su incapacidad o por su apatía y desinterés, ni supieron rendir en los
puestos a ellos confiados ni procuraron ayudar a sus compañeros”. El presidente de la Sociedad Ceuta culpaba a
la línea de ataque y no dudó en señalar a los jugadores, que a su juicio, no
rindieron de la forma esperada en Chamartín: “estoy muy disgustado con la
tripleta central del ataque. Para lo que hizo, Carnero pudo quedarse en Vigo.
En cuanto a los interiores, es preferible no hablar… Ya procuraré eliminar esa
falta de pundonor y cariño al club de la que ambos dieron abundantes pruebas en
Chamartín”, advertía Emilio Arranza, quien elogiaba el gran encuentro protagonizado
por el cancerbero Casafont: “Cuajó una de las mejores tardes de su vida
deportiva. El Madrid jugó tanto en la segunda parte que de no tener Casafont
una gran tarde nos hubiéramos traído una docena de goles. Debido al barro, hubo
necesidad de cambiarle la camiseta en tres ocasiones. Cuando terminó el
encuentro, todo el público puesto en pie le ovacionó hasta que la entrada de
los vestuarios”.
Partido de vuelta
El 29 de abril, siete días
después del partido disputado en Chamartín, se jugaba el choque de vuelta en el
estadio Alfonso Murube. La Sociedad Deportiva Ceuta se imponía por un gol a
cero a un Real Madrid –quizás porque la eliminatoria estaba ya resuelta-
bastante apático. Así lo destacaba la crónica del partido publicada en la
prensa local, calificando de “desastroso” el encuentro realizado por el
conjunto ‘merengue’. Lolo fue el autor del tanto que supuso el histórico
triunfo de la Sociedad Deportiva Ceuta frente al Real Madrid. Al igual que
ocurriera en el partido de ida, la lluvia provocó que el estado del terreno de
juego estuviera en malas condiciones. Esta circunstancia no impidió que los
jugadores del conjunto caballa mostraran su mejor imagen para evitar una nueva
goleada. Las primeras ocasiones claras del encuentro fueron para la SD Ceuta.
En el minuto 16 un centro de Abad fue rematado por Japón, obligando a
intervenir al guardameta visitante. El rechace de Bañón fue recogido por Lolo
que estrelló el balón en el travesaño. El control del juego era alterno, aunque
fue el equipo ceutí el que volvió a disfrutar de una gran ocasión para
inaugurar el marcador. Abad, tras el saque de un córner veía como su remate de
cabeza se encontraba con el poste. La última oportunidad del primer período la
protagonizó el Real Madrid por mediación de Pruden. Su disparo fue atajado por
el cancerbero Casafont.
En la segunda mitad, se
intercambiaron los papeles con respecto a lo que hubiera sido lo lógico, ya que
fue la SD Ceuta la que tomó el control del juego, presionando al rival y viendo
como el Real Madrid comenzaba a jugar a la defensiva; aunque la superioridad no
se vio traducida en goles. A los pocos minutos del inicio de esta segunda
parte, Morla protagonizaba la gran jugada del partido. El delantero ceutí se
marchaba de tres futbolistas, y cuando encaraba la portería, Clemente lo
frenaba con una clara zancadilla. El colegiado del encuentro no lo dudó y
señaló el punto de penalti. Lesmes desaprovechaba el lanzamiento desde los once
metros al estrellar el balón en el larguero. Poco después, el propio Lesmes remataba
de cabeza un saque de esquina, pero el gol fue anulado al entender que la
jugada venía precedida de una falta a un defensor madridista. La fortuna no sonreía al Ceuta que volvía a
toparse con el travesaño tras una falta botada por Lesmes, quien participaba en
la jugada del gol. El defensa ceutí lanzaba una falta y Lolo remataba de cabeza
consiguiendo el 1-0. Poco antes de la finalización del encuentro, Lesmes era
expulsado al realizar una falta sobre Pruden. La remontada era una auténtica utopía,
pero ello no impidió que la SD Ceuta
plantara cara, e incluso superara a todo un Real Madrid.
Marcelino Morla, técnico de
la SD Ceuta puso en liza el siguiente once inicial: Casafont; Perico,
Victorero; Gil, Lesmes, Carvajal; Abad, Japón, Torres, Lolo y Morla. Por su
parte, el Real Madrid jugó con Bañón; Clemente, Corona; Moleiro, Ipiña, Iluete;
Alsúa, Rafa, Pruden, Barinaga y Elices. El colegiado sevillano Higinio Antonio
Peral fue el encargado de dirigir la contienda.
El
Athletic de Bilbao, en Ceuta
Tras disputar dos encuentros amistosos en
Marruecos, la expedición del Athletic de Bilbao llegaba a Ceuta el 15 de
septiembre de 1945. Lo hacía un día antes del choque que iba a disputar en el estadio ‘Alfonso Murube’ frente a la
Sociedad Deportiva Ceuta. Por aquel
entonces el cuadro caballa militaba en Segunda División. La presencia del
equipo vasco despertó bastante expectación en la ciudad. A nivel institucional,
el Ayuntamiento ofreció una recepción al club rojiblanco. No fue el único acto
en honor del conjunto bilbaíno, ya que la propia Sociedad Deportiva Ceuta organizó en ‘La Huerta’ una verbena con
distintas actuaciones musicales. En el plano estrictamente deportivo, el 16 de
septiembre –una semana antes del inicio de la competición liguera- el estadio
‘Alfonso Murube’ acogía el esperado duelo que finalizaba con triunfo rojiblanco
por cuatro goles a dos. Según destacaba la prensa local, ninguno de los dos
equipos defraudó y protagonizaron un atractivo encuentro. En los primeros
minutos, el choque estuvo bastante abierto con llegadas por parte de uno y otro
equipo. Pese a que el Athletic de Bilbao partía como favorito, la SD Ceuta no
tuvo ningún tipo de complejos para crear las primeras ocasiones. De hecho, fue
el cuadro caballa el que inauguraba el marcador. En el minuto 21, Caballero
tras un pase de Martin batía a Lezama, consiguiendo el 1-0. Apenas once minutos
después llega el empate gracias a un tanto de Gainza que aprovechaba un error
de la defensa ceutí para lanzar un potente disparo con el que establecía el
1-1. El gol no pareció afectar al Ceuta, ya que el conjunto blanco puso en
aprietos en varias ocasiones a Lezama. En una de ellas, Martín estrellaba el
balón en el larguero. El equipo caballa había merecido más, pero los primeros
cuarenta y cinco minutos concluían con el empate a un tanto.
En la segunda mitad, el
Athletic de Bilbao conseguía darle la vuelta al marcador por mediación de
Gárate. Su disparo fue desviado por el cancerbero Suárez, pero no pudo evitar
el 2-1. La SD Ceuta dispuso de varias ocasiones para empatar, pero sin embargo,
fue el equipo rojiblanco el que lograba aumentar su ventaja. En el minuto 78,
Arrate aprovechaba una jugada iniciada por Zarra para anotar el 3-1, dejando
encarrilada la victoria visitante. Tres minutos después, el Athletic
sentenciaba el partido gracias a un gol de Zarra. Gran jugada de Gainza que
tras driblar a Torres y Baceta centró para que el delantero vasco, lanzándose
en plancha, cabeceara a la red. Era el 1-4. El Ceuta no se dio por vencido, y
Arreta establecía el definitivo 2-4 en el minuto 86.
El Athletic de Bilbao,
salvo la ausencia del lesionado Iriondo, puso en liza su once de gala: Lezama;
Arqueta, Oceja; Celaya, Bertol, Urra; Panizo, Venancio, Zarra, Gárate y Gainza.
También participaron Mieza, Barrenechea,
Mugarra y Albizua. Por parte de la Sociedad Deportiva Ceuta jugaron: Suárez;
Baceta, Victorrero; Torres, Japón, Carvajal; Abad, Martín, Arrieta, Caballero y
Morla.
Esa temporada (1945/46) el Athletic de Bilbao finalizó en la tercera
posición, proclamándose Zarra el máximo goleador de la competición liguera con
veinticuatro tantos. La Sociedad Deportiva Ceuta consumó su descenso a Tercera
División.
domingo, 1 de junio de 2014
PRIMERAS MUJERES POLICÍAS LOCALES DE CEUTA
Cuando fue publicada la
convocatoria, Pilar Ugarte tenía veinte años. Por aquel entonces se encontraba
de vacaciones en Barcelona, pero su padre realizó todos los trámites. “Era
policía, y él mismo recogió y entregó toda la documentación. Como pudo hizo mi
firma, y presentó todo lo que pedían en las bases”. Pilar no duda en afirmar –lo
hace con orgullo- que “tengo que agradecerle a mi padre lo que hizo en aquel
momento”.
Paqui García, otras de las
primeras mujeres policías de Ceuta, había vivido en Francia. Esta circunstancia
hacía que, tal y como reconoce, su forma de pensar fuera diferente. Por ello,
no dudó en cursar la documentación necesaria para poder optar a una de las seis
plazas convocadas.
Bases
Según recogían las bases
publicadas en el BOCCE, las aspirantes debían reunir los siguientes requisitos:
a) Ser
mujer, de nacionalidad española, soltera o viuda, o casada y separada judicialmente,
con pronunciamiento favorable.
b) Tener cumplidos 18 años de edad el último día de presentación de instancias y no exceder de 35.
c) Tener una talla mínima de 1’60 metros.
d) Observar buena conducta, carecer de antecedentes penales, y no encontrarse procesada al solicitar tomar parte en la oposición o durante ésta, así como no haber sido expulsada de ningún Cuerpo del Estado, Provincia o Municipio, organismos Corporativos, Empresas concesionarias de Servicios Públicos o intervenidos por el Estado.
e) Estar en posesión del certificado de escolaridad o superior a estos.
f) No padecer enfermedad ni defecto físico que le impida el normal ejercicio de la función.
g) Haber cumplido el Servicio Social de la Mujer o estar exenta del mismo.
b) Tener cumplidos 18 años de edad el último día de presentación de instancias y no exceder de 35.
c) Tener una talla mínima de 1’60 metros.
d) Observar buena conducta, carecer de antecedentes penales, y no encontrarse procesada al solicitar tomar parte en la oposición o durante ésta, así como no haber sido expulsada de ningún Cuerpo del Estado, Provincia o Municipio, organismos Corporativos, Empresas concesionarias de Servicios Públicos o intervenidos por el Estado.
e) Estar en posesión del certificado de escolaridad o superior a estos.
f) No padecer enfermedad ni defecto físico que le impida el normal ejercicio de la función.
g) Haber cumplido el Servicio Social de la Mujer o estar exenta del mismo.
Además de estos requisitos, las aspirantes debían superar
una serie de pruebas tanto físicas como teóricas. Entre ellas, un ejercicio
compuesto por cuatro partes: “lectura, escritura al dictado, Aritmética,
consistente en desarrollar una suma, resta, multiplicación y división de
números enteros y por último resolver un problema de regla de tres simple”. Las
bases también exigían la realización de un ejercicio práctico, para el que
disponían de dos horas, y en el que además de demostrar sus conocimientos sobre
las señales de circulación, las matrículas de vehículos nacionales y
extranjeros o el tratamiento de autoridades, debían redactar “un parte, libremente
señalado por el tribunal, referido a infracción de las Ordenanzas Municipales” y
realizar un croquis sobre un supuesto “accidente ocurrido en la vía pública,
bien sea de circulación o por otras causas”. También era obligatorio saber
“enumerar y localizar los principales edificios públicos de la ciudad”.
Junto a estas pruebas, se debía realizar otro ejercicio
escrito consistente en “la ejecución de dos temas designados por sorteo, igual
para todas las aspirantes: Uno del Reglamento interior de la Policía Municipal
y otro de Nociones de Derecho Penal”. Para la ejecución del mismo, disponían de
dos horas y media. El conocimiento del Código de Circulación también figuraba
entre las pruebas. Las opositoras tuvieron que someterse a un examen oral en el
que debían desarrollar “dos temas que será a suerte de entre los que figuran en
el programa de Código de Circulación anexo a esta convocatoria”. No se exigía
saber idiomas, pero las bases incluían un ejercicio con carácter voluntario y
que sólo podían realizar aquellas aspirantes que hubieran aprobado todos los
ejercicios de la oposición. Sin ser obligatorio, sí que superar la prueba de
idiomas permitía aumentar la puntuación total.
Pruebas físicas
Además de las pruebas teóricas, las oposiciones también
incluían una serie de ejercicios físicos. Según recogían las bases, todos eran
“obligatorios, siendo cada uno de ellos eliminatorios”. Las pruebas eran las
siguientes:
a) Correr 60 metros en 12 segundos.
b) Salto
de altura de 0,80 metros con carrera previa.
c) Salto
de longitud de 2 metros con carrera previa.
d) Levantamiento
de peso de 18 kilos en cada brazo hasta la altura de las caderas.
Las aspirantes, en caso de no superar el ejercicio,
disponían de una segunda oportunidad. Maricarmen, Pilar y Paqui califican el período
que estuvieron preparando las pruebas físicas como “horroroso”. Joaquín García de la Torre fue el encargado
de entrenarlas. “Nos preparaba por la mañana en el Parque de Bomberos”,
recuerda Pilar Ugarte, quien no olvida “una marca que hicimos en una zona del
monte Hacho para poder ir a correr cuando no podíamos entrenarnos con él. Nos
íbamos allí y corríamos sobre esa marca que habíamos pintado en el suelo”.
Autorización paterna
Tras la publicación del nombre de las opositoras aprobadas,
éstas disponían de treinta días para presentar toda la documentación necesaria
y exigida en las bases. Entre ella, una “certificación de buena conducta
expedido por la Alcaldía respectiva”. Por aquel entonces, la minoría de edad
estaba establecida en los veintiún años, por lo que todas las opositoras que
hubieran superado las pruebas, y no hubieran cumplido esta edad debían aportar
una autorización paterna o de la persona a quien correspondiera la tutela legal.
Se consideraba “indispensable” este documento “para su ingreso como Guardia de
la Policía Municipal de este Ayuntamiento, sin cuyo requisito no podrán ser
nombradas, quedando anuladas todas sus actuaciones en caso de presentar esta
autorización y por tanto eliminada de la oposición”.
En el año 1975, fecha en la que se realizan las pruebas de
acceso, Pilar Ugarte contaba con veinte años, por lo que “tuve que ir al
Juzgado. Allí –explica- mi padre tuvo que firmar el consentimiento y ya pude
presentar toda la documentación”.
Ingreso en la
Policía Local
Una vez incorporadas a la plantilla policial, a las seis
nuevas agentes se les encomendó dirigir el tráfico en el centro de la ciudad.
Concretamente, en la plaza de la Constitución –por aquel entonces Plaza General
Galera-, calle Padilla y calle Real. Pese a que había varias ubicaciones, estos
tres puntos eran sus únicos destinos. Tres desempeñaban su labor en el turno de
mañana, y otras tantas lo hacían en el de la tarde. Su presencia no pasó
desapercibida. No era una imagen muy habitual, por lo que despertó bastante
expectación entre la ciudadanía. “Era una época –recuerda Maricarmen Godino- en
la que los soldados salía de uniforme e iban al edificio de Telefónica a llamar
por teléfono. En cada lado de la calle había barandas, y por la tarde era una
atracción para los militares mientras esperaban la conferencia con su familia
en la península. Y por la mañana, todas las mujeres que iban al mercado o estaban
paseando se paraban y se quedaban mirando”.
Tal era la expectación, que muchos –especialmente turistas-
les solicitaban hacerse una fotografía con ellas: “No estaban acostumbrados a
ver mujeres policías y se fotografiaban con nosotras. Tuvimos que pedir
autorización al Ayuntamiento, y nos lo concedieron”, rememora Maricarmen
Godino, quien aún conserva una antigua instantánea junto a un visitante
extranjero que “por señas, me pidió que me hiciera una foto con él. Se mostró
muy agradecido y se fue. Dos o tres meses después me enviaron una carta del
Ayuntamiento, y cuando abrí el sobre vi la fotografía que me hice con el
turista que no me había pedido la dirección, pero que se la ingenió para
mandarla al Ayuntamiento para que me la dieran”. En el reverso de aquella
fotografía, realizada hace más de treinta y ocho años, figura una dedicatoria
que todavía no ha traducido. Pilar Ugarte, otra de las primeras mujeres
policías de Ceuta, corrobora el testimonio de su compañera a la hora de afirmar que “todos los días nos
pedían hacerse fotos”. “Además de la presencia de muchos militares –explica-,
era una época en la que venía mucha gente a comprar a Ceuta, y también se
fotografiaban con nosotras”
Uno de los aspectos más llamativos fue el uniforme. El
mismo incluía un bolso, tacones y un bombín. “Íbamos por la calle y parecíamos
más unas azafatas, que realmente lo que éramos, policías”, ironiza Pilar Ugarte.
El atuendo -no lo oculta Maricarmen
Godino- les hacía sentirse “un adorno más de la vía pública”.
Muy pronto, las nuevas agentes obtuvieron el apoyo del
resto de sus compañeros. Se convirtieron en ‘las niñas’: “La plantilla estaba
formada por gente mayor, apenas había juventud. Nos cuidaban y nos tenían entre
algodones”, recuerda Pilar Ugarte, quien afirma que “era impensable que nos dejaran
ir al cruce del Morro”. “Por aquel entonces –explica Maricarmen Godino- había
en el cuartel una botella de cuero con unas bolitas de bingo. Cada puesto donde
nos debíamos situar para dirigir el tráfico estaba numerado. Cuando llegaban
los compañeros del turno de mañana, cogían una bola y en función del número que
les tocaba, iban a la zona que les correspondía. Y por la tarde igual”. Pero
ellas estaban exentas de ese sorteo porque su destino era siempre el mismo: la
zona centro. “Los cruces de Plaza de la Constitución, Padilla y Calle Real
tenían sus números, pero estaban quitados”, añade Maricarmen Godino. Así
permanecieron durante dos años, hasta que comenzaron a reivindicar igualdad en
su labor profesional. Eran y se sentían policías, por lo que solicitaron
efectuar el mismo trabajo que sus compañeros para poder dirigir el tráfico en
otras zonas de la ciudad. “Dijimos que
nosotras también participaríamos en el sorteo de los puestos, y que iríamos
donde nos tocara”, recuerda Maricarmen Godino ante la atenta mirada de Pilar
Ugarte, quien justifica aquella reivindicación: “Queríamos ejercer de policías
y realizar el mismo trabajo que hacían el resto de compañeros, porque para eso
habíamos entrado en el Cuerpo”.
Aumenta la plantilla
mujeres policías
Durante más de dos décadas, las seis primeras mujeres
policías de Ceuta fueron las únicas féminas de la plantilla. Desde su ingreso, aunque posteriormente se habían
convocados oposiciones para el Cuerpo de la Policía Local –las plazas eran mixtas-
ninguna mujer había accedido, hasta que en el año 1996 se incorporó a la
plantilla ceutí, Belén Gómez. Procedente de Murcia, su llegada se produjo a
través de una permuta. Belén Gómez, quien aprobó sus oposiciones en 1989,
recuerda que cuando llegó “aún chocaba el hecho de ver a una mujer policía en
la calle. La gente me miraba extrañada”. En Murcia, reconoce, había más mujeres
policías y realizaban un trabajo idéntico al de sus compañeros. Sin embargo en
Ceuta “cuando llegué no había ninguna mujer en la calle”. Fue destinada al área
de Seguridad Ciudadana, y “estuve patrullando en el 092 con los mismos turnos
que sus compañeros”.
En 1999, tres años después de la incorporación de Belén
Gómez, la plantilla femenina de la Policía Local –hasta entonces formada por
siete agentes- aumentaba con el ingreso de Isabel Tizón y María del Mar Luque.
Ambas accedían a través de una convocatoria, convirtiéndose en las siguientes
mujeres policías, tras el ingreso en 1975 de las seis primeras policías, que lo
hacían mediante unas oposiciones en Ceuta. Isabel Tizón tenía por aquel
entonces 23 años. No guarda muy buenos recuerdos de la preparación de aquella
convocatoria: “Fue duro preparar las pruebas físicas. Había mucha
competitividad, mucho nivel y la preparación debía ser muy alta. Lo pasé mal; fue
angustioso y muy estresante”. Tal fue la dureza, que afirma con bastante
rotundidad que si “hubiese suspendido, no se hubiera presentado por segunda
vez”.
Superar las pruebas supuso “una gran satisfacción”, por lo
que el esfuerzo mereció la pena.
Actualmente
Treinta y nueve años después de su incorporación, tres de
aquellas primeras mujeres policías de Ceuta continúan formando parte de la
plantilla. El resto, se han jubilado por enfermedad. Actualmente la plantilla
femenina está actualmente compuesta por trece agentes. A la pregunta de si se
han arrepentido de haber ingresado en la Policía Local, Pilar Ugarte, Paqui
García y Maricarmen Godino responden -y lo hacen casi al unísono- que “nunca”,
destacando que “hemos evolucionado y supimos adaptarnos a un trabajo en el que
sólo había hombres”. Juntas prepararon las oposiciones y posteriormente,
“siendo unas niñas” ingresaron en el Cuerpo. Las tres llevan más de media vida compartiendo
experiencias. “Somos una familia”, aseveran.
Por ello, ahora esperan que el destino les mantenga unidas para poder
cumplir un deseo: “jubilarnos juntas”.
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