¿Qué tienen que ver
Zinedine Zidane y la Isla Perejil? A priori, nada. Y en realidad es así, pero
el nombre del actual entrenador del Real Madrid fue uno de los protagonistas en
la denominada Operación Romeo Sierra puesta en práctica para recuperar el
islote de Perejil. Pronto se cumplirán quince años de aquel conflicto bilateral
entre España y Marruecos.
Ocupación
El 11 de julio de 2002, una
patrullera de la Guardia Civil que realizaba labores rutinarias de vigilancia
en aguas próximas a la isla del Perejil, observó como un pequeño grupo de gendarmes
marroquíes habían accedido al islote y colocado dos banderas del país vecino. Desde
Rabat se justificó esta acción relacionando con su estrategia de "lucha
contra la inmigración clandestina y el terrorismo". De este modo se
iniciaba un conflicto diplomático entre hispano-marroquí en el que la OTAN consideró el asunto puramente
bilateral y la Comisión Europea expresó su "gran preocupación". Tras
una intensa negociación entre ambos países, seis días después, un comando de
Operaciones Especiales de Tierra compuesto por 25 efectivos –apoyados por la
Armada y otros tres helicópteros Bolkov- se desplazaban en tres helicópteros Cougar
hasta la isla e interceptaban a un total de seis oficiales marroquíes que
permanecían en el islote. Tras su detención, fueron traslados hasta Ceuta,
entregados a la Guardia Civil y posteriormente devueltos a Marruecos a través
de la frontera. A las siete y media de la mañana era izada la bandera española
en la isla. Una vez finalizada la operación, 75 legionarios del Tercio Duque de
Alba de Ceuta sustituían a los “boinas verdes”, quedando esta unidad destinada
de forma permanente en Perejil donde mantuvieron la vigilancia hasta el día 20
de julio, fecha en la que España y Marruecos alcanzan un acuerdo, por el cual,
volvía a establecerse el ‘statu quo’ anterior al conflicto.
Romeo
Sierra
El, por aquel entonces
ministro de Defensa, Federico Trillo explicaba en el Congreso de los Diputados
cómo se desarrolló la operación Romero Sierra. Su relato se inició con el ya histórico
“Al alba del día 17 de julio y con viento de levante de 35 nudos… ". Lo que no se dieron a conocer son los
detalles de ese dispositivo militar que tuvo como protagonista a Zinedine
Zidane o al FC Barcelona. Así lo cuenta Javier Sanz, quien en su blog (www.historiasdelahistoria.com)
destaca que en la operación Romeo Sierra se utilizaron nombres claves
relacionados con el mundo del fútbol: “El mensaje que llegó a los integrantes
de la Operación Romeo Sierra fue: mientras la Infantería de Marina (Hierro)
defiende sus espaldas, el comando de Operaciones Especiales de Tierra (Zidane)
pasa al ataque y toma Perejil (Bernabéu). El buque de asalto anfibio Castilla
(Real Madrid) y la fragata Navarra (Barcelona) mantendrán sus posiciones”,
refleja el blog.
Según Javier Sanz, este
mensaje se emitió desde el buque de asalto anfibio ‘Castilla’, donde estaba
ubicado el puesto de mando avanzado desde el cual se coordinaron las acciones
navales, terrestres y aéreas.
La publicación de
www.historiasdelahistoria.com también
hace referencia a la utilización de otros nombres en clave. Por ejemplo, Ceuta fue
el Camp Nou y Melilla, Mestalla. Otras posiciones estratégicas como Gibraltar
también fueron bautizadas con el nombre de estadios de fútbol: el peñón recibió
el nombre de un campo mítico como ‘Las Gaunas’ y Málaga fue nombrada como ‘La
Rosaleda’.
Javier Sanz, en una
entrevista concedida a Radio Ceuta (Cadena SER) ironizaba sobre lo que se
podría haber oído aquel 17 de julio de 2001 por los receptores de las
diferentes unidades que tomaron parte en la Operación Romeo Sierra: “Mientras Hierro defiende sus espaldas,
Zidane pasa al ataque y marca en Bernabéu. Real Madrid y Barcelona mantendrán
sus posiciones”.
La utilización de nombres
en clave, explica el autor de la publicación, es algo lógico en operaciones
militares. ¿Por qué denominaciones relacionadas con el fútbol? Javier Sanz
entiende que “sería por si las
comunicaciones eran interceptadas por Marruecos, se pensase que eran pescadores
hablando de fútbol”.
Pero, ¿realmente se
utilizaron estos en la Operación Romeo Sierra? Javier Sanz aseguraba en la
Cadena Ser que consiguió la información “a través de una persona que participó
en aquella operación”. Incluso afirma que todos estos nombres en clave figuraban
en aquella carta náutica del Instituto Hidrográfico de la Marina donde se
planificó toda la operación.
Su legado artístico está muy presente en la ciudad. Más de lo que puedan imaginar. El escultor Cándido Mata Cañamaque (1883-1972) dejó su sello en numerosos edificios ceutíes, tanto públicos como privados. Fue una de las figuras –en el ámbito artístico- más destacadas en la época de la II República, y posteriormente en la postguerra. Entre sus obras destacan la decoración de la zona noble del Ayuntamiento de Ceuta, la cúpula del edificio Trujillo o la mezquita Muley-El Medhi. Anteriormente, Cándido Mata Cañamaque había adquirido un importante prestigio en la zona del Protectorado Español en Marruecos tras realizar la decoración del popular Teatro Cervantes, en Tánger.
Cándido Mata Cañamaque nació en Jerez el 16 de agosto de 1883. Cuando apenas tenía once años su familia se trasladó a Sevilla. Fue en la capital hispalense donde, siendo todavía un niño, comenzó a demostrar su destreza en el mundo de la escultura realizando Cristos de barro. Sin ningún tipo de formación, creó sus primeras obras. Un día decidió situarse en una calle muy transitada, y comenzó a darle forma a un bloque de barro hasta crear una talla del Ecce Homo. Una vez finalizada, varias personas se interesaron por adquirir el Cristo. Esta circunstancia le animó a comenzar a vender sus obras.
El destino le aguardaba a Cándido Mata Cañamaque un hecho que marcó su trayectoria como artista, puesto que un hombre que le había visto trabajar durante Semana Santa le propuso pagarle los estudios en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría (Sevilla). De este modo, veía cumplido un sueño. Cursó la especialidad de Escultura y fue becado para continuar sus estudios en Roma, pero renunció por amor –solía decir que el amor y el arte, aunque parecen cosas relacionadas, son enemigos- y tras casarse, inició su trayectoria profesional como escultor en Sevilla.
Años después, ya iniciado el Protectorado Español en Marruecos, se afincó en Tánger, ciudad en la que realizó la decoración del Teatro Cervantes. Su obra no pasó desapercibida, y pronto, le encomendaron la decoración (artesonados y balaustradas) de un palacio (propiedad de un ciudadano alemán) ubicado también en Tánger. No había finalizado aún los trabajos, cuando le propusieron que plasmara su arte en el Ayuntamiento de Ceuta, coincidiendo con el pintor Mariano Bertuchi. Cándido Mata Cañamaque adquirió una importante notoriedad en el norte de África. Recibía constantemente ofertas de trabajo tanto en Ceuta como en otras zonas del Protectorado Español. Entre sus trabajos destacan la decoración del Palacio del Jalifa (Tetuán), el salón árabe de la Alta Comisaría (Tetuán) o el monumento a los caídos en la Guerra de África (Tánger), aunque también fue reclamado en otras ciudades más lejanas como Rabat, Casablanca o Larache.
Finalmente en 1928 fija su residencia en Ceuta, adquiriendo un local en la Avenida de África –junto a lo que hoy es el antiguo edificio de la UNED- donde construye una casa-taller. Desde entonces desarrolló una importante y prolífica carrera artística en Ceuta, ciudad en la que falleció el 31 de enero de 1972.
Legado artístico Tal y como lo demuestra la recopilación hecha por su biznieto, Francisco Mata; el legado artístico de Cándido Mata Cañamaque es tan numeroso como rico por el valor histórico y cultural de su obra. Su sello aún está presente en muchos edificios –privados y públicos- de la ciudad y es fácilmente apreciable en lugares tan emblemáticos como el inmueble del antiguo Hotel Majestic, Casa Delgado (Paseo del Revellín), Casa Marañés (calle Serrano Orive) o Edificio Trujillo. Cándido Mata también es autor de la decoración interior del Casino Militar, Cinema Apolo o Casa Guil (Recinto). Entre los edificios públicos o institucionales destacan los trabajos realizados en el antiguo Instituto Hispano Marroquí o en el exterior e interior de la zona noble del Ayuntamiento de Ceuta. El salón del Trono o el antiguo despacho del alcalde, llevan el sello del escultor jerezano.
Encomendado por las autoridades de la época, también efectuó numerosos trabajos en la vía pública. Todavía es factible apreciar y disfrutar de algunos de ellos. Una de las obras más representativas es la tribuna o base donde se asienta la escultura de González Tablas, en el Paseo de las Palmeras. Fue autor de las columnatas del ya desaparecido Cine África, de los jarrones ubicados -aún permanecen- en la entrada de la Iglesia de San Francisco o de las balaustradas del Paseo de La Marina Española, Calle Independencia y Paseo de las Palmeras (antes de su remodelación).
Aunque el artista se centró en la decoración, también fue autor de varias estatuas. Pese a que vivió diferentes etapas políticas, Cándido Mata contó con la confianza de los distintos Gobiernos de la época. Así lo demuestran algunos de sus trabajos como el busto de Francisco Franco, la alegoría a la República, las placas conmemorativas del Paso del denominado Convoy de la victoria o el conjunto escultórico en homenaje a los militares Fermín Galán y Ángel García Hernández, fusilados con motivo de la sublevación pre-republicana en el año 1930. Según publicó el investigador Francisco Sánchez Montoya en el diario ‘El Faro de Ceuta’, este monumento que fue inaugurado en el año 1932 en los jardines de San Sebastián, fue arrojado al mar por un grupo de falangistas tras el golpe de 1936.
Biznieto
Con el paso del tiempo, la figura de Cándido Mata Cañamaque quedó casi en el olvido. Ésta fue una de las razones por las cuales, Francisco Mata, su biznieto comenzó a investigar y recopilar datos, documentos y fotografías sobre los trabajos realizados por su antepasado. “Nadie había hecho nada por darle el homenaje que se merecía para que ocupara el lugar que le corresponde en la historia de Ceuta”, justifica Francisco Mata. La ardua labor realizada durante los últimos años le ha permitido, no sólo profundizar en la vida del escultor jerezano, sino también descubrir la grandeza artística de su bisabuelo. Desde entonces se ha convertido en un “apasionado” de su obra. Pero sobre todo, ha cumplido con su objetivo, puesto que consiguió que a nivel institucional se reconociera públicamente la trayectoria artística de Cándido Mata Cañamaque otorgándole la Ciudad Autónoma una plaza con su nombre. Un importante reconocimiento, que sin embargo considera “insuficiente” por lo que significó y aportó su antepasado.
Guarda como un tesoro toda la información obtenida. Y no es para menos. Antiguas fotografías en blanco y negro; otras más modernas en las que se aprecian los trabajos elaborados por su bisabuelo, imágenes escaneadas, documentos, etc… Todo ello forma parte de una colección que ha rescatado el legado de Cándido Mata. Fundamental ha sido la ayuda prestada por José Luis Gómez Barceló, cronista oficial de Ceuta.
Analizando su obra, Francisco Mata extrae una conclusión: “No perdió el tiempo, y fue, además de un gran artista, un adelantado para su época”.
Cuando pasa ante un edificio que tiene el sello de su bisabuelo, no duda en mirar hacia arriba para contemplar esos trabajos que perduran en el tiempo. Y reconoce que ha llegado a emocionarse contemplándolos.
No nació en Ceuta, pero la figura de Cándido Mata Cañamaque fue –y lo sigue siendo- una de las más representativas en el patrimonio cultural y artístico de la ciudad. Su legado, aún visible y –quizás injustamente poco valorado- así lo demuestra.
Fue
un hecho histórico. Hoy se cumplen cuarenta años de la denominada ‘matanza de
Atocha’. Madrid. 24 de enero de 1977. En un despacho situado en el número 55 de
la calle Atocha, nueve abogados laboralistas trabajan en defensa de los
movimientos vecinales que se estaban gestando durante la Transición. A las diez
y media de la noche suena el timbre, y al abrir irrumpen en el despacho tres
personas de extrema derecha. Lo primero que hacen es arrancar los cables del
teléfono. Tras un largo silencio, disparan a sangre fría a los abogados. El
resultado, cinco muertos y cuatro heridos. Entre los fallecidos se encontraba
un ceutí: Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco (1947-1977). De forma muy
resumida, esto es lo que ocurrió hace cuatro décadas en la denominada ‘matanza
de Atocha’. Fue la culminación a una semana complicada en la capital, con varios
asesinatos y secuestros. Un hecho tan trágico como histórico, y que marcó la
Transición. Cuatro
décadas después, Francisca Sauquillo, hermana del ceutí asesinado en Atocha, no
ha podido olvidar lo ocurrido aquel 24 de enero. Abogada laboralista, trabajaba
cerca del despacho donde se produjo el tiroteo. Como su hermano, también estaba inmersa en la constitución de las asociaciones vecinales. Actualmente es
presidenta del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad. En la memoria
de Francisca Saquillo permanecen muchos recuerdos que el paso del tiempo no
han podido borrar: “Era una reunión, en un despacho de la actual alcaldesa de
Madrid, Manuela Carmena. En él se defendían asuntos laborales, pero
se habían cambiado al 49, y en el número 55 se reunían algunos abogados que no
eran de ese despacho para discutir sobre cómo legalizar las asociaciones de
vecinos. Fue entonces cuando entraron unos asesinos a matar a cualquiera. Yo
creo que iban buscando a gente de Comisiones Obreras, pero les dio igual porque
no sabían quienes estaban allí. Eran unos abogados jóvenes que estaban un
despacho que ellos consideraron peligroso”.
Como
consecuencia del tiroteo, Francisco Javier Sauquillo resultó herido de
gravedad. Antes, logró salvar la vida de Dolores González Ruiz, su esposa,
quien también se encontraba en el despacho: “Mi hermano se tiró sobre ella para
salvarla; y con la trenca que llevaba consiguió salvar a mi cuñada. A Lola le
entró la bala por un lateral del cuello y le salió por el otro, tras sortear las
cuerdas vocales. Mi cuñada tuvo una vida muy dependiente de lo que ocurrió
aquella noche porque quedó demacrada y tuvo muchos problemas en la garganta. Lo
pasó muy mal”.
Como
consecuencia de las heridas, Francisco Javier Sauquillo fallecía horas después en
el hospital Primero de Octubre (actualmente 12 de Octubre). Su muerte, junto a
la de otros cuatro abogados laboralistas generó bastante indignación en la
sociedad española. Aquel suceso de Atocha –según coinciden muchas voces- supuso un
punto de inflexión en la Transición. Algo con lo que está totalmente de acuerdo
Francisca Sauquillo: “Fue una fecha en la que hubo un antes y un después, y eso
lo dicen los historiadores. 1977 marcó un antes y un después. Desgraciadamente
para mi familia y para la del resto de las víctimas fue muy doloroso, pero hay
que reconocer que ellos con su muerte consiguieron que España avanzara en la
democracia. De hecho, dos o tres meses después se legalizó el Partido Comunista
y aquellos otros partidos que también luchaban por una democracia”.
Para
la hermana del abogado ceutí, los asesinos "consiguieron todo lo
contrario de lo que pretendían, porque además del dolor personal de muchas
familias, lo que consiguieron fue una rapidez en el avance de la sociedad
española por la democracia y la libertad”.
La
indignación ciudadana quedó patente el día del sepelio. Miles de personas
salieron a la calle para mostrar su condena por lo ocurrido, y despedir como
héroes a los abogados asesinados. Fue un día, que unido al dolor personal por
la pérdida de su hermano, Francisca Saquillo recuerda como “una absoluta
muestra de repulsa, y de querer seguir adelante con la democracia. Fue un entierro
masivo que nunca antes se había visto en España. Y todo fue gracias al decano
del Colegio de Abogados de Madrid, Antonio Pedrerol –ya fallecido- que tuvo muy
claro que tanto los abogados que murieron como los que se salvaron merecían un
homenaje como luchadores por la libertad y defensores de la democracia”.
Los
autores del asesinato fueron detenidos, pero ¿realmente se hizo justicia?. “Estaban controlados por el Gobierno y fueron cogidos rápidamente, pero no se
llegó a más. El juicio fue relativamente rápido y no se demostró qué trama
había detrás y por qué estaban en contra de la libertad y la democracia. Se
cogieron a los autores materiales, pero salieron enseguida de la cárcel con
permisos; y algunos de ellos fueron detenidos por otros delitos”, responde
Francisca Sauquillo, quien no duda que cuarenta años después todavía quedan
algunas interrogantes por resolver: “¿Por qué se produjo esa semana tan extraña
donde hubo asesinatos y secuestros que nunca se aclararon? ¿Quiénes estaban
detrás? Cuando hubo las elecciones del 77 y las municipales de 1979, se intentó
que la sociedad avanzara, y ahí quedó todo. Nunca me atreví a leer el sumario
del juicio, pero los abogados que llevaron el caso siempre nos dijeron que no
se había podido llegar hasta el final. Habría que haber llegado mucho más lejos y
conocer los motivos por los cuales se produjo aquel suceso”.
Calle en Ceuta
Aunque
Francisco Javier Sauquillo nació en Ceuta, su hermana (cuatro años mayor) lo
hizo en Madrid. Francisca Sauquillo pasó parte de su infancia en tierras
ceutíes, y reconoce el sentimiento familiar hacia la ciudad: “Yo de pequeña
viví en Ceuta porque mi padre era militar. Vivíamos en la calle Ingenieros, 7.
Mi hermano nació en Ceuta y toda su pequeña infancia la pasó allí. Es una
ciudad que mi familia siempre le ha tenido mucho cariño. Mi padre murió
relativamente joven, y el recuerdo que tenemos de nuestra infancia está ligado
a Ceuta”.
Hace
algunos años, la Ciudad homenajeaba a Francisco Javier Sauquillo otorgándole
una calle con su nombre, “lo cual –explica Francisca- agradecí muchísimo porque, qué mejor honor que recordar a una víctima de la lucha por la democracia en el
sitio donde nació”.
La
propuesta de rendir homenaje a Francisco Javier Sauquillo partió del Partido
Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en 2005. Un año después, Unión Demócrata
Ceutí (UDCE) defendió en sesión plenaria a pleno la iniciativa del PSPC, la
cual fue aceptada por el pleno de la Asamblea. La calle está ubicada en las
inmediaciones del pabellón ‘José Ramón López Díaz-Flor’ (paralela a la Avda.
Martínez Catena).
Manuela Carmena
La
actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena era la propietaria del despacho
situado en el número 55 de la calle Atocha de Madrid. Su compañero Luis Javier
Benavides (una de las víctimas mortales) le pidió un intercambio de despacho
para una reunión. Horas antes del atentado, Manuela y Francisco Javier
Sauquillo habían coincidido y se despidieron sin prever lo que horas después
ocurrió.
“Empezamos
a oír sirenas y pensamos que había sucedido algo en la pensión que había debajo
del despacho, les llamamos por teléfono y al no cogerlo nos extrañamos. Fuimos
a ver qué pasaba y ya en la calle el dueño de un bar nos advirtió 'iros todos,
acaban de matar a vuestros compañeros y vienen a por todos vosotros",
recuerda Manuela Carmena en una información publicada en www.cadenaser.com Manuela
Carmena considera que con la detención de los asesinos se hizo justicia a
medias, ya que coincide con Francisca Sauquillo en que “nunca se llegó a
destapar quién ordenó el crimen” e incluso afirma que "en el proceso
judicial se cometieron varias irregularidades que llevaron por ejemplo a la
huida de uno de los asesinos".
Sobre la trágica historia de aquel 24 de enero de 1977 se han publicado varios libros e incluso fue llevada al cine en el año 1979. El film, titulado '7 días de enero' (dirigida por Juan Antonio Bardem) refleja la semana tan convulsa que se vivió en Madrid hace ya cuarenta años.
La construcción y apertura un
año antes del Hotel La Muralla no había paliado la carencia de plazas hoteleras
en la ciudad. Ceuta -al igual que otras muchas localidades españolas- vivía la
eclosión del turismo, pero su evolución fue lenta. La inauguración del Hotel
Ulises supuso un salto cualitativo y cuantitativo para el sector turístico
ceutí. Especialmente, porque Ceuta necesitaba atender la demanda de visitantes
que por aquella época llegaban a la ciudad atraídos por los muchos atractivos
de Ceuta, entre ellos, el comercial.
Según datos aportados por el
cronista oficial de Ceuta, José Luis Gómez Barceló, el solar donde fue
construido el Hotel Ulises fue utilizado durante los años 50 como terraza de
verano por los propietarios del Cinema Apolo.
A finales de esa misma
década, según la documentación a la que hemos tenido acceso para la elaboración
de este reportaje, Bulyba S.A adquiere el terreno con la intención de construir
un establecimiento hotelero. Al frente de la citada empresa estaba Mohamed
Bulaix Baeza, quien ya contaba con una gran experiencia en el sector, puesto
que también era propietario del prestigioso Hotel Dersa, ubicado en Tetuán. Desde
Bulyba S.A. se solicita la expropiación o la mediación del Ayuntamiento para la
compra de un inmueble, propiedad de la Iglesia ubicado en la Calle Daoiz, 4.
Aunque la operación tardó bastante tiempo en efectuarse, el coste de la misma
ascendió a 297.412 pesetas. Mientras tanto, el solar donde posteriormente fue
construido el Hotel Ulises fue cedido al Ayuntamiento para su uso como
aparcamiento de vehículos, aunque en la documentación no figura si finalmente
se utilizó como parking. Las obras de construcción del hotel comenzaron en 1964, bajo la dirección
facultativa del arquitecto Jaime Antón Pacheco.
Apertura
e inauguración
Fue en mayo de 1968 cuando el
‘Gran hotel Ulises’ abría sus puertas, aunque la inauguración oficial se
produjo casi un año después, concretamente el 27 de marzo de 1969. Antes de su
apertura al público, la empresa Bulyba S.A. organizó un acto privado de
presentación al que acudió una importante representación de la sociedad ceutí,
encabezada por las principales autoridades. También asistió una destacada
comitiva de representantes de Marruecos. Ante la posibilidad de que al acto de
inauguración acudiera el ministro de Información y Turismo, se optó por esperar
para realizar la inauguración oficial más adelante. El presidente del Consejo
de Administración de la empresa propietaria del Hotel Ulises, Mohamed Bulaix
junto al consejero José María Matos y el director del hotel, Manuel Martínez
López recibió a todos los invitados en la puerta principal del establecimiento
hotelero. Posteriormente se llevó a cabo una visita por las instalaciones y se
ofreció una copa de vino como preámbulo al almuerzo celebrado en uno de los
salones del Gran Hotel Ulises. El acto finalizaba con un brindis y una breve
alocución del máximo responsable de Bulyba S.A.
Casi un año después, y ya con
el hotel en pleno funcionamiento, se producía la inauguración oficial de las
instalaciones hoteleras. El acto, celebrado el 27 de marzo de 1969 fue
presidido por el director general de Empresas y Actividades Turísticas, León
Herrera y Esteban, quien viajó en Ceuta en representación del ministro de
Información y Turismo. Antes del almuerzo, se produjo la bendición de las
instalaciones por parte del vicario de la Diócesis de Ceuta, Isidro Conde y
Conde. Tras una copa de vino, las autoridades invitadas al acto recorrieron el
hotel y finalmente se ofreció un almuerzo, que concluía con un breve discurso a
cargo del director general de Empresas y Actividades Turísticas, quien destacaba
la “gran personalidad” de Mohamed Bulaix, a la hora de emprender un proyecto de
tal calibre como era la apertura del Gran Hotel Ulises.
Características
del hotel
Cuando el Gran Hotel Ulises
abrió sus puertas, disponía de 126 habitaciones. Todas ellas con baño completo
y teléfono. Aspectos que ahora nos parecen absolutamente normales, pero
remontándonos a aquella época –hace casi cincuenta años-, no lo eran tanto. El
edificio contaba con tres ascensores, salones sociales, tres bares, sala de
fiesta, y según resaltaba la prensa, piscina con vistas al puerto y al Estrecho
de Gibraltar. Disponía de aire acondicionado, y con una decoración vanguardista
y moderna para la época. En su día se le otorgó la categoría de Primera A
(actualmente es de cuatro estrellas). El hotel inició su andadura bajo la
dirección de Manuel Martínez López, ex director del Hotel Costa del Sol; y
quien también había trabajado en países como Alemania, Francia, Inglaterra y
Marruecos antes de aceptar la propuesta de dirigir el Gran Hotel Ulises.
Atentado
El 6 de marzo de 1979, el
Hotel Ulises fue escenario de un atentado en el que resultaron heridas veinte
personas –una de ellas grave- al explosionar un artefacto. La bomba, que fue
colocada en la habitación 319, estallaba sobre las ocho y media de la tarde.
Las primeras informaciones publicadas por la prensa nacional apuntaban al denominado
Frente Patriótico marroquí como autor del atentado. Incluso las noticias
indicaban que se había efectuado una llamada telefónica a la delegación de la
agencia France Press en Madrid, reivindicando la explosión. Como consecuencia
de la onda expansiva, los edificios y comercios colindantes sufrieron
importantes daños materiales. Se produjo una lluvia de cascotes que también
afectó a los vehículos aparcados bajo el hotel. Apenas dos días después, la
Jefatura Superior de Policía en Madrid y la Dirección general de Seguridad
confirmaban –así lo recogían los principales periódicos de la época- que la
autoría del atentado correspondía al Partido Comunista Internacional de
Cataluña (PCE Internacional). En la habitación 319 se habían hospedado dos
mujeres, que según las investigaciones policiales, también podrían ser las
responsables de una explosión ocurrida unos días antes en Melilla.
Tres
generaciones
Casi cincuenta años después
de su apertura, el Hotel Ulises no ha perdido el concepto de negocio familiar. Desde el año 1999, María Dolores García-Valiño Molina ostenta la presidencia del Consejo de
Administración de Bulyba S.A., mientras que Fuad y Karim Bulaix -nietos del primer propietario- son consejeros delegados de la empresa. La llegada de ambos supuso
un importante impulso para el hotel. Karim Bulaix no duda
en reconocer que “es una satisfacción e ilusión continuar la labor que inició
mi abuelo hace ya tiempo”.
Los actuales responsables del
Hotel Ulises son la tercera generación, puesto que “mi padre –explica Bulaix- fue de los primeros directores. Estuvo trabajando para mi abuelo
durante mucho tiempo, y luego pasó a ser presidente del Consejo de
Administración. Cuando él falleció, mi hermano y yo nos hicimos cargo de la
empresa”.
La nueva dirección decidió
darle un impulso al hotel, acometiendo una importante reforma que se iniciaba
en el año 2001 y finalizaba en 2013. La apuesta económica llevada a cabo por
Bulyba S.A. conllevó una modernización progresiva de las instalaciones hoteleras
y un cambio de imagen que poco a poco comenzó a dar sus frutos, convirtiendo al
Hotel Ulises en un lugar acorde con la evolución que también experimentó el
centro de la ciudad en esos primeros años del siglo XXI. La reforma de todas
sus habitaciones y la apuesta por la restauración
fueron algunas de las claves en la proyección del hotel: “Desde el principio teníamos muy claro que había que devolverle tanto a Ceuta como al
propio hotel la calidad que tenía el Hotel Ulises. Cuando se es empresa privada
y se tiene que afrontar con sus propios mecanismos y medios todos los gastos de
la reforma se hace más lento. Empezamos en el año 2001, hemos ido por fases y
concluimos en 2013", expone Karim Bulaix, quien califica el esfuerzo
realizado en los últimos años como "casi titánico".
Cuando el
presidente del Consejo de Administración habla de esfuerzo, no sólo se refiere
al efectuado por la empresa, sino también al realizado por el personal, ya que
"estuvo implicado con nosotros desde el principio" -reconoce orgulloso
Karim Bulaix-, que no duda en afirmar que "gracias al equipo con el que
contamos, desde hace algún tiempo ya se pueda ver luz a toda esa apuesta que
hicimos. Fue brutal el esfuerzo que a nivel familiar y a nivel de personal se
realizó desde el principio".
Para Bulaix, la
implicación de los trabajadores es fundamental: "Por nombre, no podemos
competir con los otros establecimientos hoteleros de la ciudad; por ello
decidimos apostar íntegramente por el servicio. Sí se podía competir por la
calidad, por esa atención familiar y meticulosa hacia el cliente que no sería
posible si no fuese porque el personal está involucrado".
Dos ejemplos
-pueden ser muchos más- de ese empeño en la atención al cliente son Rabeh
Hamido y Pepa Gómez. El primero, lleva trece años como recepcionista y lo tiene
muy claro: "Lo importante es el servicio, y lo principal que el cliente se
crea que está en su casa. Que no se quiera ir". Por ello -añade- “somos
una familia para lo bueno y lo malo". Su discurso lo pone en práctica día
tras día en la recepción del Hotel Ulises, donde es uno de los trabajadores más
carismáticos y apreciados por los clientes habituales.
La opinión de
Pepa Gómez (gobernanta) es prácticamente idéntica a la de su compañero. Lleva
más de una década trabajando en el hotel. Tiempo más que suficiente para
conocer los gustos del cliente, aunque considera que la principal demanda es
“un trato personalizado”. Su trabajo no pasa desapercibido para los huéspedes
que se alojan con cierta frecuencia en el Hotel Ulises. Asegura que es muy
habitual que pregunten por los trabajadores, circunstancia que “da mucha
alegría”, ya que también se puede interpretar como un indicativo de que “se fue
satisfecho”.
El Hotel Ulises
no sólo ha sido un negocio familiar, sino que también "siempre ha estado
-expone Karim Bulaix- arraigado sentimentalmente a mi familia". ¿El
motivo? Un detalle que pocos conocen: "Mi padre y mi madre comenzaron su
noviazgo en la fiesta de inauguración. Ha estado muy ligado sentimentalmente a
mi familia".
La modernización
de sus instalaciones y la apuesta por un nuevo modelo de negocio no ha impedido
que, casi medio siglo después de su apertura, el Hotel Ulises mantenga el esplendor
con el que se inauguraba a finales de la década de los años sesenta.