martes, 24 de enero de 2017

FRANCISCO JAVIER SAQUILLO: UN CEUTÍ, ENTRE LOS ABOGADOS ASESINADOS EN LA 'MATANZA DE ATOCHA'


Fue un hecho histórico. Hoy se cumplen cuarenta años de la denominada ‘matanza de Atocha’. Madrid. 24 de enero de 1977. En un despacho situado en el número 55 de la calle Atocha, nueve abogados laboralistas trabajan en defensa de los movimientos vecinales que se estaban gestando durante la Transición. A las diez y media de la noche suena el timbre, y al abrir irrumpen en el despacho tres personas de extrema derecha. Lo primero que hacen es arrancar los cables del teléfono. Tras un largo silencio, disparan a sangre fría a los abogados. El resultado, cinco muertos y cuatro heridos. Entre los fallecidos se encontraba un ceutí: Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco (1947-1977). 
De forma muy resumida, esto es lo que ocurrió hace cuatro décadas en la denominada ‘matanza de Atocha’. Fue la culminación a una semana complicada en la capital, con varios asesinatos y secuestros. Un hecho tan trágico como histórico, y que marcó la Transición. 

Cuatro décadas después, Francisca Sauquillo, hermana del ceutí asesinado en Atocha, no ha podido olvidar lo ocurrido aquel 24 de enero. Abogada laboralista, trabajaba cerca del despacho donde se produjo el tiroteo. Como su hermano, también estaba inmersa en la constitución de las asociaciones vecinales. Actualmente es presidenta del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad. En la memoria de Francisca Saquillo permanecen muchos recuerdos que el paso del tiempo no han podido borrar: “Era una reunión, en un despacho de la actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. En él se defendían asuntos laborales, pero se habían cambiado al 49, y en el número 55 se reunían algunos abogados que no eran de ese despacho para discutir sobre cómo legalizar las asociaciones de vecinos. Fue entonces cuando entraron unos asesinos a matar a cualquiera. Yo creo que iban buscando a gente de Comisiones Obreras, pero les dio igual porque no sabían quienes estaban allí. Eran unos abogados jóvenes que estaban un despacho que ellos consideraron peligroso”.

 Como consecuencia del tiroteo, Francisco Javier Sauquillo resultó herido de gravedad. Antes, logró salvar la vida de Dolores González Ruiz, su esposa, quien también se encontraba en el despacho: “Mi hermano se tiró sobre ella para salvarla; y con la trenca que llevaba consiguió salvar a mi cuñada. A Lola le entró la bala por un lateral del cuello y le salió por el otro, tras sortear las cuerdas vocales. Mi cuñada tuvo una vida muy dependiente de lo que ocurrió aquella noche porque quedó demacrada y tuvo muchos problemas en la garganta. Lo pasó muy mal”.


Como consecuencia de las heridas, Francisco Javier Sauquillo fallecía horas después en el hospital Primero de Octubre (actualmente 12 de Octubre). Su muerte, junto a la de otros cuatro abogados laboralistas generó bastante indignación en la sociedad española. Aquel suceso de Atocha –según coinciden muchas voces- supuso un punto de inflexión en la Transición. Algo con lo que está totalmente de acuerdo Francisca Sauquillo: “Fue una fecha en la que hubo un antes y un después, y eso lo dicen los historiadores. 1977 marcó un antes y un después. Desgraciadamente para mi familia y para la del resto de las víctimas fue muy doloroso, pero hay que reconocer que ellos con su muerte consiguieron que España avanzara en la democracia. De hecho, dos o tres meses después se legalizó el Partido Comunista y aquellos otros partidos que también luchaban por una democracia”.
Para la hermana del abogado ceutí, los asesinos "consiguieron todo lo contrario de lo que pretendían, porque además del dolor personal de muchas familias, lo que consiguieron fue una rapidez en el avance de la sociedad española por la democracia y la libertad”.



La indignación ciudadana quedó patente el día del sepelio. Miles de personas salieron a la calle para mostrar su condena por lo ocurrido, y despedir como héroes a los abogados asesinados. Fue un día, que unido al dolor personal por la pérdida de su hermano, Francisca Saquillo recuerda como “una absoluta muestra de repulsa, y de querer seguir adelante con la democracia. Fue un entierro masivo que nunca antes se había visto en España. Y todo fue gracias al decano del Colegio de Abogados de Madrid, Antonio Pedrerol –ya fallecido- que tuvo muy claro que tanto los abogados que murieron como los que se salvaron merecían un homenaje como luchadores por la libertad y defensores de la democracia”.

Los autores del asesinato fueron detenidos, pero ¿realmente se hizo justicia?. Estaban controlados por el Gobierno y fueron cogidos rápidamente, pero no se llegó a más. El juicio fue relativamente rápido y no se demostró qué trama había detrás y por qué estaban en contra de la libertad y la democracia. Se cogieron a los autores materiales, pero salieron enseguida de la cárcel con permisos; y algunos de ellos fueron detenidos por otros delitos”, responde Francisca Sauquillo, quien no duda que cuarenta años después todavía quedan algunas interrogantes por resolver: “¿Por qué se produjo esa semana tan extraña donde hubo asesinatos y secuestros que nunca se aclararon? ¿Quiénes estaban detrás? Cuando hubo las elecciones del 77 y las municipales de 1979, se intentó que la sociedad avanzara, y ahí quedó todo. Nunca me atreví a leer el sumario del juicio, pero los abogados que llevaron el caso siempre nos dijeron que no se había podido llegar hasta el final. Habría que haber llegado mucho más lejos y conocer los motivos por los cuales se produjo aquel suceso”.


Calle en Ceuta
Aunque Francisco Javier Sauquillo nació en Ceuta, su hermana (cuatro años mayor) lo hizo en Madrid. Francisca Sauquillo pasó parte de su infancia en tierras ceutíes, y reconoce el sentimiento familiar hacia la ciudad: “Yo de pequeña viví en Ceuta porque mi padre era militar. Vivíamos en la calle Ingenieros, 7. Mi hermano nació en Ceuta y toda su pequeña infancia la pasó allí. Es una ciudad que mi familia siempre le ha tenido mucho cariño. Mi padre murió relativamente joven, y el recuerdo que tenemos de nuestra infancia está ligado a Ceuta”.
Hace algunos años, la Ciudad homenajeaba a Francisco Javier Sauquillo otorgándole una calle con su nombre, “lo cual –explica Francisca- agradecí muchísimo porque, qué mejor honor que recordar a una víctima de la lucha por la democracia en el sitio donde nació”. 
La propuesta de rendir homenaje a Francisco Javier Sauquillo partió del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) en 2005. Un año después, Unión Demócrata Ceutí (UDCE) defendió en sesión plenaria a pleno la iniciativa del PSPC, la cual fue aceptada por el pleno de la Asamblea. La calle está ubicada en las inmediaciones del pabellón ‘José Ramón López Díaz-Flor’ (paralela a la Avda. Martínez Catena).

Manuela Carmena
La actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena era la propietaria del despacho situado en el número 55 de la calle Atocha de Madrid. Su compañero Luis Javier Benavides (una de las víctimas mortales) le pidió un intercambio de despacho para una reunión. Horas antes del atentado, Manuela y Francisco Javier Sauquillo habían coincidido y se despidieron sin prever lo que horas después ocurrió.
“Empezamos a oír sirenas y pensamos que había sucedido algo en la pensión que había debajo del despacho, les llamamos por teléfono y al no cogerlo nos extrañamos. Fuimos a ver qué pasaba y ya en la calle el dueño de un bar nos advirtió 'iros todos, acaban de matar a vuestros compañeros y vienen a por todos vosotros", recuerda Manuela Carmena en una información publicada en www.cadenaser.com
Manuela Carmena considera que con la detención de los asesinos se hizo justicia a medias, ya que coincide con Francisca Sauquillo en que “nunca se llegó a destapar quién ordenó el crimen” e incluso afirma que "en el proceso judicial se cometieron varias irregularidades que llevaron por ejemplo a la huida de uno de los asesinos".


Sobre la trágica historia de aquel 24 de enero de 1977 se han publicado varios libros e incluso fue llevada al cine en el año 1979. El film, titulado '7 días de enero' (dirigida por Juan Antonio Bardem) refleja la semana tan convulsa que se vivió en Madrid hace ya cuarenta años.